Salud

Comida saludable y hacer ejercicios: la mejor defensa


La Dr. Bresta Miranda, endocrinóloga de la Universidad de Miami explica los problemas de los niños diagnosticados con diabetes Tipo 2 y cómo los padres pueden ayudarlos con la condición.
La Dr. Bresta Miranda, endocrinóloga de la Universidad de Miami explica los problemas de los niños diagnosticados con diabetes Tipo 2 y cómo los padres pueden ayudarlos con la condición. MIAMI HERALD

Una de las cosas más importantes que puede hacer un pediatra o un médico de familia por sus pacientes jóvenes es educarlos, a ellos y a sus familias, sobre la diabetes Tipo 2, dice la endocrinóloga Bresta Miranda.

Es una enfermedad que usualmente afectaba a personas de 60 años o más pero que ahora se presenta en niños de hasta diez.

Más de 5,000 jóvenes en Estados Unidos son diagnosticados anualmente con diabetes Tipo 2, de acuerdo con datos recogidos del 2008 al 2009 como parte del estudio SEARCH for Diabetes in Youth. Ese número está por encima de los datos del 2002 al 2005 cuando había 3,600 casos nuevos cada año, según ha informado The New York Times.

Esta es una preocupación de salud importante porque el Tipo 2 no controlado, como toda diabetes, puede tener serias consecuencias a largo plazo, incluyendo amputaciones, daño a los nervios, fallo renal, ceguera y enfermedades del corazón.

“El problema es que estamos viendo una generación de personas que van a desarrollar las complicaciones que ahora asociamos con las personas de edad avanzada, mucho más temprano en la vida”, dice el Dr. José E. Pérez-Rodríguez, endocrinólogo pediátrico del Baptist Children’s Hospital. “No vamos a tener que esperar hasta los 70 años para ver un fallo de riñón, daño a los nervios o problemas de visión. Es muy diferente cuando usted comienza a tener niveles altos de azúcar en la sangre a los diez años de edad en lugar de a los 40”.

Para entender la diabetes debe saber que el cuerpo depende del páncreas para producir insulina. Esta hormona es necesaria para la conversión de azúcar en energía, explica Miranda, médico y directora interina de Kosow DRI Diabetes Treatment Center del Instituto de Investigación sobre Diabetes de la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami.

Tanto la diabetes Tipo 1 como la Tipo 2 resultan cuando el cuerpo ya no produce suficiente insulina para regular el azúcar en la sangre.

En la diabetes Tipo 1, el páncreas está comprometido por lo que no puede producir suficiente insulina. Aquellos que sufren de diabetes Tipo 2 tienen páncreas funcionales que producen insulina. Sin embargo, las células utilizan la insulina de forma ineficiente.

Esta resistencia a la insulina significa que aunque ellos pueden tener niveles altos, los niveles de azúcar se mantienen descontrolados, explica la Dra. Sarah Hart-Unger, endocrinóloga pediátrica del Hospital de Niños Joe DiMaggio en Hollywood.

Luego de un tiempo, el páncreas no puede producir esta cantidad de insulina, el azúcar en la sangre aumenta a sobre 180 mg/dcl y se considera que el paciente tiene diabetes Tipo 2.

A corto plazo, puede no saber que su hijo padece de diabetes. Para saberlo tiene que hacerse una prueba de sangre A1C que es diagnosticada por un médico de familia o un pediatra. Ésta mide el nivel promedio de azúcar en la sangre por los pasados dos a tres meses.

Los síntomas tempranos que los padres pueden reconocer incluyen sed y aumento de las veces que el niño orina. Esto es un resultado de la necesidad del cuerpo de eliminar el exceso de azúcar de la sangre. Normalmente, el hígado filtra el exceso de glucosa. Pero cuando hay demasiada azúcar en la sangre, el cuerpo la diluye con agua y la filtra a través de los riñones, teniendo como resultado estos síntomas.

