Nuevas alternativas para los aneurismas
Ocurrió dos días después de Navidad, Chelsea Gatcliffe, pediatra de la Universidad de Miami de 27 años, sin problemas médicos estaba teniendo un día raro y decidió ir al gimnasio.
Estaba caminando en la estera cuando de repente tuvo el peor dolor de cabeza de su vida y sintió que se mareaba. Se desmayó sin darse cuenta. Afortunadamente el gimnasio queda en el edificio donde vive en Brickell, así que de alguna manera Gatcliffe logró arrastrarse a su apartamento. Allí, se le intensificó el dolor de cabeza y empezó a vomitar.
Gatcliffe llamó a su hermano, un cirujano del Baptist Hospital que fue inmediatamente para su casa con sus padres. No perdieron tiempo y la llevaron al Baptist Hospital, en el camino el hermano llamó al hospital para asegurarse que hubiera un neurocirujano listo para recibirla. Eso es lo último que recuerda Gatcliffe. Al día siguiente la llevaron a la unidad de cuidados intensivos entubada y entonces fue que se enteró que tenía un aneurisma.
Los aneurismas son un abultamiento o dilatación en la pared de una arteria, principalmente en el corazón o en el cerebro. La condición es rara, con una incidencia anual de 2 a 16 casos de cada 100,000 personas. Los aneurismas son potencialmente mortales porque la mayoría de las personas no se enteran de que lo tienen hasta que se rompen. Cuando sucede en el cerebro, provoca un dolor de cabeza muy fuerte y seguidamente la persona pierde la conciencia o cae en coma.
Si no se trata rápidamente puede ser fatal. Algunos aneurismas no se descubren hasta el momento de la autopsia. Según los estudios, la incidencia de muertes por esta condición es del 1 al 9 por ciento.
Los aneurismas son un tipo de lesión cerebral anormal que involucra las arterias, los vasos sanguíneos o el sistema circulatorio. Existe también otro tipo que se llama Malformación Arteriovenosa Cerebral (AVM, por sus siglas en inglés), que también es extremadamente rara y que afecta a 1 de cada 100,000 personas al año lo que representa alrededor de 3,000 casos anuales. La AVM es esencialmente una maraña de arterias y venas en el cerebro que queda aislada de los capilares y, por lo tanto, del oxígeno. Al igual que los aneurismas, las personas pueden vivir con malformaciones arteriovenosas durante años sin tener ni ningún síntoma y de repente tener una ruptura que, dependiendo de la edad, puede ser fatal. Las malformaciones arteriovenosas también suelen detectarse en las autopsias.
Hasta hace poco había muy pocas opciones de tratamiento para ambas condiciones. Una vez que se detectaba a través de imágenes (MRI, Scans) la opción era cortar el área afectada del cerebro y extirpar (un procedimiento muy peligroso e invasivo). Ahora existen tratamientos menos invasivos y muy efectivos. Algunos son tan novedosos que solo se hacen en países muy desarrollados como Estados Unidos.
“Hemos hecho grandes avances en el tratamiento de los aneurismas en los últimos 15 años”, dijo el Dr. Italo Linfante, director médico de Neuroradiología intervencionista y de Neurocirugía endovascular del Miami Cardiac Vascular Institute y del Baptist Neuroscience Institute. “En lugar de abrir el cráneo para buscar la lesión ahora la reparamos desde dentro”.
Para los aneurismas hay dos tratamientos nuevos.
Cuando el aneurisma tiene menos de dos centímetros, el cirujano inserta un tubo plástico dentro de una arteria en la ingle que llega hasta dentro del aneurisma. Una vez en el lugar, empuja un rollo de alambre que interrumpe el flujo de sangre para que ésta se coagule. Ese coágulo es el que esencialmente cierra el aneurisma.
El segundo procedimiento involucra lo que se llama un desviador de flujo y se utiliza para los aneurismas más grandes. Se coloca un tubo de malla de acero (stent en inglés) dentro de la arteria en la base del aneurisma. La idea es desviar el flujo sanguíneo hacia un vaso sanguíneo, disminuyendo de esa manera el flujo de sangre lo cual ayuda a que el vaso sanguíneo se regenere y se restablezca la circulación.
