Salud

Envejecer sin renunciar a la independencia

Margaret Land (izq.) y Barbara Hellman en la tienda Ruth Kisman Thrift Shop, de East Ridge Retirement Community en Cutler Bay.
Margaret Land (izq.) y Barbara Hellman en la tienda Ruth Kisman Thrift Shop, de East Ridge Retirement Community en Cutler Bay. Miami Herald

Cuando pregunté a los otros tres integrantes de mi grupo de caminata, todos los cuales rondan los 75 años o más, si tenían alguna inquietud con respecto a los arreglos para vivir en el futuro, cada uno dijo que no tenía ninguna. Aunque, como yo, viven en hogares particulares de varios pisos, sin elevadores y, en dos casos, sin baños en cada piso.

Mi hijo en Los Ángeles me preguntó hace poco qué haría yo si ya no pudiera vivir en mi casa, y le respondí con sorna: “Me voy a vivir contigo”. Las ventajas: Estaría rodeada por una familia cariñosa que me apoye, y el clima cálido es beneficioso para alguien como yo que se vuelve cada vez más intolerante al frío con cada año que pasa. Las desventajas: Perdería una comunidad familiar y una diversidad de amigos, y su casa, a diferencia de la mía, está en una empinada colina sin tiendas cerca; y, si no pudiera manejar ya, tendrían que llevarme a todas partes.

Creo que lo peor sería renunciar a mi independencia y al increíble número de “tesoros” que he acumulado durante el último medio siglo. La basura sería fácil, pero deshacerse de las obras de arte y recuerdos sería como destrozarme el corazón.

Sospecho que la mayoría de la gente se siente reacia a pensar en cambiar el lugar y la forma en que viven siempre que les esté yendo bien por el momento. Lisa Selin Davis informa en la revista AARP que “casi 90 por ciento de los estadounidenses de 65 años en adelante planea quedarse en su hogar conforme va envejeciendo”. Sin embargo, para muchos, el diseño de sus hogares y comunidades no es apropiado para adultos mayores que carecen de la movilidad, agilidad y rapidez de los jóvenes.

Para aquellos que desean envejecer sin moverse de su casa, las autoras de 70 velitas: mujeres que florecen en su octava década, Jane Giddan y Ellen Cole, enumeran atributos que se necesitan con frecuencia en casa como la ausencia de escaleras, amplias puertas para darle cabida a una andadera o silla de ruedas, pisos resistentes a resbalones, perillas de palanca, iluminación por control remoto, duchas amplias, verjas, rampas y elevadores. Agréguese a esto un sistema de ayuda las 24 horas, teléfono móvil, cámaras de vigilancia y localizadores de GPS que permitan a los familiares supervisar el bienestar de sus ancianos.

En muchas comunidades, organizaciones voluntarias ayudan a residentes mayores a permanecer en sus hogares y llevar vidas más cómodas y satisfactorias.

Si bien muchos adultos jóvenes optan por vivir y criar a sus hijos en los suburbios, cada vez más retirados con nidos vacíos se están mudando al centro de las ciudades, donde pueden tener acceso al transporte público, ir de compras a pie para las compras esenciales, y reunirse con los amigos sin depender de terceros.

Una de las razones por las cuales mis amigos y yo estamos reacios a considerar la salida de nuestra comunidad en Brooklyn es nuestra capacidad para caminar a supermercados, bancos, food co-ops (puntos de distribución de alimentos organizados como cooperativa), ferreterías, templos e instalaciones recreativas, e ir prácticamente a todas partes en la ciudad a bajo costo y, por lo regular, transportación pública en verdad eficiente. No hace falta conducir.

Nosotros también nos regodeamos en los placeres de caminatas casi diarias en un hermoso parque urbano, fijándonos en los detalles de la encantadora vista: la luna, el amanecer, los planetas visibles, las nuevas plantaciones y la vida silvestre.