También puede haber un engrosamiento marrón de la piel en el cuello del niño. La llamada acantosis pigmentaria es un resultado de altos niveles de insulina; no de altos niveles de glucosa. Nadie entiende realmente por qué se desarrolla pero son una señal bastante confiable del problema.

Según la enfermedad progresa sin ser diagnosticada, un niño puede enfermarse de forma aguda, puede tener vómitos, dolor abdominal, debilidad, fatiga, visión borrosa y respiración rápida. Hart-Unger recomienda que, de ocurrir estos síntomas, lleve a su niño de inmediato a la sala de emergencia.

Hay múltiples factores que pueden poner a su hijo a mayor riesgo de desarrollar diabetes Tipo 2.

Las madres con diabetes gestacional tienen más probabilidad de tener niños que desarrollen la enfermedad que madres con niveles normales de azúcar en la sangre. Los bebés que son prematuros o tienen poco peso al nacer tienden a desarrollar diabetes Tipo 2 cerca de la pubertad.

Los indios americanos, los afroamericanos y los hispanos son más propensos a la enfermedad que aquellos descendientes de otras etnias, dice Pérez-Rodríguez.

Aunque usted no tiene control sobre estos factores genéticos, hay cambios que puede realizar para disminuir el riesgo de que su hijo desarrolle la enfermedad.

Uno de los más importantes es que lleve una dieta balanceada, con porciones moderadas que lo mantenga en un peso saludable. Esto es importante porque la obesidad puede desencadenar la disposición genética del niño para desarrollar diabetes, dice Pérez-Rodríguez.

Una dieta saludable se trata de utilizar alimentos completos en vez de procesados y consumir solo la cantidad de calorías que el cuerpo necesita quemar para obtener energía. Las calorías pueden ser fáciles de controlar si existe un horario para las comidas y las meriendas.

Cuando se trata de seleccionar los alimentos piense en frutas, vegetales, carnes magras, granos enteros, productos lácteos sin grasa, aves y pescado. Los médicos también recomiendan evitar las bebidas azucaradas como jugos de fruta, bebidas deportivas, ponches y refrescos que son altos en azúcar y bajos en fibra.

La actividad física es también importante para defenderse de la diabetes Tipo 2 ya que la actividad física ayuda al cuerpo a utilizar la insulina de forma más eficiente.

“La actividad puede ser más importante que el control del peso”, dice Pérez-Rodríguez. Si usted tiene dos niños que pesan lo mismo pero uno juega balompié y el otro video juegos, el más activo tiene menos riesgo de desarrollar diabetes Tipo 2 que el más inactivo, explica.

Así que si su hijo es diagnosticado con diabetes Tipo 2 o tiene altos niveles de azúcar en la sangre que no han alcanzado niveles diabéticos, puede ayudarlo a combatir la enfermedad observando la dieta de su hijo e insistiendo en que él o ella pase menos tiempo frente al televisor y más tiempo corriendo bicicleta o jugando en el parque.

“Estas modificaciones del estilo de vida, la dieta balanceada y equilibrada y al menos 150 minutos de ejercicio a la semana, son nuestras principales líneas de defensa contra la enfermedad y sus complicaciones”, dice Miranda.

El médico recomienda

Al tener dos hijos pequeños, la Dra. Sarah Hart-Unger, endocrinóloga pediátrica en el Hospital de Niños Joe DiMaggio en Hollywood, ha tenido que decidir qué es mejor para ellos cuando se trata de prevenir la diabetes Tipo 2.

Ha acudido a la nutricionista y terapeuta familiar Ellyn Satter y a su libro ‘How to Get Your Kid to Eat: But Not Too Much’ (Bull Publishing, 1987). “Suscribo muchas de sus recomendaciones”, dice Hart-Unger. Usted puede conocer más visitando http://www.ellynsatterinstitute.org/

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2014, 4:31 p. m. with the headline "Comida saludable y hacer ejercicios: la mejor defensa."

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