Uno fue prematuro. La mamá de otro tenía COVID. Cómo dos enfermeras los cuidaron
El bebé nació antes de la pandemia, pero una estadía prolongada la llevó a estar en el hospital cuando el COVID-19 comenzó con fuerza. Otro nació de una madre que había contraído COVID.
Si bien se sabe que los bebés tienen un bajo riesgo de contraer COVID-19, las enfermeras que cuidaron a los recién nacidos navegaron por las incógnitas de la pandemia en su etapa inicial mientras disipaban las preocupaciones de las familias y se relacionaban con sus pacientes más vulnerables.
Lori Livingston, que nació en julio de 2019 con solo 24 semanas, tuvo que luchar por su vida durante 261 días, más de ocho meses, en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) de South Miami Hospital, y salió del hospital en la primavera de 2020 cuando la pandemia recién estaba comenzando.
“Ella fue la paciente con más larga estadía [en la UCIN] desde que trabajo en esta unidad”, dice Michelle Bernardo, la enfermera que atendió a Lori. “Y encima, ella era mi [bebé] principal, así que eso significaba que cada vez que vengo a trabajar, la cuidaba. Lo hacemos de esta manera para asegurarnos de que nuestros bebés tengan enfermeras que realmente los conozcan”, agregó Bernardo.
Bernardo, de 30 años y residente de Fort Lauderdale, ha estado trabajando en la UCIN durante ocho años y explica que es raro que South Miami Hospital tenga casos en los que el bebé permanezca en el hospital durante ocho meses.
“La sentía como mi bebé”, dice.
Debido a que Lori nació a las 24 semanas -el embarazo normal es de alrededor de 40 semanas-, tuvo varios problemas médicos, ya que sus órganos no estaban completamente formados.
“En el caso de Lori, acabó con displasia broncopulmonar [donde los pulmones de un bebé no se desarrollan correctamente]. Estuvo entubada durante mucho, mucho tiempo, por lo que la máquina estaba haciendo el trabajo por ella”, dice Bernardo. “Finalmente, requirió una traqueotomía, lo que en la UCIN de South Miami es poco común”, agregó.
Una traqueotomía implica insertar un tubo en la tráquea de una persona para que pueda respirar.
A medida que la pandemia avanzaba, los médicos y el personal del hospital decidieron que Lori necesitaba irse a casa lo antes posible, a pesar de que todavía tenía muchos problemas médicos.
“Yo estaba aterrorizada, su mamá estaba aterrorizada, pero ambas sabíamos que había que llevarla a casa. Está increíblemente bien ahora, lo cual es una especie de milagro. Tomando todo lo que psó en cuenta, no está tan atrasada. Es asombrosa. Es una pequeña luchadora”, relata Bernardo.
A Bernardo le resultó difícil despedirse cuando Lori finalmente dejó la UCIN.
“No voy a mentir, al principio la extrañé muchísimo. Cuando estuvo aquí, esa era mi niña. Extrañaba darle sus baños diarios y sus días de spa. Trabajamos duro pero nos divertimos mucho juntas”, comenta Bernardo.
La madre de Lori, Shakeema Smiley, da crédito al cuidado de Bernardo por ayudar a su hija a salir adelante.
“Lori fue muy afortunada de tener a Michelle como su enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN). La diligencia y dedicación de Michelle salvaron la vida de Lori. Aprecio y agradezco mucho a la enfermera Michelle por ayudarme a comprender este proceso, mientras ayudaba a mi hija a superar algunos desafíos médicos muy difíciles. La enfermera Michelle siempre será parte de mi familia”.
Dar a luz con COVID-19
Mónica Verde tenía 34 semanas de embarazo cuando comenzó a sentirse con fiebre, escalofríos y dolores en el cuerpo. Después de hablar con su médico, fue ingresada en Baptist Hospital, donde los médicos encontraron líquido en sus pulmones y baja oxigenación.
Era marzo de 2020, por lo que la pandemia era aún nueva para el mundo médico.
“Monica fue la primera mamá que vimos con COVID. Recibimos la llamada el sábado por la mañana y todos sentíamos que estábamos caminando sobre alfileres”, dice Anabel Arcila, la enfermera de la UCIN encargada de cuidar a la que pronto sería Giana Marie Verde.
“Cuando escuchas que la mamá y la bebé están siendo afectadas, todo el mundo entra en pánico”, agregó Arcila.
Giana, quien nació a las 34 semanas, no tenía el virus que, según Arcila, es típico de los bebés que nacen de madres contagiadas con COVID-19.
Antes de recibir la llamada, Arcila, de 44 años, quien ha sido enfermera durante 22 y enfermera de la UCIN 18 de ellos, dice que el personal había sido alertado de que una de sus pacientes embarazadas había contraído la enfermedad.
“Pero nunca imaginé que nacería conmigo”, dice. “Cuando te informan que la mamá no está bien, es horrible, no sabes qué hacer, es como si se te cerrar el estómago. Honestamente, entré en pánico, a pesar de que tengo toda esta experiencia, todavía me dio mucho miedo”, agregó.
Debido a que Verde tenía COVID, no pudo sostener a su bebé cuando nació. Arcila se hizo cargo de Giana Marie durante una semana y se aseguró de que Verde se mantuviera informada.
“Cuando tienes un bebé, lo primero que quieres hacer es contar los dedos de sus manos y pies y asegurarte de que todo esté bien, y no poder hacerlo es muy difícil”, relata Verde entre lágrimas. “Todavía me emociono”, agregó.
Arcila, que también es madre, podía sentir empatía con Verde, por lo que tomó fotos de la bebé, las imprimió y se las dio.
“Todavía las tengo hoy. Me acostaba con ellas y abrazaba esas fotos hasta que Giana Marie se fue [de la UCIN]”, dice.
Después de dar a luz, la propia Verde tuvo que recuperarse del virus.
“Todos, incluidos los pacientes, las enfermeras y los médicos, todos estaban en un nivel de estrés alto, pero todos me cuidaron de la mejor manera posible”, dice Verde. “Creo que las rápidas decisiones de los médicos y enfermeras terminaron por salvarnos la vida a ambas”.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2021, 6:00 p. m. with the headline "Uno fue prematuro. La mamá de otro tenía COVID. Cómo dos enfermeras los cuidaron."