El estrés forma parte de la vida de niños y jóvenes
Para estudiantes sobresalientes de escuela secundaria, el estrés académico tiene su propio hashtag o etiqueta.
Es #IBProbs. IB es la abreviatura de bachillerato internacional, un riguroso curso de estudio que se ofrece en algunas escuelas secundarias y que es reconocido mundialmente. Probs es abreviatura para problemas. Busque la frase en las redes sociales y encontrará mensajes de estudiantes frenéticos: “Ya no me siento cansada, estoy cansada. Ya forma parte de mi”; “Estos próximos tres días serán la muerte para mí”.
Adultos: Si creen que están abrumados por todo el trabajo que la vida les presenta, trate de ser un niño en edad escolar... o un maestro.
De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología, los adolescentes informan durante el año escolar niveles mayores de estrés que los adultos. A los estudiantes más jóvenes tampoco les va bien. De hecho, pueden estar tan ansiosos como un paciente psiquiátrico común de la década de 1950, de acuerdo con un estudio del 2000.
No es difícil imaginarse por qué. Nunca ha sido tan fuerte entrar a la universidad o pagar por ella. Para los estudiantes de escuela elemental, el tiempo de receso y juego ha dado paso de manera constante a pruebas de alto riesgo y aumentado las exigencias académicas.
“¿Le estamos pidiendo a niños de cuatro, cinco y seis años hacer algo que no es natural para ellos? Para una amplia porción de niños en ese grupo de edad, sentarse quieto y prestar atención a temas aburridas es pedirles que hagan más de lo que pueden”, dice el Dr. Jeffrey Brosco, profesor de pediatría clínica de la Universidad de Miami.
¿Y los maestros? El sueldo mísero, la interferencia política y la disminución del respeto público conduce a que cada vez hay menos dispuestos a enfrentar el reto. En una encuesta de 2015, realizada por la Federación Americana de Maestros, 73 por ciento de los encuestados dijeron que a menudo se sienten estresados en el trabajo. Solo la mitad dijo sentirse entusiasmado.
El empuje de la universidad
Olivia Field tiene que decidir si cuando llegue a cuarto año de Coral Gables High deberá tomar otra clase avanzada de cálculo.
Interesada en escritura y política, la joven de 17 años de edad no espera tener un trabajo que le requiera conocer la inclinación de una curva. Pero todo a su alrededor, una presión inevitable e inexplicable, la hizo repensar la decisión de tomar una clase menos rigurosa.
Es el mismo tipo de presión que, junto al baile de graduación y la firma del anuario, la ha llevado a pensar que tendrá un colapso en algún momento del año escolar. Como estudiante del programa de bachillerato internacional, ha visto a muchos estudiantes pasar por ello.
“Es normal”, dice. “Hay este estrés que rodea el programa del que no puedes escapar, y esta intensidad que te persigue hasta que eres aceptada en una buena escuela”.
Entrar a una buena escuela a menudo significa cargarse con actividades extracurriculares. Field es editora en jefe de la revista de noticias de su escuela secundaria, presidenta del English Honors Society y vicepresidenta del National Honors Society. Está en el equipo de bádminton de la escuela, participa del modelo de Naciones Unidas y modelo del Congreso, y está tomando cursos a nivel universitario.
“Es gracioso. Si hiciera una lista de todo esto pensaría que soy una estudiante destacada”, comenta. “Pero entonces me reúno con mi consejera universitaria y ella prepara un listado de las cosas que se esperan de una estudiante como yo, y pienso, ‘¿Estaré haciendo lo suficiente?’”.
Las tasas de aceptación en las universidades elite han caído en números récords en los pasados años, desplazando incluso a los estudiantes más imponentes. Menos del cinco por ciento de los solicitantes fueron aceptados este año a Stanford University, y la tasa en Harvard no fue mucho más alta.
El afán por entrar en las mejores escuelas lleva a algunos estudiantes a cargarse con cursos en línea fuera del día regular de escuela para aumentar su promedio de calificaciones, dice Donna Bray, quien está a cargo de orientación profesional de Miami Dade School for Advanced Studies.
“Están manejando cargas y agendas que muchos de nosotros no hubiésemos podido llevar como adolescentes, y quizás no pudiéramos manejarlo ahora”, dice.
Shari Gayton, a cargo de consejería profesional de Coral Reef Senior, ha tenido que hablar para calmar a los estudiantes que cotejan obsesivamente los libros de calificaciones en línea y presionan a los maestros para que les permita volver a hacer una asignación con baja calificación.
