China: todo por el turismo
Mientras los turistas chinos invaden pacíficamente el mundo y el gigante asiático ya se ha consolidado como el principal mercado emisor de visitantes, la Gran Muralla o la Ciudad Prohibida de Pekín, cada vez cuentan con menos turistas extranjeros.
Aunque el balance de entrada y salida de turistas aún es favorable para China, el margen se va estrechando.
El año pasado China recibió a 128,5 millones de visitantes foráneos (incluyendo los procedentes de Taiwán, Hong Kong y Macao), según los datos de la Administración Nacional de Turismo, mientras que vio cómo 109 millones, en el 2014, viajaban fuera de sus fronteras, de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo.
Desde que en el 2011 se alcanzó el pico de entrada de turistas foráneos en China, con 135,4 millones, el descenso ha sido continuado y, en apenas cuatro años, el país ha perdido casi siete millones de turistas anuales.
Los obstáculos para obtener el visado de entrada, la apreciación del yuan o la mala imagen que se tiene del país asiático más allá de sus fronteras por problemas como la contaminación, han provocado una caída del turismo extranjero.
En la otra cara de la moneda, Vietnam, Malasia, Japón o Tailandia han ganado popularidad al ser destinos más "agradecidos" con más facilidades administrativas a los turistas y escenarios exóticos a un precio menor.
Esta tendencia preocupa a las autoridades locales, y, decididas a revertir la situación, se han puesto manos a la obra para buscar medidas para potenciar el turismo.
Políticas a gran escala, como las campañas masivas de promoción turística en el extranjero, o propuestas para ampliar de 72 a 96 horas las entradas a China sin visado, muestran esa inquietud, evidente también en ámbitos más reducidos. Y pocos casos como Huangling, el pueblo que se vació de habitantes para llenarse de visitantes, reflejan esa ambición de hacer todo por el turismo.
HUANGLING, UN PUEBLO SOLO PARA TURISTAS
Huangling, una pequeña localidad de la provincia de Jiangxi (en el sureste del país), es presentado como "el pueblo más bonito de China".
Este pueblo milenario, situado en un valle plagado de terrazas donde se cultiva arroz y colza, está formado por poco más de un centenar de viviendas, la mayoría de las cuales se construyeron hace entre cinco y seis siglos.
En los tejados de las casas, los lugareños ponen a secar maíz, calabaza, pimientos picantes o flores de crisantemo, lo que da a la panorámica un toque de color que contrasta con el blanco y el marrón de las viviendas, con una arquitectura de estilo hui.
Además, invitan al visitante a entrar en sus casas, lo agasajan con pasteles o jiaozi (raviolis típicos asiáticos) y lo animan a participar en sus actividades cotidianas.
La estampa que ofrece Huangling sería idílicamente bucólica si no fuera porque no es del todo real.
Con el objetivo de proteger su belleza, sus habitantes fueron desalojados para que la localidad quedara intacta para el disfrute de los visitantes de fuera.
Así, el pueblo se ha convertido en una especie de museo etnológico o parque temático sobre la vida rural china –con una entrada de 135 yuanes (22 dólares)– y los antiguos vecinos han pasado a ser figurantes en un montaje en el que todo el protagonismo recae sobre el turista.
Un empresario de la zona, con más de una década de experiencia en el sector del turismo, Wu Xiangyang, quedó maravillado al contemplar las vistas panorámicas del pueblo e intuyó que había encontrado en él un filón turístico.
Wu decidió transformar el pueblo en un resort y creó una empresa con este propósito, Desarrollo Cultural del Condado de Wuyuan.
En el 2008, Wu se hizo con las viviendas de los alrededor de 300 habitantes que entonces tenía el pueblo y a cambio les proporcionó un alojamiento en municipios cercanos.
"Hace diez años la mayoría de estas casas estaban prácticamente destruidas. Ahora hemos montado un pueblo bonito para que la gente lo visite", explica el empresario.
UN ‘EXPERIMENTO’
La compañía de Wu ha restaurado algunas casas de Huangling, ha contratado a antiguos vecinos para que le devuelvan la vida al pueblo, ha abierto bares y tiendas y está construyendo un complejo hotelero de varios edificios, que estará terminado hacia finales de este año y dispondrá de 350 camas y dará empleo a 350 personas.
"Todo el mundo sale beneficiado", insiste Wu, quien añade que alrededor de una décima parte de la recaudación de las entradas irá a parar a los antiguos residentes.
Sin embargo, los antiguos habitantes de Huangling, ahora empleados de Wu, no tuvieron la oportunidad de dar su opinión al respecto.
El empresario ha invertido de momento 300 millones de yuanes (unos 49 millones de dólares) de los 500 millones (unos 81 millones de dólares) totales por los que está presupuestado el proyecto.
En los once primeros meses en los que el pueblo abrió al público tras su remodelación, acudieron 200,000 personas a visitarlo, según los datos facilitados por la empresa responsable.
Wu reconoce que Huangling es un "experimento" que ya se está llevando a la práctica y que de cómo resulte esa prueba dependerá si se exporta o no el modelo a otras localidades.
Esa es solo una de las fórmulas que se están explorando en China como vía para potenciar destinos alternativos o directamente crearlos de nuevo.
"Los resorts vacacionales, los destinos rurales o los grandes parajes naturales son algunas de las propuestas que el Gobierno chino pretende potenciar", detalló Li Jinzao, director de la Administración Nacional de Turismo en un foro sobre este sector celebrado en enero.
Li anunció que la inversión en el sector alcanzará los tres billones de yuanes (491,800 millones de dólares) en los próximos tres años.
Porque las autoridades del gigante asiático están resueltas a buscar, cada vez más, elementos novedosos con los que recuperar la confianza de los visitantes, tanto los nacionales como los foráneos.
Y el Gobierno chino quiere que el turismo desempeñe un papel destacado en su economía y están dispuestos a hacer realidad esta intención. Cueste lo que cueste.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2015, 9:53 a. m. with the headline "China: todo por el turismo."