Salud

Y un coro de ángeles cantó al Señor


Era un coro formado con miembros de las parroquias de toda la diócesis.
Era un coro formado con miembros de las parroquias de toda la diócesis.

La figura de dos sacerdotes, monseñores, pero a diario sacerdotes de su grey, se recortó en el paisaje del aeropuerto José Martí de La Habana apenas el Pastor Uno que nos llevó a Cuba tocó tierra. Entre la Conferencia de Obispos de Cuba que esperaba al Papa Francisco estaban monseñor Emilio Aranguren, obispo de Holguín y monseñor José Félix Pérez.

Los busco para abrazarlos y les hablo de algo trivial entre la pesada agenda, que estamos esperando muchos: ¿Cuál de las ciudades tocará la mejor música en la misa? ¿Será La Habana? ¿Acaso Holguín? ¿O El Cobre?

“Espere a ver lo que tenemos preparado en Holguín. Espere a estar allí. Será algo que no han escuchado nunca”, pronosticaba don Emilio. Debo confesar que pensé en el enorme reto que eso significaría para la diócesis oriental, toda vez que en La Habana, la orquesta Sinfónica de Cuba, los mejores músicos del país, los mejores profesores de la Escuela Nacional de Música, en tres meses habían creado una misa especial.

Llegamos a la Plaza de la Revolución, en la capital del país donde la música hizo vibrar corazones. Era un diluvio musical que emocionaba con los ritmos cubanos: bolero y son rivalizaban con la música sacra que quedaba relegada para cualquier otro momento.

Al terminar la misa, en un momento de calma, confieso haberme dicho: “¿Qué pueden hacer en Holguín para superar la grandiosidad de esta misa? Probablemente monseñor Aranguren se llenó del famoso orgullo holguinero y no imaginó las dimensiones reales de lo que la crema y la nata musical de toda Cuba preparó aquí para sorpresa de los asistentes”. Me equivoqué.

Porque, tan pronto como al día siguiente, apenas llegamos a la explanada en Holguín donde se celebraría la misa, un inmenso coro de 250 personas saludaba a todos con el calor de la música a ritmo de son, danza y contradanza. Eran interpretaciones magistrales.

“Desde lejos la vi bailar en la tribuna de la prensa”, me dijo monseñor José Félix Pérez. Lo mismo me dijo Orlando Segura, portavoz de la arquidiócesis de La Habana. ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo abstraerse ante aquellas voces que contagiaban de gozo con solo escucharlos? Imposible. Eran como ángeles.

Don Emilio Aranguren se había quedado corto con su pronóstico. ¡Holguín había ganado! La piel se enchinaba ante aquellas decenas de gargantas.

“Es un coro formado con miembros de las parroquias de toda la diócesis que venían dos veces por semana desde sus lugares de origen a ensayar. Así lo hicieron durante dos meses, me dicen orgullosos los coristas holguineros”.

No solo soy yo. Volteo a mi derecha y a mi izquierda en la tribuna de la prensa, muy cercana al altar, y veo lo mismo: periodistas de todas las nacionalidades se mecían involuntariamente en su sitio al son de esa música medio angelical, medio terrenal y digna de un premio. Dice una colega: “Deberían vender los Cd’s para guardarla de recuerdo”.

Pregunto por todas partes y la respuesta es la misma: “El chauvinismo de nosotros los holguineros, un pueblo orgulloso de la tierra donde nacimos, que nos hace decir que aquí está lo mejor de Cuba, tiene ahora otro motivo de orgullo: el coro que preparamos para el Papa”.

No resto mérito a los demás, pero debo darle las gracias a monseñor Aranguren por habernos acercado al cielo –al menos un par de horas– en la misa que nos hizo elevar los corazones con su magistral música para el Papa Francisco. Los ángeles estuvieron en Holguín, don Emilio, sin duda alguna, y allí cantaron.• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de septiembre de 2015, 8:30 a. m. with the headline "Y un coro de ángeles cantó al Señor."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA