Viajes

Ruinas al borde del Mar Egeo


Columnas del Templo de Atenea en Priene, Turquía.
Columnas del Templo de Atenea en Priene, Turquía. IRIS CEPERO

En la costa turca del Mediterráneo, ese largo contorno que impide que el mar escape de donde Europa, Asia y África lo tienen bien guardado, perviven muchas de las ruinas de ciudades griegas y romanas que más de 20 siglos atrás fueron el centro del mundo conocido hoy como occidente. También muchas de las esculturas que hoy llenan museos alrededor del mundo, los descubrimientos que hacen nuestra vida posible y nuestras costumbres nacieron aquí.

Uno bien puede recorrer la costa del Mar Egeo en el territorio turco y fabular como fue la vida entonces, andar de norte a sur, y detenerse en diminutas aldeas donde siempre aparece la ruina de un templo o un oráculo, donde pasa el camino recorrido para ganar una batalla, donde un hombre, luego convertido en santo o fabulado como leyenda, pasó sus días.

Éfeso, Pérgamo y Priene son algunas de las más grandes ciudades de la antigua Grecia que han sobrevivido por siglos. Cada una de ellas alberga una historia única y a la vez compartida con el resto. En todas quedan restos de las más famosas bibliotecas, baños públicos, teatros y ágoras de su época. Todas fueron, en algún momento, el centro del mundo griego, luego del romano y juntas sucumbieron a la historia de los imperios que las fundaron.

Éfeso es particularmente famosa por la biblioteca, cuya fachada con las diosas Sofía (sabiduría), Areté (virtud), Ennoia, (intelecto) y Epistemo (conocimiento) es su más icónica imagen. El Odeón, el Templo de Adriano, construido en honor a la visita del emperador en el año 123, la Puerta de Hércules, abriendo el paso hacia la calle Curetes, con las estatuas de los personajes públicos, los baños y las casas son majestuosas estructuras muy conservadas.

El teatro para 25,000 espectadores, recuperado y ampliado por los romanos, se conserva prácticamente intacto; pero es Curetes, la larga calle de las columnatas, marcando el eje de esta inmensa ciudad donde más fácil resulta imaginar la vida de comercio, placeres y adoración a los dioses de griegos y romanos.

Éfeso es también el sitio donde se erigió del Templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo, del que hoy sólo queda una de las columnas. Los alrededores del pueblo guardan también dos importantes huellas del mundo cristiano: la Basílica de San Juan, en honor a San Juan Evangelista, fue construida en el siglo VI en el sitio donde estuvo la tumba del Apóstol, (hoy en el pueblo de Selçuk,) y el templo de la Virgen María, hoy sitio de adoración y peregrinaje para cristianos y musulmanes quienes lo visitan para beber su agua milagrosa.

Cientos de kilómetros al norte de Éfeso, la ciudad de Pérgamo fue levantada sobre una altísima colina, de acceso casi imposible. Famosa por su biblioteca, con más de 200,000 pergaminos (de ahí su nombre), la mayoría usados como regalo de boda de Marco Aurelio a Cleopatra, en Pérgamo se conservan en buen estado los templos de Trajano, Atenea, Dionisio y restos del ágora. El Altar de Zeus de la antigua ciudad de Pérgamo está en exhibición en el museo Pergamun en Berlín.

Pero es su teatro, con 80 filas y capacidad para diez mil personas, la más atractiva de las ruinas. Fue levantado en la ladera más pronunciada del cerro y visto desde la última fila se precipita hacia el abismo, en un ángulo en el que parecería imposible construir. A sus pies, sobre un valle verde y bellísimo que en otros tiempos dejaba libre el horizonte hacia el mar, está la moderna ciudad de Pérgamo, hoy famosa por sus alfombras. Cerca de allí nació el célebre médico Galeno y muy cerca está el hospital donde los pacientes eran curados con aguas y cuyos sueños eran analizados por los doctores-sacerdotes de la época. El Asklepium es considerado el primer hospital mental de la historia occidental.

En la misma costa griega del Egeo, al sur, la ciudad de Priene también disfrutaba de una ubicación grandiosa, con el rocoso Monte Mykale a la espalda y el valle del río Menderes a sus pies. Las ruinas del gimnasio, el estadio, el teatro y la cámara del consejo donde deliberaban 640 delegados, yacen bien conservados en medio de los árboles. En este sitio tranquilo, silencioso y solitario, a pesar de estar en medio de una ruta turística muy popular en Turquía, están los restos del Templo de Atenea, uno de los más celebrados ejemplos de la arquitectura iónica, con columnas tan altas que rivalizan con las montañas de fondo y frente a las cuales uno se siente absolutamente diminuto.

Financiada y supervisada por Alejandro Magno, Priene fue tan fiel a los griegos que los romanos, al ocupar la región, decidieron ignorarla. Todavía hoy sólo llegan visitantes aislados al perdido pueblo de una docena de casas, dos restaurantes-café y una única tienda de souvenirs, repleta de objetos de onyx, abundante en la región y siempre amenazada con la quiebra por la falta de clientes.

Desde las alturas de Priene se desgaja un valle tan impecablemente cultivado que parece un decorado de película, con sembrados de todos los verdes posibles y aisladas casas de campesinos, un oasis en medio de la árida visión de las montañas del fondo, donde, no obstante, cada porción cultivable se planta con olivos.

En la vastedad del territorio turco con un impresionante paisaje natural, una historia gloriosa, un heterogéneo presente; en la unicidad de Turquía como grapa entre Europa y Asia, la visita a la costa del Mar Egeo es un viaje memorable. No es solo un paisaje de ruinas para románticos por el período helénico o la grandeza romana, es el lugar donde el sol que cae impecablemente durante el día, se vuelve brisa fresca al atardecer y cada puesta de sol frente al mar ridículamente azul te deja sin palabras.• 

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de septiembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Ruinas al borde del Mar Egeo."

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