Viajes

Córdoba y el encanto de sus pueblos

Vista al Río Guadalquivir. Al fondo la Mezquita-Catedral de Córdoba, actualmente conocida como la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora de forma eclesiástica o simplemente Mezquita de Córdoba o Catedral de Córdoba.
Vista al Río Guadalquivir. Al fondo la Mezquita-Catedral de Córdoba, actualmente conocida como la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora de forma eclesiástica o simplemente Mezquita de Córdoba o Catedral de Córdoba. Foto de cortesía

Me voy a Córdoba a hacer turismo, en la mejor época del año para conocer la ciudad andaluza, que se asienta a orillas del río Guadalquivir. Mayo es el mes de los festejos «mayores» cordobeses, porque se celebra la Fiesta de los Patios y la de las Cruces. Este año además, en abril, la Semana Santa ha desplegado su explosión de fervor católico por antonomasia. Mi instinto de corresponsal presiente emociones nuevas, y como una esponja, está atento a captar nuevos apegos. Mi colega Sully Fuentes me acompaña, decidida a dejarse seducir por estas tierras. Hay varios pueblos que merecen nuestra atención en este recorrido.

Córdoba es ese micro mundo rebozado por culturas diferentes que han marcado con una huella intercultural e indeleble esta geografía. Por sus calles vive el espíritu de los iberoromanos y no es cuestión de esoterismo, es la realidad tangible que cualquier turista puede sentir. Aquí no hay que llegar con conocimientos asimilados, simplemente hay que dejarse llevar para aprehender lo que nos cuenta una ciudad milenaria. En especial, estar atentos a lo que su gente, orgullosa de ese pasado, nos narra, hurgando en una historia plasmada en sus restos arqueológicos y en la tradición oral que te susurran al oído los que no se han marchado.

No estaremos solas, compartiremos rutas, hotel y conversaciones con un buen grupo de entusiastas. Somos más mujeres que hombres. Quizás somos más amigas de descubrir nuevos escenarios en compañía, y comentar lo que sentimos frente a una nueva vivencia. Cris, Isabel, Merche, Milagros, Pilar, Ángeles y Nati creamos un grupo de WhatsApp–solo un hombre, Jesús, se nos une– y nos henchimos del sabor y olor de esta Córdoba, que nos recibe con el aguacero de mayo.

Respiramos el aire a orillas del Guadalquivir, a lo lejos divisamos la majestuosa Sierra Morena, y nos disponemos a elegir el lugar ideal para saborear los platos típicos: salmorejo, berenjenas fritas con miel de caña y el rabo de toro. Nos alojamos en un hotel rural de Priego, la ciudad del agua, y nos marchamos pasando por Montoro, la bella escondida.

Baena

Antes de llegar a la tercera ciudad más poblada de Andalucía, Sully me seduce para que vayamos a conocer Baena que se encuentra casi a mitad de camino entre Granada y Córdoba. La ciudad es un enclave estratégico que serpentea entre las laderas de un cerro, formada por un conjunto urbano de calles sinuosas y estrechas, con viviendas tradicionales y casas señoriales. Aquí hay castillos y leones, tumbas íberas y exvotos, templos romanos, iglesias cristianas, caminos sin fin y cuevas misteriosas, y olivos, y poesía. Y las voces de personas que un día fueron y otras que ahora son. Entre las joyas del Museo Arqueológico destacan los leones íberos y la colección numismática íbera y romana, formada por más de 2,000 monedas.

Se lo recuerdo a los turistas para que vengan descansados, ligeros de equipaje y con cámaras listas para tomar vídeos. El sabor y el aroma, se lo dejamos a nuestra memoria límbica que jamás lo olvidará. Si algo distingue a Baena desde hace siglos es su Semana Santa. Los colores y los sonidos embriagan días y noches al ritmo de los tambores que indican la presencia de las procesiones. De tanto en tanto se detienen a escuchar una saeta, ese prodigio de entrega de un anónimo que expresa lo que siente a viva voz, en un lamento que se transforma en crónica de los hechos históricos que se recuerdan. Es apenas una pausa, pero con la solemnidad que no deja a nadie impasible. Sin embargo, la dualidad del momento hace que se mezcle todo con su particular carácter alegre, sociable y generoso. En los balcones, los espectadores, después de este duelo de silencios y repiqueteos de tambores y saetas, se preparan con pequeños banquetes a celebrar en familia este momento tan “suyo”. Es algo tan inusual que las palabras flaquean a la hora de describirlo.

