Salud

Crónicas de plasma rico en plaquetas. Parte II

Retomo el tema del plasma rico en plaquetas (PRP): una semana después de haber encontrado uno de los primeros equipos me encontraba haciendo el tratamiento en un grupo de pacientes desesperados por el dolor. Ni los pacientes ni sus médicos primarios conocían de la técnica alrededor del 2004. Pero hablemos un poco del PRP; históricamente es conocido que la función de las plaquetas es ayudar a formar un coágulo en las heridas. Sin embargo, su función va más allá de esta contribución. Una vez que las plaquetas se activan, o sea, cuando se da la voz de alarma y ellas se empiezan a “pegar” unas a las otras, cambian de forma y de una forma aplatanada cambian a una forma esférica. Aquí es donde empieza el milagro que era desconocido en la medicina hace dos décadas. Las plaquetas esféricas, es decir, las activadas, empiezan a segregar los llamados “factores de crecimiento” . De los muchos factores que segregan las plaquetas siete son los necesarios para bajar la inflamación. Entre ellos: lograr la aparición de nuevos microvasos capilares por donde llevar oxígeno y nutrientes a un tejido que está muriendo; además de eso, sacan los productos tóxicos de desecho; sustentan las nuevas células y tejidos; y evitan la continua aparición de sustancias tóxicas tanto para las células sanas como para las enfermas.

¿Qué más podría pedir? No solo esta sustancia era extraordinaria, sino que era ciento por ciento natural, de su propio organismo, no de una planta o un animal u otra persona.

Desde el 2004, utilizamos el PRP con factores de crecimiento para curar la inflamación y sustituir la cortisona con rotundo éxito. Nuestros estudios y estadísticas muestran que es 75 veces más potente que la cortisona; sin que se presenten efectos colaterales (de los cuales hablamos en el primer artículo de las crónicas), pero que podemos refrescar; entre otros, la elevación del azúcar en sangre; la elevación de la presión; la retención de líquido en las piernas; la pérdida de calcio de los huesos (osteoporosis); la pérdida de masa y fuerza muscular, y otros.

Pero el éxito logrado en los más de dos mil pacientes tratados con factores de crecimiento procedente de plaquetas no llegó, como todos los éxitos, sin dificultades. Si regreso a lo sucedido en el 2004, mis primeros casos fueron difíciles, a diferencia del tratamiento de cortisona; en el caso del PRP, hay una demora de 3 semanas para ver los efectos en el control del dolor o la inflamación. Como yo era uno de los pioneros en su utilización y no existía entonces referencia de su uso (solo las experimentales), nadie me dijo cómo actuaba. De manera que, después de 2 semanas esperando por la mejoría de mis pacientes, empecé a pensar que el método no valía la pena y que era una pérdida de tiempo. Para mi sorpresa, después de 3 semanas, el grupo de pacientes me empezó a llamar. Estaban sorprendidos de la mejoría en su dolor, algo nunca visto antes. Esto me dio aliento y aprendí, por experiencia propia, que este método funciona muy diferente a la aplicación de una medicina. En el último artículo hablaré de cómo ha evolucionado el PRP hasta la actualidad.

Ramón Castellanos, MD, es especialista en Regeneración Celular con Células Madre, Stem Cell Miami. Profesor Asistente de la División de Cirugía de la escuela de medicina FIU. Para más información o saber si es candidato a un tratamiento con PRP o células madre escriba a stemdoc305@gmail.com o info@stemcellmia.com o llame al (305) 598-7777.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2015, 0:32 p. m. with the headline "Crónicas de plasma rico en plaquetas. Parte II."

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