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Poznan, una ciudad de cuento

Imagen de la Catedral de Poznan (Catedral de San Pedro y San Pablo) al atardecer, vista desde la zona posterior.
Imagen de la Catedral de Poznan (Catedral de San Pedro y San Pablo) al atardecer, vista desde la zona posterior. Oficina de Turismo de Poznan

Antigua capital de Polonia y cuna del cristianismo, Poznan es una agradable sorpresa para el turista, una ciudad con callejuelas de adoquines atestadas de iglesias, casas burguesas de colores y un casco antiguo que representa un auténtico mosaico de estilos.

Es cierto que Poznan no suele ser la primera opción de quienes visitan Polonia, pero sí es una parada obligada en el recorrido Berlín-Varsovia y un buen destino para tomar contacto con el oeste polaco.

Quizá sea precisamente esa buena ubicación geográfica, a 270 kilómetros de la capital de Alemania y 300 de Varsovia, la razón por la que esta ciudad se convirtió en la capital del primitivo Estado polaco en el siglo X, urbe industrial en el siglo XIX y actualmente la localidad polaca donde se celebran más ferias internacionales, la capital de la región de Wielkopolska y uno de los principales centros de negocio del país.

Pero sea por negocio o por turismo, el visitante que llega hasta Poznan y quiere descubrir esta ciudad debe comenzar su recorrido en el Stary Rynek (la plaza Mayor), un espacio cuadrangular de 140 x 140 metros al inconfundible estilo centroeuropeo, donde el ayuntamiento y las casas de la burguesía polaca de diferentes colores crean la sensación de estar en el escenario de un cuento de los hermanos Grimm.

El Stary Rynek de Poznan es una de las plazas mayores más grandes de todo el país, y es aquí donde se concentran los edificios burgueses más suntuosos, en su mayoría de estilo renacentista y barroco, aunque el viajero debe tener en cuenta que gran parte las construcciones, también en las calles adyacentes a la plaza, fueron reconstruidas en los años 1950 después de la destrucción que dejó la II Guerra Mundial.

LOS CABRITILLOS

Algunos de estos edificios conservan en sus sótanos auténticas joyas góticas y renacentistas, restos de las primeras edificaciones medievales que aun pueden apreciarse en el interior de los numerosos restaurantes y bares que pueblan el Rynek, con coquetos sótanos abovedados y zaguanes en los que disfrutar de una buena cena o una de las sabrosas cervezas de elaboración local.

En esta plaza, donde por cierto se encuentra el único museo de instrumentos musicales de toda Polonia, llama inmediatamente la atención la torre del ayuntamiento y su reloj central, que diariamente marca el mediodía con dos cabritillos que se cornean siguiendo una vieja tradición del siglo XVI y que son el símbolo de esta urbe de seiscientos mil habitantes.

El ayuntamiento, de estilo renacentista italiano y símbolo de la ciudad, se edificó a medidos del siglo XVI y cuenta con una fachada de tres plantas con un piso superior decorado con siluetas de reyes polacos, una cuidada ornamentación que, sin embargo, poco tiene que ver con la original, dañada durante la Guerra Mundial y reconstruida en la década de los años 1950 a base de viejos planos y testimonios de vecinos.

Delante del ayuntamiento el turista encontrará dos pequeñas sorpresas: la picota donde antaño se aplicaban las penas de muerte, y la bella fuente rococó en honor a la diosa Proserpina, la deidad de la primavera que en esta parte del mundo significa el final del crudo invierno. Aunque esta no es la única fuente de bella factura que puede contemplar en el centro de la ciudad.

Desde la plaza mayor comienza el recorrido hacia otros puntos de la ciudad, por ejemplo camino del río Varta, hasta la isla de Ostrów Tumski, donde el Estado polaco dio sus primeros pasos y donde también se ubica la catedral de la ciudad, levantada en el mismo lugar en el que según la tradición polaca el príncipe Mieszko I se convirtió al cristianismo y donde se cree que el primer obispo polaco puso la piedra del templo que hoy es la catedral.

Actualmente esta isla acoge un interesante conjunto de arquitectura eclesiástica dominado por la catedral de doble torre, de estilo esencialmente gótico, aunque con adiciones posteriores y, como sucede con la mayoría de edificaciones polacas previas a la II Guerra Mundial, también reconstruida.

