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París y Londres dos destinos, un solo viaje

El tour guiado de 45 minutos por el domo del Partenón (7.5 euros, $8), bien vale la pena solo por las vistas.
El tour guiado de 45 minutos por el domo del Partenón (7.5 euros, $8), bien vale la pena solo por las vistas. TNS

Mi conexión con París y Londres comenzó desde que era pequeño.

Cuando tenía como 6 años iba a casa de mi tío Hashem, quien nunca se había casado y vivía solo, a almorzar y a recibir una clase de francés. Pude contar hasta 100 en francés mucho antes de hacerlo en inglés. El era chef y dueño de un restaurante, de manera que mis clases siempre incluían un elegante almuerzo y, cuando ya era un poco mayor, una copa de Chablis aclarado (es decir, con agua).

A pocas cuadras del apartamento de mi tío en Boston vivía mi madrina, Bessie, quien era inglesa, nunca se había casado y también vivía sola. A ella la visitaba cada sábado y siempre me recibía con un juguete que veía dentro de una caja roja de cerillas, por lo general un autobús de dos pisos como los de Londres o un Rolls Royce plateado.

De manera que desde muy temprano en mi vida comenzó mi romance con Francia e Inglaterra, y este invierno pasado decidí visitar ambos países.

París y Londres son dos de las ciudades más visitadas en Europa, y por muy buena razones. Ninguna otra ciudad combina esa cantidad de historia con tantas cosas que se pueden hacer y ver, tantos edificios espectaculares o tantos museos importantes, pequeños y grandes. Ambas ciudades están conectadas por un tren bajo el mar, que de por sí es una maravilla de la ingeniería (Eurostar.com, viaje de ida o vuelta comienzan en $59) que solo toma dos horas. ¿Por qué viajar tan lejos para ver una y no la otra, cuando es tan fácil visitar las dos? Esa es la promoción que han lanzado los dos lugares oficiales de turismo de cada ciudad: Parisinfo.com y Visitlondon.com. Estamos solo a una distancia de 120 minutos. Vive la difference!

Y diferencia sí que hay, y muchas. Conectar Francia e Inglaterra por tren fue considerado como una burla, al menos por los ingleses. Durante siglos hicieron todo lo posible por mantener a los franceses en su orilla del canal, con un éxito limitado (La conquista de Normandía en 1066 fue uno de esos fracasos). En 1986, cuando el presidente francés Francois Mitterrand visitó Canterburry para firmar el acuerdo del proyecto del túnel, hubo manifestaciones pidiendo que se fuera.

Pero también tienen más cosas en común de lo que uno piensa. Londres cuenta con el parque Hampstead Heath, un lugar delicioso para pasear; en París el Bois de Bologne es igualmente salvaje y encantador.

Londres cuenta con Harrod’s Food Hall; París tiene Galeries Lafayette Gourmet.

Londres tiene el Museo de Guerra Imperial (Imperial War Museum) con todo tipo de herramientas y útiles de guerra; París cuenta con Les Invalides, que posee más de 500,000 objetos que fueron utilizados en diferentes batallas, aunque, obviamente, no todos se exhiben a la vez.

A los ‘instagrammers’ en Londres les encanta ver la ciudad desde el Millennium Bridge que cruza sobre el Támesis y que es solo un puente peatonal (aunque a veces se sienta un poco de vibración, por lo que fue cerrado no más abrir para repararlo). En París pueden ir hasta el Pont des Arts, que cruza sobre el Sena. Este es otro puente peatonal que la gente a adornado -o vandazalizado, según su punto de vista- con candados.

Westminster Abbey (westminster-abbey.org, 20 libras esterlinas- $26 según el cambio), en Londres, alberga las tumbas de ciudadanos famosos como Chaucer, Dickens, Sir Isaac Newton, y otros. En el Partenón en París están enterrados Voltaire, Víctor Hugo, Madame Curie y otros personajes notables. Asegúrese de tomar el tour guiado de 45 minutos por el domo del Panteón (7.5 euros, $8), solo por las vistas vale la pena.

Londres cuenta con un museo de correos al igual que París (actualmente cerrado por remodelación), aunque solo el de Londres cuenta con un tren subterráneo que le da la bienvenida a los visitantes.

El Museo de Ciencia de Londres (sciencemuseum.org.uk, gratis) tiene tres estrellas Michelin; igualmente París cuenta con otro museo de ciencias (cite-sciences.fr, 12 euros, $13) y ambos son fascinantes.

Otra actividad es hacer la travesía en barco por el Canal St. Martin en París (Canaurama.com, 18 euros, $20). En Londres puedes hacerlo por el Regent’s Canal (londonwaterbuscompany.com, 12 libras esterlinas, $15) que va desde el Mercado Camden, lleno de gente joven divirtiéndose en locales hipsters, mientras admira las mansiones a lo largo del canal y el grafiti en las paredes de los puentes (si es que le gusta el grafiti).

No es que me guste el grafiti especialmente pero en París tomé un tour con la compañía Fresh Street Art Tour (freshstreetarttourparis.com, 12.50 euros, $14). No sabía donde empezaba el grafiti y terminaba el arte callejero pero fue un verdadero descubrimiento.

