¡La santa Wikipedia!, mi primer milagro
En esta columna les he contado, durante siete años, todas las aventuras y desventuras que he vivido. Hace años les hablaba de “San Google” y lo que me sucedía, cada vez que tenía algún pretendiente, y como, de inmediato al “googelearme” los candidatos a pretendiente de esta blanca mano, huían al ver entonces, mi imagen regordeta.
No les gustaban las gorditas y no me daban oportunidad de mostrarles cuán simpática y buena gente puedo ser. Nada, que “San Google” acababa con mis esperanzas amorosas. No me pasó una vez sino ¡un montón! La última vez era un candidato idóneo que, al ver mi edad plasmada en la internet, salió corriendo, sin darse cuenta de que ya quisieran muchos tener estos más de 60 años que cargo con tanto orgullo.
En fin, les cuento todo esto, porque me llegó una historia escrita en una escuela de Broward por una niña de origen hispano. Se llama Camila Vélez-Loris y tiene 10 años. Mrs. Cuervo, Profesora de español en la escuela Indian Trace Elementary en Weston, había dado a sus alumnos la tarea de buscar a un hispano que hubiera contribuido a la comunidad hispana en Estados Unidos para hacer una composición sobre esa persona.
Lo que me emociona ¡es que la niñita decidió que yo era ese sujeto sobre el cual escribiría! Al ver ese trabajo, debo confesar que hasta lloré.
Camila comienza diciendo que soy “su persona hispana”, porque he escrito libros, soy reportera, soy una periodista mexicana, que he viajado con varios Papas y que le llevé empanadas al Papa Francisco. Ah, además de dar correctamente el dato de que, por más de 30 años he cubierto las noticias del Vaticano. Quedé con la boca abierta.
Condensó correctamente pasajes de mi vida: que estudio piano clásico e incluyó hasta las cirugías estéticas que me he hecho, ¡madre mía!, no hay nada oculto bajo este sol. De pronto, me di cuenta de que, al final, como toda una profesional, incluye las fuentes que utilizó para hacer su trabajo, basado en hechos verídicos, y añade su fuente: Wikipedia.
“¡Ay mi madre!”, me dije, “qué cosa más grande”. De primera intención me preocupé por los hechos tan complicados de la vida de esta reportera, para que una niña de solo 10 años compilara y condensara. Contacté a su mamá para saber.
“No influí de ninguna manera en la decisión de ella de escribir sobre ti. Hizo todo sin ninguna ayuda mía. Tu nombre salió espontáneo en ella”.
Quedé más emocionada aún; sobre todo, porque escribir nombres tan complicados como el de mi ciudad natal –Coatzacoalcos, en Veracruz, México– son difíciles de escribir para muchos adultos aquí. Pero no para Camila Vélez.
Al final, mientras leía cómo ella me describía, también pude notar que el disgusto que siempre me había dado el hecho de que mi vida entera estuviera en la internet causándome la desbandada de pretendientes, por primera vez me daba una gran satisfacción: permitir que una niña de una escuela pudiera escribir un ensayo sobre mi vida sobre la base a esa información.
Me sentí reivindicada y entonces comprendí, más que nunca, que los que huyeron porque vieron mi edad, o mi complexión física, en realidad… no valían la pena. Así que, Camila, la que te tiene que agradecer, y mucho, soy yo. Gracias por ser una alumna estudiosa que no deja nada al azar y que busca sus fuentes. Doy por seguro que serás reportera.
PS: Camila tuvo una “A” por su trabajo, ¡gracias a Santa Wikipedia!
mariaantonietacollins@yahoo.com
@CollinsOficial
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de mayo de 2016, 3:13 a. m. with the headline "¡La santa Wikipedia!, mi primer milagro."