A lo largo de Estados Unidos, las comunidades están siendo modernizadas para dar cabida al tsunami de adultos mayores que, se prevé, se avecina conforme envejece la generación de los baby boomers. Cambios como alterar las señales de tránsito y cruces en calles para darles más tiempo a los peatones de cruzar mejoran la seguridad de las personas cuya movilidad está comprometida. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, ha creado Aging Improvement Districts (para mejorar la calidad de vida de personas de la tercera edad), hasta ahora en el este de Harlem, el Upper West Side y Bedford-Stuyvesant, para ayudar a la personas mayores “a vivir tan independientes y comprometidos con la ciudad como sea posible”, escribieron Giddan y Cole. En el oriente de Harlem, por ejemplo, los comerciantes han colocado señales fáciles de leer y suministrado sillas plegables para adultos mayores que deseen descansar antes y después de sus compras.

En Filadelfia, una organización sin fines de lucro, Friends in the City, se hace llamar una “comunidad sin muros”, diseñada para acercar más a los integrantes de la ciudad entre sí y que estos tengan mayor acceso a los recursos de esta. Y las personas de la tercera edad tienen mayor variedad de programas que se adaptan a múltiples intereses culturales y recreativos.

También está en evolución el concepto de compartir hogares: varias personas mayores que no necesariamente se conocían se unen para comprar una casa para vivir y comparten responsabilidades de compras, cocina, limpieza y reparaciones del hogar. Por ejemplo, las organizaciones Compartamos Vivienda, en Oregón, y Comparte Casa Ahora, en Vermont, tienen servicios en línea que conectan a la gente con necesidades similares, informan Giddan y Cole. Del mismo modo hay un servicio de citas en línea –Roommates4Boomers.com– para mujeres a partir de los 50 años que buscan compañeros compatibles para vivir.

Por supuesto, sigue habiendo muchos adultos mayores, viudas y viudos en particular, quienes por razones financieras o personales se mudan con la familia de un hijo adulto, a veces en un apartamento anexo o piso separado. Las familias anfitrionas pudieran ganar a alguien que se ocupe de los niños, en tanto que los niños desarrollan una relación más íntima con la abuela o el abuelo.

Para aquellos con mayor solvencia, no escasean las comunidades de retiro con fines de lucro que ayudan a personas mayores a mantener su independencia suministrándoles servicios de apoyo y una diversidad de comodidades y actividades. Algunas tienen extensas instalaciones recreativas y para ejercitarse, así como clubes del libro y de manualidades, grupos de discusión y oportunidades de voluntariado. Algunos llevan a los residentes al teatro y los museos, así como a viajar a atracciones cercanas.

Confieso que las comunidades de retiro que albergan solo a adultos mayores no son mi estilo. No puedo imaginar la vida en un sitio donde yo no vea e interactúe con los niños a diario. Nada me anima tanto como la sonrisa o el comentario de un niño. Supongo que soy como mi padre, quien solía bromear con cada niño que pasaba cerca de él. Pero me doy cuenta de que, del mismo modo que algunas personas no son amantes de los perros, no todos gozan de la compañía de un niño.

Para gente mayor con probabilidades de requerir ayuda para las actividades de la vida cotidiana, hay muchas instalaciones de vida asistida en las que los residentes pueden recibir más o menos ayuda, incluyendo ayuda con medicamentos, alimentación y traslación, de acuerdo con sus cambiantes necesidades.

Además, si alguna vez tuviera que abandonar mi hogar, Giddan y Cole destacan que hay una nueva y creciente comitiva de organizadores profesionales y gerentes de mudanza para “ayudar a la gente a poner en orden pertenencias acumuladas, distribuir y dispersar lo que no se necesitará en el nuevo ambiente, así como ayuda para empacar, mudarse y después, desempacar, amén de preparar el nuevo hogar”.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de junio de 2016, 1:16 a. m. with the headline "Envejecer sin renunciar a la independencia."

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