Volcanes italianos: una erupción de belleza
Existen muchas maneras de recorrer Italia, descubriendo las innumerables maravillas de su cultura, obras de arte, pueblos y ciudades, monumentos, gastronomía, yacimientos arqueológicos y parajes naturales, y cada una de ellas ofrece experiencias y recuerdos inolvidables, pero hay un recorrido menos conocido y lleno de sorpresas y hermosuras: la ruta de los volcanes.
“La ruta de los volcanes italianos puede hacerse por tierra, mar y aire, solo hay que elegir la forma más adecuada para cada tramo”, explican, Enrique Sancho y Carmen Cespedosa, especialistas en turismo, viajes y gastronomía, que han efectuado este recorrido para descubrir las mejores opciones para disfrutarlo y recabar información actualizada sobre el terreno.
Por tierra se puede recorrer la ruta en moto, alquilando una Vespa, (www.vespaenjoy.it), y para hacer el recorrido por aire se pueden contratar paseos en globos (https://es.yumping.it), que salen desde Salerno, permitiendo observar los majestuosos templos de Paetum, o desde los alrededores del Etna, para sobrevolar el volcán, según explican Sancho y Cespedosa.
Aunque para estos expertos la mejor opción es hacer la ruta por mar, en un crucero por el Mar Mediterráneo, como el de CroisiEurope (www.croisieurope.es) con origen y final en la caótica y atestada Nápoles, y que no solo permite ver de cerca los volcanes, sino que además, incluye un descanso en la voluptuosa Capri, y un paseo por la bellísima Costa Amalfitana.
Historia preservada por las cenizas
La ruta de los volcanes empieza por el Vesubio, célebre por el destrozo que causó en el año 79 y todavía considerado como uno de los más peligrosos del mundo, ya que continúa activo y ha dado muestras de su ferocidad en decenas de ocasiones.
Aunque hay dudas sobre la fecha exacta de su gran erupción se cree que coincidió con la Vulcanalia, festividad romana en honor al dios del fuego Vulcano, pero se sabe que su columna eruptiva, subió más de 32,000 metros de altura y su nube de ceniza alcanzó una temperatura de 850 °C, según los expertos.
Esa ceniza cubrió y preservó la ciudad de Pompeya durante 1,600 años hasta que en unas obras al excavar un túnel subterráneo se descubrieron algunos de sus frescos romanos, con un alto contenido sexual, que finalmente se volvieron a enterrar.
Pompeya fue redescubierta en 1748, por medio de otras excavaciones, efectuadas durante el reinado del rey Carlos VII de Nápoles, más conocido como Carlos III de España,
Los restos rescatados en Pompeya, y en menor medida en Herculano, que no sufrió tanto la erupción, permiten conocer cómo fue la vida cotidiana de una ciudad de provincias del Imperio Romano, la cual ha permanecido inalterada.
Así, los historiadores y los 20,000 turistas a diarios permitidos, pueden ver sus numerosos frescos, incluyendo algunos eróticos que estaban en el burdel, y también conocer las pintadas y los ‘grafittis’ de la ciudad: carteles electorales, anuncios de contactos o quejas por un mal servicio en la posada de turno.
Aunque los mejores frescos pompeyanos están en el Museo Arqueológico de Nápoles, en cuyo interior también se pueden admirar mosaicos y estatuas de Herculano y Pompeya, pequeñas maravillas que sobrevivieron a la fuerza destructiva del Vesubio.
Sancho y Cespedosa consideran que “en Pompeya y Herculano se puede conocer la vida romana de hace dos mil años mejor que en el Foro o el Coliseo de Roma”.
La potencia del Strómboli
Esta ruta por mar está situada entre los tres volcanes más importantes y activos de Europa: el Vesubio por el norte, el Etna en el sur, en Sicilia, y casi enfrente, el Strómboli, en el corazón de las islas Eolias que presenciaron la Odisea de Homero y son Patrimonio de la Humanidad, y donde la mitología griega situaba la morada del dios de los vientos Eolo y la fragua de Vulcano.
La visión del Strómboli en medio del mar es abrumadora, sobre todo en las oscuridad del atardecer o la noche, cuando sus cumbres muestran el brillo y resplandor rojo de la lava, que cada alrededor de 20 minutos experimenta una explosión y discurre hasta el mar por la llamada ‘Sciara del Fuoco’, en un espectáculo único, visto desde un barco.
Por lo general sus llamaradas solo producen cenizas que cubren las mesas de las terrazas mientras los pocos turistas que se acercan continúan bebiendo, según los especialistas.
Muy cerca está una pequeña isla, Strombolicchio, que según afirma una antigua leyenda es el tapón del Stromboli lanzado al mar, aunque los geólogos la consideran parte de la chimenea de un volcán, destrozada por el embate de las olas y del viento.
Es un farallón vertical rematado por un pequeño faro blanco, ya sin farero, al que se accede subiendo 200 escalones, y en el que Julio Verne se inspiró para su obra ‘Viaje al centro de la Tierra’, en la que los protagonistas son expulsados con su balsa desde las entrañas de la tierra saliendo por la abertura del Stromboli tras la aventura que iniciaran en Islandia.
Las Islas Eolias, de las cuales forma parte la isla del volcán Stromboli, son un archipiélago volcánico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, donde se pueden admirar unos impresionantes paisajes insulares y costeros, según explican Sancho y Cespedosa.
El Etna, punto y aparte... y final
En el crucero por mar, cruzando el estrecho de Messina para llegar a Sicilia, también se pueden observar de cerca las constantes fumarolas del volcán Etna (Muncibbeddu en siciliano), que se alza con majestuosidad en medio de una gran variedad geológica y paisajística.
Símbolo de Sicilia en el mundo, es el mayor volcán activo de Europa y uno de los más altos, y está incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El paisaje que lo rodea es maravilloso: desde la franja costera con vistas al mar Jónico hasta la campiña con sus huertos de cítricos y viñedos, pasando por densos bosques de castaños y robles hasta la naturaleza árida cercana a la cumbre volcánica.
Sus cenizas, cráteres, cuevas y flujos de lava y la depresión del valle de Bove lo convierten en un importante paisaje cultural y un centro de investigación internacional sobre vulcanología, geología y otras disciplinas de las ciencias de la Tierra.
La Reserva Natural del Parque del Etna y el volcán se pueden explorar a lo largo de numerosos senderos naturales, ideales para disfrutar de un panorama inolvidable.
Una vista muy especial del volcán se observa desde Taormina, una terraza natural sobre el mar y la ciudad más elegante de Sicilia, en el mar Jónico, donde se puede degustar un helado de pistacho, la especialidad local, en uno de sus numerosos cafés al aire libre, divisando en la distancia el Monte Etna, siempre humeante, advirtiendo que nunca duerme, concluyen Sancho y Cespedosa.