¿Somos muy rápidos en etiquetar a un niño con ADD o ADHD?
Zak Cason muestra las señales clásicas de ADHD: tiene problema para concentrarse en la escuela, tiene calificaciones bajas y a menudo interrumpe en el salón de clases con sus cavilaciones, hasta sale del salón de clase si está aburrido y se pone a vagar por los pasillos.
Luego de varios años de esto, Cason, antiguo residente de Sunrise cuya familia se relocalizó en Maryland, fue diagnosticado finalmente en 2005 con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD por sus siglas en inglés), por una trabajadora social escolar. Tenía siete años.
Cason fue entonces referido a un psiquiatra que se dedicó a buscar un medicamento para aliviar los síntomas. Cason pasó por ocho drogas diferentes, incluyendo la primera línea de defensa tradicional, Ritalin, luego Adderall y otros medicamentos más nuevos.
La historia de Cason no es inusual. Lo que una vez se etiquetaba como ADHD y ahora se le llama sencillamente Trastorno por déficit de atención (ADD, por sus siglas en inglés), afecta hasta un 15 por ciento de la población de 17 años o menos en algunos estados. De hecho, desde el 2011, aproximadamente 11 por ciento de los niños de cuatro a 17 años de edad, más de uno de cada diez, había tenido un diagnostico de ADHD, de acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).
De acuerdo con el CDC, al igual que el autismo, el ADHD afecta más a varones que a niñas, a razón de dos a uno.
La discapacidad, al momento conocida por varios nombres, comenzó a atraer gran atención a finales de 1960. Para ese momento, los niños que presentaban hiperactividad junto a otros síntomas eran etiquetados con ADHD mientras aquellos sin hiperactividad se conocían simplemente como niños con ADD.
Para finales de 1990, según escaló la condición, se habían realizado investigaciones importantes sobre ADD, no solo en Estados Unidos sino a través del mundo. Fue entonces cuando comenzaron a surgir preguntas sobre si la prevalencia de ADD estaba aumentando drásticamente o sencillamente había más consciencia sobre el trastorno y especialistas disponibles para tratarlo.
“La pregunta se mantenía: ¿estamos sobre diagnosticando el ADD?”, dice el Dr. Carlos Gadia, director asociado de Joe DiMaggio Children’s Hospital en Hollywood. “Parece que estamos manejando ambas cosas, el sobre diagnóstico y el no diagnóstico”.
En áreas metropolitanas grandes, donde abundan los psiquiatras especialistas en niños, aparenta haber una tendencia a sobre diagnosticar el ADD, explica Gadia, mientras que en áreas rurales pequeñas que carecen de especialistas y del seguro médico necesario para los pacientes obtener tratamiento, puede ser poco diagnosticado.
“En áreas de bajo nivel socioeconómico, particularmente en áreas hispanas, hay mucha mayor tolerancia para ‘niños con mal comportamiento’ más que, ‘Este es un niño con ADD’”, dice Gadia. “Hay una tendencia a decir, ‘Este niño lo que necesita es disciplina’ cuando puede que ese no sea el caso”.
De hecho, las tasas de ADD varían grandemente de estado en estado. La tasa nacional es de nueve por ciento. La tasa en Florida es 11 por ciento, en California es seis por ciento. Un grupo de estados del sur y medio oeste tiene una enorme tasa de 15 por ciento, que tiene desconcertado a los médicos. “Esto indica que hay un sobre diagnóstico en algunas áreas”, dice Gadia. “Lo mismo ocurre con el autismo”.
También hay un sesgo de género asociado con la enfermedad, señala Gadia. Mientras que una niña que se sienta a soñar despierta en clase puede pasar desapercibida, un niño que tenga el mismo comportamiento puede ser etiquetado con ADD.
Por supuesto, solo presentar algunos síntomas de ADD no amerita necesariamente un diagnóstico. La enfermedad tiene también que afectar el funcionamiento de un niño.
