Viajes

‘De la tierra del hielo a la tierra del fuego’, una aventura extraordinaria

De todos los géneros periodísticos, uno de los que más se acerca a la literatura es la crónica. Sobre todo las de viajes. Quizás sea por eso que el destacado periodista colombiano Enrique Córdoba, por su amor a los viajes y a los libros, las ha estado escribiendo desde siempre.

Ha escrito tantas que un día, asombrado, descubrió que entre unas y otras, había medio mundo insertado en ellas. Fue entonces que en 2013 decidió reunirlas en un libro que tituló El Marco Polo de Lórica, en honor al famoso viajero italiano y a su querido pueblo natal.

Ahora regresa con De la tierra del hielo a la tierra del fuego (Editorial Palabra Libre, 2019), en el que ha incluido las crónicas de la otra mitad del mundo que le faltaban por escribir.

El libro está estructurado en cinco secciones con sus correspondientes capítulos. En la primera de ellas, titulada De polo a polo, Córdoba nos lleva de la mano desde Alaska -la tierra del hielo, por sus glaciales- hasta la Antártida -la tierra del fuego, por las grandes fogatas que hacían los nativos- donde Fernando de Magallanes descubrió en 1520 la ruta que abrió la puerta a la navegación alrededor del mundo.

Pero las crónicas que Córdoba incluyó en este nuevo libro no se limitan solo a las del Juneau y Skagway, en el Ártico, ni a las de Ushuaia y el Canal de Beagle, en el Antártico.

También contiene las de Sidney y Nueva Zelanda, en Oceanía; las de Camboya, Vietnam, China y Hong Kong, en Asia; las de Ámsterdam, Edimburgo, Londres, Ibiza y Málaga, en Europa; y las de San Francisco, Nicaragua, Perú, México, Bogotá y Cuba, en Las Américas

Un factor común las identifica: todas tienen el mismo aliento literario de las anteriores. Solo que esta vez Córdoba les ha incorporado más elementos de la crónica periodística y del reportaje. Es decir, carácter informativo, interpretación y valoración. También les añadió, además, numerosas entrevistas.

Por ejemplo, en la crónica de Sidney, Australia, aparecen las de dos colombianos que, por diferentes razones, terminaron viviendo allí: “Carlos Castro, oriundo de Villavicencio, una pequeña ciudad al oeste de Bogotá, está casado con una japonesa y abrió con éxito un restaurante de comida suramericana. La caleña Paola Trujillo Bell es esposa de un neocelandés residente en Double Bay y nos habló sobre la libertad y la seguridad con la que los niños salen a jugar en los parques”.

Y es que antes de llegar a un país, Enrique Córdoba se comunica con los amigos que viven allí. Como hizo cuando viajó a Viet Nam: “Yumar Castro es venezolana, está casada con un banquero mexicano y por motivos de trabajo han residido largos años en el oriente: Japón, Singapur y Tailandia. Fue ella la que me ayudó a organizar el resto del viaje.

En China contactó a Ernesto Tovar, un amigo colombiano que desde hace doce años vive en ese país: “Shenzhen, la ciudad donde estábamos parando, pasó de ser un pueblo de pescadores a una metrópolis de edificios gigantescos. Fue Ernesto el que nos dio un llavero de tarjetas con letreros en español y chino para poder comunicarnos con los taxistas y con el cual pudimos visitar centros comerciales, restaurantes y otros lugares importantes de la ciudad”.

De la tierra del hielo a la tierra del fuego es un libro concebido para ser disfrutado por todos, tanto los que hayan visitado las ciudades que se describen en él como los que esperan hacerlo algún día.

Es también un libro que nos permite conocer no solo otros pueblos y otras costumbres, sino también descubrir las grandes creaciones de la humanidad. Después de todo: ¿no es esa la razón por la que viajemos?

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