Viajes

Cigales: la tierra del clarete, del vino que se bebía en chato

Viñedos de la Bodega Valdelosfrailes en en Cubillas de Santa Marta, España.
Viñedos de la Bodega Valdelosfrailes en en Cubillas de Santa Marta, España.

Sus trazas datan del paleolítico inferior, cuando el sílex era el centro de este universo. Su ombligo productivo, edificado extramuros de la nuez urbanista, fue un barrio de bodegas subterráneo, que llegó a abarcar cuarenta mil metros cuadrados entre los siglos XVI y XVIII. El pueblo es Mucientes. Un pueblo con su polígono industrial prácticamente abandonado, detenido a doce kilómetros de Valladolid, capital de la provincia homónima, al noroeste de España.

Pensamos que en aquellos parajes de los Montes Torozos no vivía nadie. El pueblo aparentaba estar abandonado bajo un boscaje de postes con alambres eléctricos para llevar la luz, y chimeneas de ventilación construidas con piedras que parecían afincadas en la tierra desde tiempos inmemoriales. El inusual paisaje cobró sentido cuando nos confirmaron que el llamado cuarto de bodegas, como lo bautizaron los paisanos, estaba formado por cuevas excavadas a mano por el hombre, al uso de la arquitectura troglodita, y se usaban para conservar uvas y hacer vino artesanalmente.

Hoy cuesta creerlo, pero bajo esos montículos de tierra tostada donde han germinado las semillas con el paso de las estaciones del año, sudaban las uvas. En aquel tiempo, los racimos no se despalillaban; se tiraban a un habitáculo soterrado llamado cocedera, donde las pieles vegetales fermentaban al contacto con el calor y aparecía el gas con el característico chop, chop… La gente mayor de este pueblo solía decir: “Ha arrancado a cocer mi vino”, la razón de que la llamaran cocedera.

Senderos del Clarete. El rescate de la tradición de estas tierras se puso en marcha cuando la marca Cigales se oficializó en 1991 y se aprobó el reglamento de la Denominación de Origen en 2011.
Senderos del Clarete. El rescate de la tradición de estas tierras se puso en marcha cuando la marca Cigales se oficializó en 1991 y se aprobó el reglamento de la Denominación de Origen en 2011. Cortesía/Ana Lucía Ortega

La Tierra del clarete

Estamos en la tierra del clarete, del vino que se bebía en chato, en una tertulia improvisada al pie de una bodega hundida varios metros bajo tierra. El clarete es un vino joven que se elabora mezclando uvas blancas y tintas o a partir de los mostos de los hollejos, consiguiendo tonos menos intensos, ligeramente coloreados. La diferencia entre un clarete y un rosado reside también en la fermentación, que en los primeros tiene un periodo más breve y se interrumpe cuando alcanza esa palidez que los caracteriza. Han sido tradicionalmente los vinos más consumidos en España en las regiones vitivinicolas tradicionales.

En aquel tiempo, los racimos no se despalillaban; se tiraban a un habitáculo soterrado llamado cocedera, donde las pieles vegetales fermentaban al contacto con el calor y aparecía el gas con el característico chop, chop…
En aquel tiempo, los racimos no se despalillaban; se tiraban a un habitáculo soterrado llamado cocedera, donde las pieles vegetales fermentaban al contacto con el calor y aparecía el gas con el característico chop, chop… Cortesía/Ana Lucía Ortega

Treinta años atrás, un sábado o un domingo cualquiera, este lugar estaría lleno de vida. Los vecinos, sentados en los poyetes al pie de las fachadas, compartirían un chato con queso de cabra y hablarían de la vendimia y la producción de su vino. Eran tiempos en los que la bodega era el centro de la vida, los hombres elegidos para el servicio militar bajaban a ella en una suerte de rito de iniciación, los temas familiares se discutían entre esas paredes de piedra, acogiéndose a sagrado, y era territorio prohibido a las mujeres cuando menstruaban, porque estropeaban el vino.

Antiguo lagar en la Bodega, aula de interpretación de Mucientes.
Antiguo lagar en la Bodega, aula de interpretación de Mucientes. Cortesía/Ana Lucía Ortega

El rescate de la tradición de estas tierras se puso en marcha cuando la marca Cigales se oficializó en 1991 y se aprobó el reglamento de la Denominación de Origen en 2011. La comarca cigaleña se desplaza a ambos márgenes del río Pisuerga, colindando con las provincias castellanas de Valladolid y Palencia. Abraza trece municipios, entre ellos, el histórico Dueñas, villa donde se conocieron los Reyes Católicos en 1469 para contraer matrimonio; pernoctó el novelista francés Alejandro Dumas; y a principios del siglo diecinueve se refugió José I Bonaparte, cuya pasión por el vino le valió el mote de “Pepe Botella” según la leyenda. La historia también recoge el intento de inhabilitación —sin éxito— de la reina Juana “La Loca” en una propiedad aristocrática que por el siglo dieciséis todavía existía en la población de Mucientes.

