Facebook: ¿una necesidad desesperada de ser reconocido?
No me he vuelto loquita para hacer semejante pregunta. No. Resulta que la cuestión me ha atormentado luego de leer lo que la gente pone en Facebook o en Twitter cuando alguien fallece. Más claro, los cursis mensajes que los vivos escriben a los que se mueren, ¡algo que estos jamás podrán leer! Abro bien los ojos al leer lo siguiente:
“Fulanita, fuiste tan buena, eras un ángel que siempre me acompañó. Algún día volveremos a encontrarnos en el más allá y podremos volver a disfrutar el tiempo tan corto que nos tocó en la tierra”.
El asunto es que la pareja en cuestión, donde quien murió fue la mujer, a la que el hombre en las redes llama “ángel”, se la pasaban peleando porque él le era infiel, y lo que menos imaginó nadie fue que este tuviera agallas para escribirle semejante apología.
“Pero eso no es nada –me dice una anónima contribuyente a esta columna–. Hay padres que no se hablaban con sus hijos durante años, y luego, cuando que se muere alguno de los dos, el que sobrevive se dedica a escribirle cosas en el Facebook donde todos los que lo siguen pueden leer algo tan íntimo, y decir: “Ay, pobre, como está sufriendo”.
“Está bien –sigue explicando la fuente–. ¿Te acorrala el remordimiento porque el destino te jugó una mala pasada y no tuviste tiempo de despedirte de una persona a la que querías y con la que a lo mejor no te llevabas del todo bien? Pues entonces haz las cosas como eran antes, cuando no había redes sociales y uno actuaba para sí mismo. No para buscar la conmiseración de los demás”.
Pienso que tiene razón. En vez de escribir mensajes que no sirven de nada en el más allá, sino únicamente ganar simpatías “en el más acá”, lo mejor podría ser ir al cementerio donde se encuentra la persona y hablarle a solas frente a su tumba.
Otra opción podría ser platicarlo con nuestros seres más cercanos o con los que estaban cerca de quien murió. Porque, de otra forma, ¿cuál es el caso de hacer esos mensajes ridículos, cursis, para una persona que a todas luces nunca, nunca va a poder leerlos porque ya se ha muerto?
No entiendo esas cursilerías que aún tienen un matiz peor: cuando otros comienzan a darles likes y a repetirlas o retwittearlas.
Es un acto de quedar bien socialmente, pero que no habla de ningún arrepentimiento, ni mucho menos enseña un sentimiento de compasión.
Pienso en lo que decía el Papa Francisco en su gira por Estados Unidos hace unas semanas: “Pensar en un like o vivir pendientes de las redes sociales solo muestra una inmensa soledad y sobre todo una necesidad desesperada de ser reconocidos”.
Pero ser reconocidos a costillas de escribirle algo a un muerto que no supo lo que otros sentían por ellos, es otra cosa. Laura mi amiga, me escucha en un silencio inusual. La veo cabizbaja y encuentro rápidamente la razón.
“Es que yo soy una de esas personas que les escribe a los muertos en Facebook. Mira, lo peor es que la familia de los difuntos les mantiene vivas las páginas en las redes sociales, y entonces, una… ¿Qué va a hacer? ¡Pues escribirles! Y ¿qué cosas les pones? Pues esas que cuentas en esta columna. Que los queremos ver de nuevo, aunque de antemano sabemos que eso no va a suceder nunca”.
Le digo que por lo menos hasta ahora eso no ha sucedido. Moraleja: en vida, diga a los que tiene cerca, cuánto los quiere; porque después, seguramente que no se van a enterar porque no podrán entrar en las redes sociales. Y eso sí que es para morirse de tristeza.•
mariaantonietacollins @yahoo.com
@CollinsOficial
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de octubre de 2015, 1:00 a. m. with the headline "Facebook: ¿una necesidad desesperada de ser reconocido?."