Salud

Esta maestra se infectó con COVID-19. No tuvo síntomas pero luego sufrió una inflamación grave del corazón

Donald Bravo se despertó sobresaltado temprano una mañana, la semana antes de Navidad. Había escuchado lo que parecía una piedra arrojada contra la ventana.

Cuando se levantó a ver qué había pasado encontró a su esposa, que se había quedado dormida en el sofá de la sala y se había caído al suelo sin apenas respirar. Desesperadamente, buscó un teléfono celular para llamar al 911 y luego comenzó la reanimación cardiopulmonar (CPR).

Su esposa, por lo demás saludable, Brettlynn Wolff, había dado positivo al COVID-19 dos días antes. Wolff dice que ella y su hijo mayor decidieron hacerse la prueba casi por capricho porque la prueba era gratuita, cercana y rápida. También querían estar seguros ya que ella trabajaba en una escuela.

Aunque la maestra de 39 años no había experimentado ninguno de los síntomas típicos del coronavirus, los médicos descubrirían más tarde que su infección con COVID-19 le había provocado miocarditis, una inflamación grave del corazón.

Cuando su esposo la encontró, Wolff estaba en problemas. “Podía escuchar desde el dormitorio que tenía dificultad para respirar”, dice Bravo, un agente de bienes raíces.

De alguna manera, las clases de resucitación cardiopulmonar que había tomado cuando trabajaba con niños autistas y como oficial de seguridad en obras de construcción, volvieron a su memoria.

“No soy un especialista capacitado, pero hice lo mejor que pude. Todo lo que podía pensar era hacerle compresiones en el pecho y darle un poco de aire, pero su mandíbula seguía trabada”, dice Bravo.

Durante unos 10 minutos, que Bravo describió como “los 10 minutos más largos de mi vida”, continuó con las compresiones, hasta que los servicios de emergencia llegaron a la casa de la pareja en Cutler Bay y se hicieron cargo.

Los paramédicos escucharon los latidos rápidos de la taquicardia que pueden indicar un ataque al corazón o un derrame cerebral, y administraron un choque terapéutico para intentar restablecer el ritmo cardíaco normal.

Mientras Bravo se quedó con los hijos de la pareja, Drew de 11 años y Grayson de 3, Wolff, que no tenía antecedentes de problemas cardíacos, fue trasladada de urgencia a Jackson South Medical Center.

Aunque Brettlynn Wolff, maestra de 39 años, no había experimentado ninguno de los síntomas típicos del coronavirus, los médicos descubrirían más tarde que su infección con COVID-19 le había provocado miocarditis, una inflamación grave del corazón.
Aunque Brettlynn Wolff, maestra de 39 años, no había experimentado ninguno de los síntomas típicos del coronavirus, los médicos descubrirían más tarde que su infección con COVID-19 le había provocado miocarditis, una inflamación grave del corazón. Cortesía/Bravo Family

Odisea de cinco semanas

Era el 18 de diciembre. Así comenzó una odisea médica de cinco semanas que los médicos pensaron en varios momentos que podría acabar con su vida.

“El héroe número uno de esta historia es Donald”, dice el Dr. Andrew Pastewski, director médico de la UCI en Jackson South. “Dio CPR de forma adecuada hasta que llegó el servicio de emergencia”.

Comenta que a menudo, el CPR iniciado por la familia no se hace correctamente. “Muchas personas no se dan cuenta de que necesitan presionar fuertemente. Necesitan presionar el esternón unas dos pulgadas“.

Seis minutos sin el oxígeno adecuado puede causar daño cerebral permanente o incluso la muerte, explica.

Para cuando Wolff llegó al hospital, ella estaba “haciendo unos movimientos”, una flexión involuntaria de manos y pies que puede indicar daño neurológico, dice Pastewski.

Tan pronto llegó, los médicos la conectaron a un ventilador y comenzaron el protocolo de hipotermia, bajando la temperatura de su cuerpo a 80 grados para evitar daños mayores en las células cerebrales. La temperatura reducida también disminuye la hinchazón del cerebro y el daño potencial de las células que se presionan y se matan entre sí.

En este punto, los médicos no sabían que el coronavirus podría estar afectando su corazón. Pero al día siguiente, cuando hicieron una radiografía del tórax, los médicos notaron una apariencia irregular en lugar del exceso de líquido que se observa con el edema pulmonar, dice Pastewski.

“Eso nos hizo pensar que había un compromiso del corazón, en lugar de una pulmonía, que es la norma en los pacientes con COVID”, dice.

Cuando el equipo de cardiología, dirigido por el Dr. Juan Zambrano, hizo un ecocardiograma, encontraron que el corazón de Wolff funcionaba solo al 10 por ciento en lugar de exprimir sangre al 60 por ciento que es lo normal.

“No funcionaba todo el corazón, en lugar lo hacía solo una porción”, explica Pastewski. El diagnóstico: el COVID-19 había causado miocarditis completa o global severa.

Para ayudar al corazón a bombear, Zambrano, director de medicina cardiovascular de Jackson South, insertó dos pequeñas bombas cardíacas Impella a través de las arterias de cada una de las piernas de Wolff. La bomba Impella generalmente se coloca en el ventrículo izquierdo, la principal cámara de bombeo del corazón.

“El Dr. Zambrano nunca había hecho dos”, dice Pastewski. “Las dos bombas se hicieron cargo del trabajo del corazón para que éste pudiera descansar y recuperarse”. Para realizar la cirugía, los médicos necesitaban sacar a Wolff de la hipotermia por un corto tiempo.

Si bien tenían la esperanza de que las micro bombas ayudarían, Wolff enfrentó otros problemas. “Estaba en estado de shock severo”, explica Pastewski. “Necesitaba tres medicamentos para mantener su presión arterial en el rango normal”.

Los médicos preocupados de que no pudiera sobrevivir

El segundo día “las cosas se veían realmente mal” y Pastewski recordó haber pensado que “este iba a ser otro caso de COVID que no terminaría bien”.

Ha visto muchos de esos casos desde que comenzó la pandemia. “Hasta la fecha hemos perdido 200 pacientes en este hospital”, dijo sombríamente a fines de enero.

Al tercer día, el pronóstico de Wolff fue tan malo, que sus médicos le presentaron la situación de que debería ser considerada para un trasplante de corazón y conectarse a una máquina de ECMO, que extrae la sangre del cuerpo, la oxigena y la vuelve a colocar.

Wolff fue aprobada tanto para ECMO, como para ser candidata para un trasplante de corazón, pero Pastewski decidió que deberían esperar unos días y ver cómo le iba.

Pastewski dice que cuando fue el cuarto día a la habitación de Wolff, vio que sus niveles de oxigenación habían mejorado dramáticamente y que el ventilador podía hacer el trabajo. Wolff no necesitó el costoso tratamiento con ECMO.

Otro signo alentador: solo necesitaba dos, en lugar de tres medicamentos para la presión arterial. Pastewski relata que Wolff también parecía estar haciendo “movimientos intencionados”, una indicación de que tal vez no sufriera daño cerebral como temían.

Entonces surgió otra complicación. Los riñones estaban dejando de funcionar y tuvo que someterse a diálisis.

Aun así, durante los siguientes días, Wolff tuvo pequeñas mejorías. Bravo relata que el Dr. Zambrano lo llamó por teléfono en Nochebuena con el primer informe de noticias positivas.

“Dijo que le habían quitado las bombas y que su corazón estaba funcionando por sí solo”, comenta Bravo.

Y las noticias seguían mejorando. Bravo, quien perdió a su madre el año pasado a causa del COVID-19, dice que la evolución del caso de su esposa fue muy diferente al de su madre.

“Ella y mi padre condujeron hasta el Mercy Hospital y ella nunca salió de ese hospital. Con el caso de mi mamá, todo estaba mal”, dice. “Con Brett, fue todo un milagro”.

Importancia de las bombas del corazón

Cuando se retiraron las bombas Impella, un ecocardiograma mostró que su corazón funcionaba aproximadamente a un 25 por ciento. “Fue una mejora rápida y muy alentadora”, dice Pastewski.

“Sin esas bombas, no hubiera sido una buena historia”, comenta. Si el corazón de Wolff hubiera permanecido al 10 por ciento de su capacidad, “habría seguido intentándolo hasta morir”. Menciona que, afortunadamente, Zambrona pudo poner las bombas lo suficientemente rápido.

El 28 de diciembre, Wolff dejó el ventilador y pudo hablar con su esposo y su hermana a través de FaceTime.

“Aún estaba desorientada. Realmente no podía procesar “, relata Wolff. “Lo primero que dije cuando desperté fue: ‘¿Dónde están los regalos? Necesito envolver los regalos para Navidad“.

La Navidad había pasado mientras ella se debatía entre la vida y la muerte, pero su familia y el personal del hospital estaban dispuestos a conformarse con un obsequio tardío al ella despertar.

‘Los médicos fueron maravillosos’

“Hubo muchas lágrimas”, dice Pastewski. “Cuando Brettlynn estaba despierta y hablaba con su familia, fue sencillamente increíble. Ella es mi caso milagroso”.

“Lo que tocó la fibra sensible en mí fue la similitud con mi propia familia”, menciona. “Mi esposa tiene aproximadamente la misma edad y yo también tengo dos hijos pequeños. No dejaba de decirle a Donald: ‘La llevaré a casa’”.

“Realmente quiero agradecer a los médicos, los bomberos, a todo el equipo de la unidad de cuidado intensivo, a las enfermeras. La trataron como si fuera una de los suyos”, comenta Bravo.

“Los médicos fueron asombrosos, no solo en su conocimiento, sino en su forma interpersonal”, dice Wolff. “Fueron muy dedicados y comprometidos con nuestra familia”.

La miocarditis relacionada con el COVID es una complicación poco común, dice Pastewski. Dice que, hasta el caso de Wolff, nunca había visto a un paciente sobrevivir con dicha condición.

Pero tiene la esperanza de que los procedimientos iniciados en Jackson puedan salvar a otros pacientes de COVID con complicaciones de miocarditis.

Wolff pasó otros cuatro días en la unidad de cuidado intensivo antes de ser enviada a una habitación en piso. Wolff comenta que, a medida que pasaban los días en su cama de hospital, su mayor preocupación era que “Ya no podría caminar”.

Alrededor del día 30 ingresó a un centro de rehabilitación donde recibía tres horas de terapia física y ocupacional al día.

El 26 de enero se fue a la casa con un andador, que ahora apenas necesita. Ya no requiere diálisis. Su función cardíaca es nuevamente normal.

Sin embargo, ella está luchando con una nueva complicación relacionada con el COVID.

La semana anterior a su regreso a casa, se despertó con la visión nublada. Las pruebas mostraron líquido en una capa del ojo que los médicos dijeron podría haber sido causado por los esteroides que estaba tomando o por su presión arterial baja, explica Wolff.

Le explicaron que esperaban que drenara en un período de cuatro a seis semanas. Y que de lo contrario, no podían hacer nada para mejorar su visión.

Las imágenes muestran que el líquido está disminuyendo y ella dice que su visión está mejorando. “Esa es otra bendición”, comenta Wolff.

Debido a la pandemia, a Bravo solo se le permitió ver a su esposa una vez durante las más de cinco semanas que estuvo en tratamiento.

Efectos en los niños

A él le correspondía ser el Sr. Mamá, menciona su esposa, y lidiar con el trauma del hijo menor de la pareja que entró en la sala cuando Bravo le daba CPR a su esposa.

“Me dijo: ‘Estabas durmiendo en el suelo y luego estabas muerta, y luego llegó la policía’”, relata Wolff. Mientras ella estaba en el hospital, el niño estaba muy enojado, pero su padre le prestó mucha atención y finalmente se recuperó.

Cuando la familia vino a buscar a Wolff al centro de rehabilitación para ir a casa, “me tocó la mejilla y me dijo: ‘Mami, estás mejor’”, comenta.

Bravo dice que todavía revive la noche en que casi pierde a su esposa en sus sueños. “Cuando escucho las ambulancias o las sirenas de la policía, creo que vienen a nuestra casa”, agregó.

Wolff dice que algunos de sus estudiantes en Campbell Drive K-8 Center, donde da clases para superdotados, han preguntado cuándo regresará a la escuela. No cree que sea este año.

“Mentalmente estoy un poco confusa y todavía estoy débil”, dice Wolff, quien reanudó la fisioterapia en una instalación cercana la semana después de su llegada a casa.

Pero admite que después de su terrible experiencia, tiene miedo de volver al aula. Wolff cree que contrajo el virus en la escuela. “No hemos ido a ningún lado, no hemos hecho nada desde la pandemia, así que tengo que pensar que fue en la escuela”, dice.

“Los maestros, cuyas vidas no deberían ser arrebatadas, están muriendo. Al final del día, yo era una persona sana, pero no sabes cómo reaccionará tu cuerpo al virus”, expresa, “así que estoy asustada, asustada, asustada. Todo son incógnitas”.

Pastewski dice que espera que, con el tiempo, Wolff se recupere al 100%.

Se ha creado una página de GoFundMe para ayudar a Brettlynn Wolff en https://www.gofundme.com/f/brettlyns-recovery

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