Viajes

Trento, joya del Alto Adigio italiano

La fuente de Neptuno, en la plaza del Duomo de Trento.
La fuente de Neptuno, en la plaza del Duomo de Trento.

Lo primero que me vino a la mente cuando decidí visitar Trento fue el célebre Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica que se extendió en 25 sesiones entre 1545 y 1563. En aquella época, la ciudad del Alto Adigio, hoy parte de la República Italiana y a 130 km por carretera de la frontera con Austria, estaba gobernada por un príncipe-obispo, y gozaba de plena independencia con respecto a Roma. Con Bolzano, Trento es punto de partida para visitar la cadena montañosa de las Dolomitas, conocida por sus formas características.

El Concilio surgió como necesidad por parte del Vaticano de cerrar filas en torno a la iglesia católica ante el avance del reformismo protestante y de fortalecer la posición de Occidente frente a la amenaza otomano-musulmana. Los Concilios Ecuménicos (21 hasta la fecha) reúnen a todos los obispos del cristianismo para adoptar acuerdos relativos a la doctrina y práctica religiosas. El de Trento, uno de los más largos de la historia, ocurrió durante el pontificado de cinco papas y se mantuvo en vigor hasta la celebración, en 1869, del Concilio Vaticano I.

Sabía que en Trento estaría en la Italia norteña, pero la proximidad de la cultura germánica se sentía en todas partes. Tal vez parezca un cliché, pero se respiraba una atmósfera de orden y limpieza, que no es la costumbre en Roma, Palermo y Nápoles, e incluso en Boloña o Génova. Trento perteneció al Imperio Austro-Húngaro hasta 1918, fue ocupada luego por Hitler, y finalmente devuelta a Italia en 1946, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. El alemán es una de las lenguas oficiales de la región.

Vista de Trento desde la loggia del Castillo del Buonconsiglio.
Vista de Trento desde la loggia del Castillo del Buonconsiglio. Fotos/William Navarrete

Lo mejor es hospedarse en uno de los hoteles del casco histórico y una vez en él encaminé mis pasos hacia el Castillo del Buonconsiglio, la edificación más monumental y residencia durante siglos de los príncipes-obispos que marcaron, a lo largo de sus gobiernos, sus diferentes dependencias. Algunos lo visitan creyendo que fue allí en donde se celebró el célebre Concilio, pero este tuvo lugar, en realidad, en el presbiterio de la Catedral y en la iglesia Santa María la Mayor.

Frescos en una de las galerías del Castillo del Buonconsiglio.
Frescos en una de las galerías del Castillo del Buonconsiglio. Fotos/William Navarrete

Buonconsiglio es una fortaleza del siglo XIII, ampliada en épocas en que predominaba el Gótico y convertida en residencia principesca a partir del XVI por el cardenal Bernard von Cles. Necesité de media jornada para recorrer sin prisa sus salas, torreones y jardines. La visita comienza por un museo que exhibe piezas de la Prehistoria y de la época prerromana, seguido por otras salas del periodo de ocupación de Roma, la llegada del cristianismo, la escultura y pintura de la Edad Media, la colección de bronces, monedas y medallas del Renacimiento, la de códices y cantorales medievales, un museo lapidario, la fabulosa colección de estampas y pinturas del XVI al XIX con piezas de las escuelas francesa, holandesa, alemana, española e italiana, una admirable muestra de capas y piezas de la vestimenta utilizada por obispos y cardenales desde el siglo XVI, así como una sala en donde se ve una curiosa colección de chimeneas de mayólica.

Durante el recorrido pueden apreciarse los frescos que decoraron numerosas salas. Se destacan los del llamado ‘‘Ciclo de los doce meses’’ que cubren las paredes de la Torre de l’Aquila, realizados entre 1390 y 1400 y atribuidos al Maestro Wenceslao; así como los del Romanino para la loggia renancentista del castillo, auténtico mirador desde donde se ve toda la ciudad y las montañas circundantes. También los de Guiseppi Alberti y Marcello Fogolino, de quien se destacan las escenas de la Historia y vida de Julio César, de mediados del XVI.

Una de las fachadas decoradas con frescos renancentistas en Trento.
Una de las fachadas decoradas con frescos renancentistas en Trento. Fotos/William Navarrete

De regreso al centro antiguo, me dirigí a la Plaza del Duomo, en donde se halla la hermosa Fuente de Neptuno (1769), con sus tritones, hipocampos y otras figuras alegóricas. Y frente a esta, la Casa Cazuffi-Rella, palacio del siglo XVI con doble fachada decorada con hermosos frescos atribuidos a Fogolino. Cierra la perspectiva del conjunto la célebre catedral de San Vigilio (Duomo), de estilo románico, construida sobre una antigua basílica paleocristiana de la que pueden verse los cimientos. La catedral, tal y como aparece hoy, se terminó en 1218 en estilo románico-lombardo. Desde el exterior se destaca el rosetón de su fachada principal con una Rueda de la Fortuna y, una vez dentro, los frescos de la leyenda de San Julián y la estatua de la Virgen de los Ahogados, ambos del XIV.

El Palacio Arzobispal y la Plaza del Duomo de Trento.
El Palacio Arzobispal y la Plaza del Duomo de Trento. Fotos/William Navarrete

A un costado vemos el Palacio Arzobispal y la Torre Cívica (siglos IX y XIII), que sirvieron de residencia oficial a los obispos tridentinos, antes de que se mudaran al Castillo del Buonconsiglio. Hoy en día, el edificio acoge el Museo Diocesano y una excelente colección de pinturas de la que sobresalen lienzos de Martino Teofilo Polacco, Carlotto Lotto, Orazio Giovanelli y Andrea Pozzo, entre otros, además de esculturas y retablos, así como el Tesoro, que contiene urnas procesionales, cetros, ostensorios y otros objetos litúrgicos de inestimable valor. También vemos lienzos de algunas sesiones del Concilio, como la inaugural (por Nicolo Dorigati), en Santa Maria Maggiore (de Elia Naurizio) y la del 15 de julio de 1563 (por Odette Pauvert-Tissier).

Fachada de la Catedral de Trento.
Fachada de la Catedral de Trento. Fotos/William Navarrete

De la plaza del Duomo parte la via Rodolfo Belenzani y a ambos lados se puede admirar un notable conjunto de palacios nobles (Geremia, Thun, Quetta-Alberti) con fachadas decoradas con frescos renacentistas.

Abundan en Trento los espacios verdes (la plaza Dante, por ejemplo, cerca de la encantadora iglesia románica de San Lorenzo), y la ciudad se ve muy animada gracias a la presencia de jóvenes que asisten a su conocida Universidad. Alrededor la piazza di Fiera y las via Mazzini, Santa Trinita y Roma hay muchos bares de copas y restaurantes, y lo esencial de las tiendas y otros comercios.

Trento es un sitio ideal para, desde Milán o Venecia, recorrer en auto la región de las Dolomitas y el Tirol austríaco. Y disfrutar también de la naturaleza, gracias a los bosques, las montañas y los lagos que la rodean.

William Navarrete es un escritor cubano residente en París, wnavarre75@wanadoo.fr

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