La realeza de Londres fue encarcelada y ejecutada en la Torre de Londres (Tower of London); en París, fue en la Conciergerie. Visité la Torre, por primera vez, en donde aquellos dos príncipes que aun eran unos niños, fueron asesinados por su malvado tío. Tuve el lugar casi para mi solo porque me apunté para la ceremonia de apertura (24.70 libras esterlinas, $32, hrp.org.uk). Llegue a las 8:45 a.m. para que pueda disfrutar del cambio de guardia.

En París hice un tour de la Conciergerie en donde María Antonieta fue encarcelada -la celda en la que estuvo aún guarda los objetos originales- y de la que salió para morir en la guillotina. La prisión se encuentra al lado de St. Chapelle. Consejo: si planifica visitar muchas de las atracciones mencionadas entonces saque un pase para los museos y monumentos de París (en.parismuseumpass.com). Se ahorrará dinero y tiempo ya que podrá evitarse las largas colas de entrada.

Ambas ciudades cuentan con vías para pasear. En París, el boulevard más impresionante son los Campos Elíseos, con el Arco de Triunfo al que subí en mi primera visita a París. En Londres, Regent Street que celebra este años su 200 aniversario, está dedicada solamente a tiendas (no hay ni residencias ni oficinas), y no hay un solo espacio vacío como ocurre, por ejemplo, en Madison Ave. en Nueva York. La calle le pertenece a la Corona, un casero muy benigno que prefiere ver los espacios llenos y cobrar rentas más bajas a verlos tapiados con maderas, un fenómeno que también vi en Connaught Village, un distrito de compras cerca de Paddington. En este caso el casero es la iglesia local, quien prefiere tener los espacios llenos y cobrar rentas razonables. Las tiendas y restaurantes son todas independientes como por ejemplo Lucy Choi Shoes. Su tío es Jimmy Choo, pero el precio de los de ella es una tercera parte de los de él.

Ambas ciudades tienen mendigos. Sin embargo noté que en el Tube, como los ingleses llaman al metro, los que piden están mejor vestidos que los de París y además son mucho más educados.

En París puede cenar muy bien en una estación de tren: el histórico Train Bleu en la Gare de Lyon (le-train-bleu.com). “Es como cenar en un museo”, dice al pasar el mozo según tomo un sorbo de champán. En Londres, el antiguo Midland Railway Hotel, cerca de la terminal St. Pancras International, que parece una catedral, es operado por Renaissance Hotels y cuenta con el restaurante The Booking Hall, solo a pasos de la entrada a Eurostar.

En Londres puede subir a la galería de los susurros en la Catedral de St. Paul, (stpauls.co.uk, 17 libras esterlinas si lo compra por adelantado, $22). En París puede subir a las torres de la Catedral de Notre Dame y tomarse una foto con una o dos gárgolas (8.50 euros, $10).

Y sin embargo hay algunas cosas que me gusta hacer en Londres que no tienen equivalente en París y viceversa. Nada se compara a los autobuses de dos pisos o a los taxis negros, los mejores del mundo. ¿Caros? Si, pero vale la pena la experiencia. Los taxistas de Londres no utilizan GPS porque se han memorizado cada calle, callejón, paseo o expreso de la ciudad.

Los cafés en las calles de París son únicos. Yo recomiendo a cualquiera que visite París dedicarle al menos una hora a sentarse en uno de ellos, ya sea dentro o afuera en las mesas de la acera. Fíjese en los mozos. Estos son pros, y ningún ejercito ha estado mejor organizado o cuenta con mejores estrategias. Me encanta observarlos. Le pregunté una vez a un que cada cuanto tiempo cambian su delantal ya que estaban totalmente blancos. Me dijo que dos veces por turno, en caso de que usted quiera saber. Un café de 5 euros o una botella de Evian le permite estar ahí sentado el tiempo que quiera (siempre que sea razonable).

A pesar de que la cocina inglesa ha mejorado muchísimo desde los tiempos en que yo estudiaba en Oxford en los años 70, no hay ciudad que pueda igualar las delicias culinarias de París. Ya sabía esto, pero una tarde con Isabelle Pochat, que ofrece tours culinarios (paris-a-dream.com), confirmó mis prejuicios. Probé las más deliciosas mermeladas y conservas en La Chambre aux Confitures. También comí en Popelini, en La Boutique Pralus, choclates de Arnaud Lahrer, fiambres de córcega en Pasta Luna, pan y croissants en Boulangerie La Parisienne, que ganó en concurso anual del 2016 con la mejor baguette en París.

No es que Londres carezca de pan sabroso. Pero en Mon Plaisir (monplaisir.co.uk), el templo de la comida francesa en Londres, en el que los dueños saludan a cada comensal que llega, no se arriesgan. Llevan más de 50 años con el negocio y el restaurante insiste en que traen por avión el pan todas las mañanas desde París, o a lo mejor llega en el Eurostar. Yo estaba muy ocupado comiéndome mi pan para averiguarlo.

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