Las cámaras tratan de recoger la mínima expresión de esta liturgia al aire libre. Además de las originales vestiduras y las máscaras que llevan casi todos los participantes, llaman la atención los estrambóticos cascos. De la parte trasera cuelgan crines de caballo, blancas o negras, que dan lugar a la distinción de este peculiar personaje el Judío Coliblanco o Judío Colinegro. La indumentaria puede superar el valor de los 1,000 euros. Tal es la relevancia de la distinción de los colores, que ha dado lugar a la existencia de Cofradías Blancas o de Cola Blanca y Cofradías Negras o de Cola Negra. No en vano ahora aspiran a que esta particular Semana Santa sea reconocida como bien de interés turístico internacional.

Lucena

La ciudad duerme bajo la leyenda encerrada en el Palacio de los Condes de Santa Ana, hoy convertido en museo que acoge los mismo escudos nobiliarios que fósiles. Cuentan que un gran salón de palacio se convirtió en la tumba de la condesa, quien fue emparedada por su marido cuando supo que le era infiel. La hermosa escalera que da acceso al siniestro espacio, es tan hermosa, que nos hace olvidar la triste leyenda. Lucena formaba parte de la metrópoli judía de Eliossana, que entre los siglos VIII al XII fue conocida como ‘La perla de Sefarad’.

Cuando los almohades expulsaron a los judíos, comenzó la construcción del impresionante castillo del Moral, Monumento Nacional desde 1931. Su historia está imbricada con el desafortunado final del último rey que tuvo Granada, Boabdil ‘El Chico’, miembro de la dinastía nazarí, que fue hecho prisionero en su severa torre.

La primitiva ‘Perla de Sefarad’ nos propone rutas monumentales, barrocas y mágicas, Paseos de Cuaresma e historias conventuales y nazarenas. Quizás las ‘Tardes encantadas’ sean las más excitantes porque nos llevan a recorrer los inquietantes aposentos del Palacio de los Condes de Santa Ana.

Córdoba

El embrujo del Alcázar de los Reyes Cristianos nos sobrecoge nada más poner los pies en la entrada de esta fortaleza, edificada en el siglo XIV. Mosaicos de la época romana, conservados primorosamente, los baños árabes y los impresionantes jardines siempre florecidos, nos transportan a épocas remotas. La flora cordobesa, verde a rabiar en esta época del año, acompaña a la piedra y al cielo azul celeste, haciendo una simbiosis idílica que nos cuesta asimilar. Tal parece que estamos en un mundo inventado, mágico, hasta que los caballos con las crines al viento nos devuelven a la realidad.

Por el barrio judío de San Basilio, encontramos tiendas y restaurantes que nos invitan a entrar y quedarnos. Comemos de todo un poco, queremos llevarnos la mayor cantidad de sabores locales. Entramos en la Taberna gastronómica Los Califas, donde las berenjenas fritas estaban espectaculares; y en el ‘El Caballo Rojo’ consumimos con gusto el rabo de toro, donde echamos mano a su receta original. Te la puedo compartir si me la pides: @analuciaortegaa.

De la visita a los patios floridos de Córdoba nos llevamos un recuerdo excepcional. Con sorpresa y emoción, entramos a infinidad de casas particulares cuyos patios, están cercados con altas tapias completamente revestidas con tiestos de flores, de colores y formas diversas. Fue excitante conversar con cada uno de los artífices de estas obras de ingeniería decorativa, quienes nos pedían ‘por favor’ que tuviésemos mucho cuidado con los bolsos y mochilas no fuéramos a tronchar en un descuido, alguno de los gajos, desluciendo estos jardines verticales que van a concurso anualmente. La festividad es Patrimonio inmaterial de la Humanidad. http://www.turismodecordoba.org

De los patios hacemos una inmersión en el pasado, al traspasar el umbral de La Mezquita-Catedral de Córdoba, un templo único en el mundo islámico y cristiano. Desde su construcción, es la mezquita más grande del Occidente musulmán. El rey Felipe III, El Santo, cedió el edificio a la iglesia católica en el siglo XIII, pero el permiso para construir La Catedral que luce hoy en su interior, llegó con el emperador Carlos V, quien por lo visto se arrepintió cuando visitó la ciudad en 1526.

Hoy en día la Mezquita-Catedral es el monumento más valioso de Córdoba y uno de los 12 tesoros de España. Cada año recibe la visita de más de millón y medio de turistas, por lo que TripAdvisor la premió con el sexto mejor sitio de interés turístico del mundo.

Datos de Interés

▪ En 1984, fue declarada Patrimonio de la Humanidad la Mezquita-Catedral de Córdoba.

▪ Córdoba, ciudad milenaria, posee el segundo casco histórico más grande de Europa, el mayor espacio urbano del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994 por la Unesco.

▪ Fue candidata a la capitalidad cultural europea para el año 2016, siendo finalista para representar a España.

▪ La Fiesta de los Patios Cordobeses fue designada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en diciembre del 2012.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2017, 0:32 p. m. with the headline "Córdoba y el encanto de sus pueblos."

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