Históricamente, el diagnóstico de ADD se hace cerca de los seis años de edad, aunque algunos niños son diagnosticados tan temprano como a los tres, cuatro o cinco años. Se recomienda que, para niños más jóvenes, la terapia conductual sea la primera línea de tratamiento.
La experiencia de Allison Chlimper fue algo diferente de otros niños. Por un lado, la residente de North Miami Beach no fue diagnosticada hasta los 10 años. Y sus síntomas no eran típicos de ADD, tenía una incontrolable necesidad de reírse y no filtraba sus palabras.
“Literalmente no podía parar de reír”, dice Chlimper, actualmente de 30 años.
En adición, la comprensión de lectura de Chlimper era pobre, aunque, inexplicablemente, sobresalió en matemática. También experimentaba mayores niveles de energía, razón por la cual los medicamentos para el ADD, como Ritalin y Adderall, a menudo son objeto de abuso por estudiantes de escuela secundaria y universitarios.
Los padres de Chlimper notaron sus síntomas rápidamente y la llevaron a un psicólogo para evaluación. Se le prescribió Ritalin, el medicamento que se solía recetar en esa época. Luego, a Chlimper se le administraron drogas más orientadas a los adolescentes mayores, tales como medicamentos de liberación prolongada.
Eventualmente, Chlimper se mantuvo tomando Adderall, medicamento que toman muchos adultos, hasta que quedó embarazada. Ahora, madre de dos, incluyendo un niño lactante, dejó de tomarla una vez que comenzó a lactar. “Superé lo de la risa, gracias a Dios”, dice. “Pero aún tengo falta de concentración. No tengo filtro. Digo cualquier cosa que se me ocurre”.
Chlimper, quien trabaja en el campo médico desde el hogar, espera no regresar a la medicación luego de que termine de lactar a su hijo. No le gustan los efectos secundarios, incluyendo la depresión, aunque su esposo preferiría que se mantuviera en ellos porque pueden tener discusiones lúcidas. “Elimina las emociones”, comenta. “Te sientes plana todo el tiempo.”
Chlimper es una del 25 por ciento de pacientes con ADD que continúan tomando medicamentos al llegar a adultos, dice Gadia. Como adultos, aquellas personas con ADD pueden presentar a menudo comportamiento impulsivo, verse involucrados en accidentes automovilísticos y no poder sostener relaciones adultas. Décadas después de entrar al mercado, Ritalin sigue siendo la droga de preferencia para el ADD, aunque no es efectiva en un 25 por ciento de los pacientes.
Aunque las drogas siguen siendo el tratamiento preferido, recientemente los médicos cuentan con estudios que muestran que, las alergias a colorantes de alimentos pueden tener un rol en el ADD. Los investigadores también han estudiado cómo la genética influye en el ADHD, y siguen buscando vínculos entre el ADD y la exposición al plomo, lesiones cerebrales, uso de alcohol y tabaco durante el embarazo, parto prematuro y peso bajo al nacer.
Señales y síntomas
Es normal que los niños tengan una que otra vez problemas concentrándose y de comportamiento. Sin embargo, los niños con ADHD no superan estos comportamientos. Los síntomas continúan y pueden causar dificultad en la escuela, el hogar o con las amistades.
Un niño con ADHD puede:
▪ Soñar mucho despierto
▪ Olvidar o perder mucho las cosas
▪ Retorcerse o inquietarse
▪ Hablar demasiado
▪ Cometer errores por descuido o tomar riesgos innecesarios
▪ Se le hace difícil resistir la tentación
▪ Se le dificulta esperar su turno
▪ Tiene dificultad llevándose bien con los demás
Fuente: Centros para el Control y Prevención de Enfermedades
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de julio de 2016, 0:30 p. m. with the headline "¿Somos muy rápidos en etiquetar a un niño con ADD o ADHD?."