Minori, un paraíso en la costa de Amalfi
Después de pasarnos una semana –fuera de temporada– en Minori, un pueblito en la costa de Amalfi, mi esposa y yo escuchamos un comentario por lo bajo mientras caminábamos por una de las calles de piedra.
“Ahí vienen los americanos” (o algo parecido), le dijo una mujer a la otra en italiano. Estábamos haciendo nuestra caminata de rutina por la tarde para ir a comprar pan recién hecho, una bolsa de alcachofas, pasta fresca, brocoli fresco y una botella de vino local. Todo para la cena.
A diferencia del verano, que es temporada alta, cuando los hoteles, las calles y lo restaurantes de Amalfi están repletos, el mes de febrero es más silencioso y residencial. Eramos los únicos americanos en el pueblo y nos recibieron con sonrisas.
La mayoría de los turistas tienden a seguir el sol, tal vez viajando al Caribe en el invierno y al Mediterráneo en verano. A veces un destino ofrece un aire diferente cuando vas en contra del grupo; los viajes fuera de temporada son mucho mejores cuando alquilas un apartamento y vives entre los locales.
Nuestra estancia en Minori fue después de pasarnos una semana en febrero en el crucero Viking Star de Viking Ocean, de Barcelona a Roma. El crucero hizo diferentes paradas en puertos del Mediterráneo en donde las tiendas y las actividades de invierno podían disfrutarse. Mientras que los grandes puntos turísticos estaban hibernando. Durante la temporada de verano es prácticamente imposible visitar Florencia y disfrutar de los museos.
La planificación de ese tiempo después del crucero nos tomó días buscando desde nuestra en Internet un apartamento barato que estuviera más a menos a dos horas conduciendo desde Roma. Pensábamos alquilar uno. Queríamos que el lugar tuviera espacio suficiente para trabajar en nuestras laptops y una cocina moderna; un clima moderado en un lugar desde el que pudiéramos hacer caminatas diarias y disfrutar de la vista; un pueblito para comprar diariamente alimentos frescos y lugares a una hora de distancia en los que pudiera haber atracciones o restaurantes especiales.
La búsqueda nos llevaba todo el tiempo a los pueblos costeros de la península de Amalfi, pueblos a los que se llegaba por carreteras estrechas y llenas de curvas, desde Salerno hasta Positano. En el invierno la temperatura está entre los 50 y 60 grados Farenheit, y las noches rara vez bajan de 40 grados. Encontramos cerca de una docena de posibles lugares donde quedarnos, y fuimos descartando según leíamos en revistas de viajes o revistas. También revisamos los comentarios en sitios de Internet como Trip Advisor, Airbnb y Booking.com, que ya habíamos utilizado en otras ocasiones.
Minori nos pareció el tipo de pueblo que nos gustaría. Está en la misma costa rodeado por tres partes de terrazas llenas de sembradíos de vegetales, viñedos y limoneros. A pocos pasos está el centro del pueblo que cuenta con puestos de vegetales frescos, tres rastaurantes que tienen buenos comentarios en Internet, unas ruinas romanas y el comienzo de varios caminos de piedra que llevan al campo.
Utilizamos Booking.com para alquilar un apartamento de dos habitaciones en un edificio llamado Braschi (AmalfiDreams.com) por menos de $100 la noche, incluyendo impuestos, artículos esenciales como toallas, sábanas y WiFi, y extras como lavadora de platos, una pequeña lavadora/secadora y la libertad de poder cancelar 30 días antes de la llegada. Estuvimos de acuerdo en cambiar el acceso al ascensor (preferimos subir los 75 escalones al tercer piso) por la vista al mar desde nuestra sala y comedor.
Hicimos muchas comidas en este lugar tan acogedor. Lo que no sabíamos de la vida en Italia, lo buscamos en Google. Aprendimos a hacer expreso en una olla más pequeña que una taza de café. Y también a cocinar distintos platos típicos de la zona.
Las colinas a nuestro alrededor estaban llenas de limoneros y viñedos componiendo un gran escenario para nuestra caminata a Ravelo, conocido por el teatro en verano y las vistas desde sus montañas.
Los libros locales de turismo dan tres opciones a los viajeros para llegar a Ravelo desde Minori. Dos son motorizadas: en coche son unos cinco kilómetros que toman unos 20 minutos debido a las curvas, paradas y estrechas carreteras; el autobús local que parte cada hora durante el día, toma 36 minutos. La carretera es peligrosa.
Nosotros fuimos caminando. La caminata por los senderos es mucho mas corta, menos de dos millas de pueblo a pueblo, pero la ruta incluye 1,500 escalones. Para subir a Ravelo los locales estiman que toma unos 45 minutos. Nosotros pudimos hacerlo en una hora y 20 minutos deteniéndonos cada 100 pasos para tomar aliento y admirar el paisaje.
Al llegar al tope nuestra recompensa incluyó la Trattoria Da Cumpa’ Cosimo, donde Netta, el propietario desde hace mucho tiempo, vino a nuestra mesa para recomendar un menú de pasta para el almuerzo, que incluyó el primer crespolini que probaba mi esposa.
Netta fue uno de muchos que recordaremos con cariño. Otros son:
▪ Il Pastaio en Minori donde el cocinero nos mostró la cocina y nos sugirió que regresáramos al día siguiente para probar el especial del día.
▪ Una señora en una pequeña tienda local quien después de ver el vino local que escogí, movió su cabeza y me dio otro que costaba un euro más pero era mucho mejor.
▪ Un joven en la carnicería que se acordó, en nuestra segunda visita, cambiar el jamón que tenía en la máquina por un corte mejor de prosciutto, que era más caro de lo que los residentes hubieran pagado.
▪ Un pescador que estaba en la calle una tarde frente a la estación de policía. Nos vio pasar y llamó nuestra atención con un “Psssst”. Cuando volteamos nos dijo que lo siguiéramos ya que tenía pescado fresco a la venta. Lo limpió y cortó los calamares de manera que estaban listos para cocinar.
Y el vendedor de vegetales que cuando se enteró que nos íbamos se acercó y dándonos un abrazo nos dijo, “Los veo el próximo año”.
Minori fuera de temporada fue un lugar maravilloso con gente buena de sonrisa fácil. Si tuviéramos otras dos semanas libres volveríamos a Italia sin pensarlo.
David Molyneaux escribe mensualmente de viajes. Es el editor de TheTravelMavens.com.
Cómo llegar a la costa de Amalfi
En la Internet puede encontrar muchas ideas y lugares dónde quedarse en la Costa de Amalfi, que también cuenta con muchisimos restaurantes aunque algunos están cerrados durante el invierno.
A menos que piense entrar y salir del pueblo en autobús o alquiar un chófer particular, la dicisión más difícil es la de alquilar un carro. Conducir en el área de Amalfi puede ponerle los pelos de punta y conducir despacio para mirar el panorama no agradará mucho a los locales (échese a un lado de la carretera y deje que pasen los otros vehículos).
Si a usted le gusta conducir, especialmente un coche de cambios, los precios son muy buenos. No encontramos dificultades para rentar uno. Comparmos un boleto del puerto de Civitavecchia donde estaba anclado nuestro crucero en Roma al aeropuerto, donde alquilamos un Peugeot por dos semanas.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2018, 2:59 p. m. with the headline "Minori, un paraíso en la costa de Amalfi."