LA IGLESIA DE LOS FRANCISCANOS

Además de los edificios eclesiásticos de la isla de Ostrów Tumski, Poznan guarda algunas joyas como la iglesia de los Franciscanos, donde destacan sus capillas, generosas en ornamentación barroca, o la iglesia Dominica levantada en el siglo XIII en uno de los antiguos barrios judíos.

Para los interesados en la historia, Poznan supondrá un punto perfecto para comprobar las cambiantes fronteras que esta parte de Europa ha sufrido a lo largo de los años, especialmente en los últimos tres siglos.

En 1793, tras la partición de Polonia, Poznan pasó a ser parte de Prusia y, posteriormente, se integró en el Imperio Alemán hasta el final de la I Guerra Mundial. Más tarde, durante la II Guerra Mundial, caería de nuevo en manos alemanas, con una ocupación nazi durísima que acabó con importantes combates contra el Ejército Rojo que dejaron destruida gran parte de la ciudad.

De aquellos años de pertenencia al reino de Prusia y posteriormente a Alemania quedan bellos ejemplos como la Biblioteca Raczynski, uno de los edificios más populares, levantado entre 1822 y 1828, donde el visitante disfrutará de una magnífica fachada de estilo clasicista con una impresionante columnata.

Otra parada obligada es el Gran Teatro de Poznan, también neoclásico, construido en 1910 y hoy centro de la vibrante vida cultural de esta ciudad.

De Polonia la mayoría de visitantes saben que sufrió una historia llena de guerras y ocupaciones, algo de lo que deja testimonio el parque de la Ciudadela, ubicado en el fuerte Winiary, levantado por los prusianos en la primera mitad del siglo XIX y en gran parte destruido en 1945.

En la actualidad, en los terrenos del antiguo fortín se extiende un inmenso parque donde está el cementerio militar de los caídos durante la I y II Guerras Mundiales, incluidos los caídos de la Commonwealth, donde reposan los restos de los aviadores aliados que intentaron escapar del campo de prisioneros de Sagan, historia que posteriormente sería llevada al cine en la película La Gran Evasión, protagonizada por Steve McQueen.

EL CASTILLO IMPERIAL

Además el parque cuenta con el museo de Armamento y el Museo del Ejército de Poznan, todo un placer para los interesados en la historia bélica.

Pero sin duda, el símbolo inequívoco del pasado germánico de Poznan se encuentra en el Castillo Imperial, un palacio de estilo neorrománico edificado entre 1905 y 1913, bajo mandato del emperador Guillermo II, una mole colosal que evidencia el intento alemán de germanizar sus posesiones polacas.

Hoy Poznan ha dejado atrás ese pasado convulso y se ha convertido en una ciudad llena de vida, en gran parte gracias a la gran presencia de estudiantes (el 20 por ciento de sus habitantes), lo que asegura calles vibrantes donde proliferan restaurantes, bares, música y festivales de todo tipo.

Buenos ejemplos son la Noche Kupala, un festival que se celebra a mediados de junio en el que miles de personas lanzan al aire lamparitas de papel iluminadas con velas y un deseo.

En 2013 se superó el récord Guiness al elevarse 25,000 de estas lámparas, una impresionante vista que dejó el cielo de Poznan iluminado con los deseos de sus ciudadanos.

Otro ejemplo de esa intensa vida cultural y nocturna es el Silent Club (Club del silencio), una curiosa iniciativa puesta en marcha por artistas locales que bien podrían imitar todas las ciudades.

Varios días al mes y en diferentes locales, el Silent Club permite disfrutar de diferente música a través de auriculares, sin perturbar el silencio de la noche, de una manera íntima pero al mismo tiempo rodeado de gente.

Vida y energía, tanto en invierno como en verano, pero que con la llegada del buen tiempo se multiplica, transformando Poznan en un lugar especialmente intenso, sobre todo en los meses de estío, donde el lago Malta (Jezioro Maltanskie), un lago artificial ubicado en el oeste de la ciudad, es el eje de un verano urbano que nada tiene que envidiar del de las ciudades costeras.

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