“Ellos están estos días bajo una gran presión para el buen desempeño y, desafortunadamente, se vuelve una parte normal de ser adolescente”, dice Gayton.
Todo trabajo, nada de juego
Comenzó en escuela elemental. A través del país, los sistemas escolares se han desplazado a nuevas y más fuertes normas de aprendizaje, que requieren que los estudiantes de kindergarten aprendan a leer y los de tercer grado a trazar fracciones en una recta numérica.
Ha llegado una batería de exámenes con expectativas académicas mayores. Se usan para medir todo, desde si los estudiantes deben graduarse de escuela secundaria, a si los maestros pueden mantener sus trabajos o si las escuelas pueden mantener las puertas abiertas
“Usted tiene estudiantes de tercer grado que le dicen, ‘Estoy tan asustado. Tengo que salir bien’. Lo que es desafortunado”, dice Isabel Rodríguez-Duncan, trabajadora social clínica certificada y clínica del Centro para Niños y Familias en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés).
En la carrera por mantenerse, el porcentaje de niños de nueve años informando que se le asignan tareas está aumentando desde 1984, de acuerdo con los datos federales. Mientras que el tiempo de receso se ha disminuido desde 2002 en 20 por ciento de las escuelas, de acuerdo con un informe de 2008.
Un grupo de mamás de Miami Dade han lanzado una petición en línea para requerir más receso en la escuela, y se han unido a un movimiento estatal para que el tiempo de juego sea reglamentado.
“Francamente, nuestros niños han sido sometidos a más y más presiones académicas. Estos niños van a la escuela y en la primera semana de escuela ya tienen exámenes”, dice Kate Asturias, una de las madres locales que está cabildeando por más tiempo de juego.
Maestros bajo presión
Los maestros también se sienten presionados de tiempo. A menudo, cada minuto del día escolar se contabiliza en los programas que se les entrega por los superiores. En la encuesta de la Federación Americana de Maestros, casi la mitad dijo que la causa principal de estrés en el salón de clases era la presión de tiempo.
“No tenemos suficientes horas de instrucción en un día”, dijo al Herald en marzo, Karla Hernández-Mats, presidenta de United Teachers of Dade.
Al mismo tiempo, los legisladores de Florida han erosionado la antigüedad de los maestros implementando sistemas de evaluación basados en los resultados de las pruebas de los estudiantes. Todo por un promedio de sueldo menor de $52,000 en el condado de Miami-Dade, de acuerdo con cifras estatales.
Regina King, maestra de cuarto grado de Sunset Elementary ha sido entrenada en técnicas de conciencia plena (mindfulness), gracias a Mindful Kids Miami, una organización sin fines de lucro que trabaja en escuelas locales para ayudar a aliviar el estrés tanto de maestros como de estudiantes.
“Creo que esto ayuda al niño a ser un mejor ciudadano y una mejor persona”, dice King. “Les enseñamos a leer, matemáticas y ciencia, pero ¿le enseñamos a manejar el estrés?”
La conciencia plena es descrita a menudo como estar presente y alerta en el momento. Dorlisa Banbanaste, coordinadora del programa de Mindful Kids Miami, trata de evitar describirlo como meditación, pero aplican algunas de las mismas técnicas: medir la respiración, actitud de no juzgar y quietud.
Décadas de investigación han demostrado que la conciencia plena impacta las partes del cerebro que trabajan con la memoria, la función ejecutiva y la regulación de la conducta y las emociones.
“La conciencia plena realmente aumenta la resiliencia de maestros y estudiantes, lo que es muy importante tener en una vida con estrés”, dice Banbanaste.
Tener un poco de estrés es normal, dice Jeremy Pettit, Director del Programa Infantil de Ansiedad y Fobia del Centro para Niños y Familias en FIU. Lo importante es aprender formas saludables, como la conciencia plena, para manejarlo. Simplemente evitar situaciones estresantes no le hará bien al niño, dice.
“Algunas veces necesitamos salir de nuestra zona de comodidad”, comenta. “Eso no es necesariamente algo malo. Pero queremos asegurarnos de que mientras más exigimos, los niños tengan las destrezas apropiadas para manejar lo que le pedimos que hagan”.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de agosto de 2016 a las 5:31 p. m. con el titular "El estrés forma parte de la vida de niños y jóvenes."