Crónicas de Plasma Rico en Plaquetas. Parte I
Hace más de 10 años, alrededor de 2004 y en pleno apogeo de mi práctica de manejo del dolor, me sentía frustrado porque el único medicamento aprobado para controlar el dolor, en los bloqueos en la columna, rodilla, hombro, cadera, tendones, en general, era la cortisona.
Curiosamente, la cortisona fue utilizada una de las primeras veces en Estados Unidos a principios de los años 1950, en un niño que padecía de carencia de cortisol. Esta carencia es consecuencia de la enfermedad de Addison. Años más tarde, este niño se convirtió en presidente y su nombre era John F. Kennedy.
La cortisona causa una serie de efectos secundarios, tales como aumento en la concentración del azúcar en sangre (terrible en diabéticos), elevación de la presión, retención de líquido en las piernas, pérdida de calcio de los huesos (osteoporosis), pérdida de la masa y la fuerza muscular, insomnio, depresión, cambios de coloración en la piel y aparición de moretones.
Mi frustración estaba basada en que, por los últimos 60 años y desde que John F. Kennedy era niño, no había surgido ninguna medicina que sustituyera a la infame cortisona. Y en apariencia ninguno de los seguros, ni la mayoría de mis colegas, estaba interesado en encontrar un antiinflamatorio mejor y con menos efectos colaterales. En otras palabras, dejar todo como estaba parecía mejor, a pesar de todas las contradicciones.
Me di a la tarea de encontrar el “remedio mágico”. Por aquel entonces se empezaba a experimentar con “factores de crecimiento” y una sustancia derivada de plaquetas, el Plasma Rico en Plaquetas (PRP), que prometía disminuir la inflamación de los tejidos, la mayoría en el laboratorio y de forma primitiva. Mi labor era encontrar un equipo que sintetizara las plaquetas con máxima eficiencia en la práctica médica y no en el laboratorio.
Recuerdo que por aquel entonces las entradas en internet para encontrar algo sobre Plasma Rico en Plaquetas no llegaban a cinco resultados. Sin embargo, hoy por hoy, durante el tiempo que escribo este artículo los resultados son de 1,910,000.
De vuelta al año 2004 y en mi cruzada por encontrar un equipo que sintetizara las plaquetas me encontré en una conferencia y expo en San Diego. Mi añorado sueño se realizaba por puro azar.
Al final de la exposición y casi carente de visitantes había una carpa dedicada a un equipo de Plasma Rico en Plaquetas con su creador, Frank Stephenson. Por supuesto, la ausencia de público en la carpa se debía al desconocimiento en el 2004 de esta modalidad de tratamiento.
Y así fue el encuentro. Stephenson trataba de promover su invención y yo buscaba el “Santo Grial”. Hablamos por más de dos horas del potencial del PRP para curar pacientes y, desde entonces, surgió una amistad que ha trascendido a la medicina. Aun 10 años después nos reímos de aquel afortunado encuentro cada vez que nos vemos. Frank y su equipo de PRP se convertirían años más tarde en una de las principales compañías de PRP. En la actualidad, el equipo se encuentra en la tercera generación.
Una semana después, me encontraba haciendo la primera técnica de PRP, con el primer equipo de primera generación de Frank. En la Parte II de este artículo hablaré de cómo evolucionó el PRP a través de los años y nuestra experiencia.•
Ramón Castellanos, MD, es especialista en Regeneración Celular con Células Madre, Stem Cell Miami. Profesor Asistente de la División de Cirugía de la escuela de medicina FIU. Para más información o saber si es candidato a un tratamiento con PRP o células madre escriba a stemdoc305@gmail.com o info@stemcellmia.com o llame al (305) 598-7777.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2015, 7:36 a. m. with the headline "Crónicas de Plasma Rico en Plaquetas. Parte I."