Niños con piojos, un alerta a nuestra comunidad
No imaginaba que esto fuera verdad hasta que el asunto de los piojos me tocó de cerca. No se trata de que yo hable de sexo. ¡No y no! Se trata de otra historia que tiene que ver con la hija de una muy buena amiga que vive en el extranjero y quien llegó a Miami como estudiante extranjera a una residencia de estudiantes en la playa. Mi amiga, una madre preocupada, me la encargó por si alguna cosa sucediera.
“No va a pasar nada –me dijo–, pero prefiero la tranquilidad de saber que estás cerca para solucionar cualquier eventualidad, que te repito, no sucederá”.
Lo que menos nos imaginamos es que “sí” iba a suceder algo, y que ese algo se saliera de lo común. La joven me llama desesperada porque estaba con una comezón en la cabeza que no la dejaba dormir y pensé que se trataría de una alergia a las almohadas del dormitorio estudiantil, o a la ropa de cama, o a las toallas que le proporcionaron, o quizá pudiera ser por algo que había comido y que le hizo daño.
La dermatóloga Flor Mayoral la revisó y de inmediato emitió su diagnóstico: “Piojos. Tiene piojos”.
La noticia nos golpeó como un balde de agua en la cara.
“¿Qué hacer?”, preguntó la niña. “Este es un líquido –dijo la doctora mientras le extendía una receta– que se pone en la cabeza, lo dejas toda la noche y después lo vuelves a aplicar en una semana”.
La madre y yo quedamos noqueadas con la noticia. Alguien más que había sufrido el problema con sus hijos me dio el consejo: “Llévala a que le revisen bien la cabeza y verás que así sacan las liendras, que son las larvas del piojo que quedan en el cabello. Si no haces esto, a pesar de la medicina, los piojos vuelven”.
El salón de belleza con un simpático nombre: “Lice Troopers”, es decir, “Los exterminadores de piojos” estaba repleto de gente. Madres de familia con niños y niños con cabellos de todos los largos que hacen que se rompan tabúes dice Alicia Montiel, una experta en el tema.
“Esto no tiene que ver con ricos o pobres, le sucede a cualquiera. No es de gente sucia, sino por el contrario, de gente limpia también. Al piojo lo que más le gusta es el olor a sangre del cuero cabelludo con la que se alimenta, y esa la puede oler más cuando el cráneo está limpio. Si ellos no sienten el olor a la sangre no quieren pegarse al cabello”.
Me comienza a dar comezón solo de escucharlo. Me dice que es normal, pero que no me preocupe. “Los piojos ni brincan ni saltan. Ellos solo caminan y solo pueden pasarse cuando hay un contacto cabeza con cabeza. Por lo general, si los niños tienen piojos los padres también tendrán piojos”.
“Quizá el mayor problema –afirma el experto Ari Harel– es el silencio. Uno de cada cuatro niños de la escuela elemental tiene piojos, algo que le transmitió otra persona que seguramente no dijo a nadie que los tenía. Y esta es la época”.
En el caso de la joven de la que hablo, apenas salimos del salón donde le trataron la cabeza con crema y bicarbonato de sodio, el próximo paso fue desechar ropa de cama y hasta el cepillo que tuvo contacto con ella. Alguien que calló la penosa condición fue quien propició que le pasara también a ella.
De inmediato me vino la reflexión. En un mundo en donde se habla de todo, comenzando con el sexo, aún hay cosas que dan más vergüenza: los piojos.•
mariaantonietacollins@yahoo.com
@CollinsOficial
Para solicitar ayuda, el Departamento de Salud del Condado de Miami-Dade tiene un Programa de Salud Escolar y una Guía para la prevención y el tratamiento de los piojos. Comprehensive School Health Program (Programa Integral de Salud Escolar) (305) 995-1235; Nacional Pediculosis Association (Asociación Nacional contra la Pediculosis) www.headlice.org; y Center for Disease Control (Centro de Control de Enfermedades) www.cdc.gov. También existen salones privados como el mencionado en esta columna que pueden ayudar a los padres, licetroopers.com/ o 1-800-403-5423.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de agosto de 2015, 6:00 p. m. with the headline "Niños con piojos, un alerta a nuestra comunidad."