En los últimos tres años los médicos del Baptist Health Neuroscience Center han realizado más de 50 procedimientos de este tipo. “Los resultados son maravillosos”, comenta Linfante. “En la gran mayoría de los casos hemos logrado cerrar el aneurisma muy rápido”.
Linfante aplicó este método en el caso de Gatcliffe. Estando en ICU y 24 horas antes de la operación se le suministro anticoagulantes lo que ayuda a la efectividad del tratamiento. Ya Gatcliffe ha regresado a una vida normal y a su trabajo. Los aneurismas pueden tener una causa genética así que, de manera preventiva, sus hermanos se hicieron las pruebas correspondientes para asegurarse de no haber heredado la afección. “Me dijeron que lo más probable es que haya nacido con ella y que creció con el tiempo. Tuve la suerte de estar en ese momento en el lugar adecuado”, comentó.
Otra paciente que también tuvo suerte y compartió esos momentos con Gatfliffe fue Saira Anwer, una muchacha de 25 años, presentadora de televisión de NBC en North Dakota que tampoco tenía problemas médicos. En enero había salido de excursión a esquiar con unos amigos cuando el auto donde viajaba resbaló y se viró. Como se cortó la cabeza la llevaron al hospital y le hicieron una tomografía y una resonancia magnética del cerebro.
Al principio los doctores pensaron que había sangre en el cerebro pero al final lo descartaron y la dejaron ir. Al día siguiente la llamaron con una noticia que jamás esperó. Un neurólogo le dijo que tenía un AVM.
“Me dijo que era una condición rara y que menos del 1 por ciento de la población lo tenía, y que gracias al accidente del auto lo habían detectado”, comentó Anwer. “Me dijo que había que extraerlo”.
En ese momento no entendió mucho de qué se trataba y empezó a buscar en el Internet. Habló con su tía, que es enfermera del Memorial Healthcare System en Hollywood, y fue ella quien la convenció de que volara a Hollywood para que se atendiera ahí.
El Memorial Hospital ha tenido mucho éxito en el tratamiento de malformaciones arteriovenosas y atiende 25 casos al año. Anwer llegó al hospital a principios de agosto donde la atendió el Dr. Hoang Duong D., director de Neurorradiología del hospital.
“Llevo 20 años realizando AVM y cada caso es muy diferente”, explica Duong. “Los hay de muchos tamaños y se localizan en diferentes lugares. No se puede generalizar sobre las malformaciones arteriovenosas”.
Anwer se sometió a una embolización durante la cual se inserta un catéter con un tinte a través de la ingle hacia la arteria carótida en el cuello. Esto permite que los médicos vean un mapa de las arterias, venas y vasos sanguíneos del cerebro. Después se le inyectó pegamento al AVM a través del catéter para cortar la circulación.
A veces cuando la AVM es chica, de menos de 2.5 centímetros, eso es todo lo que se necesita, sin embargo en el caso de Anwer, como era más grande tuvimos que someterla a una cirugía.
Al día siguiente el cirujano operó y extrajo la AVM que estaba localizada en el lóbulo temporal derecho. La operación, que duró 6 horas y media, fue un éxito total. “Sabíamos que ella era una candidata perfecta”, comentó Duong. “Se recuperó perfectamente. Tuvo mucha suerte que lo atajó a tiempo y que es muy joven aún”.
En casos en que la AVM se encuentre en un área del cerebro que se considera primaria motora, no se puede realizar una cirugía. En esos casos hay que aplicar radiación y usar un bisturí de rayos Gamma (Gamma Knife, en inglés) para destruir la lesión.
Anwer ya está recuperándose en casa de su tía y agradeciéndole a su estrella de la buena suerte por haberla colocado en ese auto y en ese accidente, por raro que parezca.
“Uno no espera que la vida te depare una cirugía en el cerebro”, dice Anwer. “Tuve suerte de salir de eso tan temprano”.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de agosto de 2015, 10:35 a. m. with the headline "Nuevas alternativas para los aneurismas."