Esta región española donde nos encontramos es, dentro de la península, el cuerno de la abundancia en cuanto a fortificaciones, iglesias y palacios seculares.
Esta región española donde nos encontramos es, dentro de la península, el cuerno de la abundancia en cuanto a fortificaciones, iglesias y palacios seculares. Cortesía/Ana Lucía Ortega

La ruta de los Castillos

Así como el avecindado clarete se reinventó en apetecibles rosados que hoy son degustados con absoluto placer, el castillo de los Señores de Valdetrigueros abrió al público en la villa medieval de Trigueros del Valle hace dos años, anunciando una exposición permanente fantasmagórica, con unicornios, dragones y otras criaturas mitológicas como protagonistas, que atraen a público de todas las edades. El Castillo Encantado como se ha bautizado, permite evocar imágenes oníricas en un escenario que no puede ser más auténtico que esta fortaleza del siglo XV, acreditada por los blasones de sus primitivos propietarios.

El Castillo palacio de Fuensaldaña erigido en la misma centuria por el sobresaliente linaje de los Vivero, se ha alzado como un escenario de moda para enlazar la interpretación del patrimonio castellanoleonés con exposiciones temporales y permanentes, que describen sucesos como la leyenda negra de esta familia, marcada para la posteridad por intrigas y homicidios. Las escaleras de caracol y la escénica torre del homenaje remozada, terminan por crear una atmósfera no menos sugerente que la de Juego de Tronos.

Hoy cuesta creerlo, pero bajo esos montículos de tierra tostada donde han germinado las semillas con el paso de las estaciones del año, sudaban las uvas.
Hoy cuesta creerlo, pero bajo esos montículos de tierra tostada donde han germinado las semillas con el paso de las estaciones del año, sudaban las uvas. Cortesía/Ana Lucía Ortega

Los senderos del clarete

Esta región española donde nos encontramos es, dentro de la península, el cuerno de la abundancia en cuanto a fortificaciones, iglesias y palacios seculares. Su genealogía está preñada de sucesos históricos desde tiempos romanos, y de construcciones populares inconfundibles, como las moradas rematadas con tejas de barro o las casas cueva de Trigueros del Valle, recientemente “desenterradas” con intenciones museográficas. Todo esto la transforma en un ideal caldo de cultivo para fomentar un turismo de proximidad, donde la naturaleza y la gastronomía, distinguida por sus caldos rosados cada vez más en auge, son un atractivo agasajo para los sentidos.

Con ese propósito nació la ruta senderista GR-296 que puede hacerse a pie o en bicicleta y recorre 93 kilómetros de territorio en 11 etapas, cada una de ellas con el nombre de pueblos de la comarca. El itinerario que comienza en Fuensaldaña y concluye en Santovenia de Pisuerga, fue homologado en 2019 por la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León, y la señalización, sustentada en base a materiales que se mimetizan con el paisaje, crean un ambiente más que deleitoso.

Vista de Cubillas de Santa Marta desde el campanario de la Iglesia.
Vista de Cubillas de Santa Marta desde el campanario de la Iglesia. Cortesía/Ana Lucía Ortega

Si nos dejamos llevar por el entorno, además de la juerga gastronómica, descubriremos costumbres e historia. Una curiosa parada será la de Valoria la Buena, pueblo varado en medio de una encrucijada donde los apicultores de la comarca del Cerrato, además de producir y comercializar variadas clases de mieles, ejercen el apiturismo, desentrañando la vida y milagro de una colmena, para regodeo de los visitantes a su aula de interpretación. También aquí se alza el Museo del Cántaro, único en su tipo de la península. Una colección privada donada al ayuntamiento, recopila la nada despreciable cantidad de setecientos cántaros. Algunas piezas datan de hace siglos y recorren parte de las geografías española y francesa, con el fin de salvar la memoria de este ancestral arte.

Las memorias

Mucientes nos enseñó que por estas tierras, antiguamente el vino se hacía por necesidad, al ser el alimento básico en la dieta. Un agricultor podía beber entre cuatro a seis litros diarios sin emborracharse y los niños lo merendaban mojando el pan con azúcar. Los cincuentones del pueblo aun reconocen que sus abuelos lo hacían. No estaba mal beber vino entonces. Y en la misma calle donde ahora se encuentra la Bodega (aula de interpretación de cuatro siglos de producción vinícola comarcal) hace cinco años escasos, alguna familia seguía fabricando vino al modo artesanal. Hoy las cuevas son museos y los claretes transmutados en rosados, compiten con vinos de calidad.

Callejeamos cada espacio, subimos escaleras de piedra (o bajamos porque es Cigales), degustamos bocados locales hechos con el mimo del artesano, y volvimos a escuchar y repetir esos refranes que nunca pasarán de moda: “El clarete de Cigales quita todos los males” o “El vino clarete te alegra el morrete”. Dimos la espalda al turismo frenético y nos sumergimos en la esencia de los lugares y las costumbres. El mundo ha cambiado, y nuestra mirada ya no es la misma.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA