La Costa Esmeralda: Un tesoro escondido de la Florida
A pesar de tener la playa siempre a nuestro alcance, los miamenses nunca perdemos la oportunidad de ir al Caribe: nos atraen sus aguas claras, su blanca arena y sus culturas. Sin embargo, pocas veces se nos ocurre montarnos en un avión para llegar a la Costa Esmeralda en el noroeste de la Florida, cuyas playas resplandecientes ofrecen una experiencia comparable a la del Caribe. Me atrevería hasta a decir que son las playas más hermosas del estado.
Situado en el Golfo de México entre las pequeñas ciudades de Pensacola y Panama City Beach, este destino es culturalmente tan diferente del sur de la Florida que se siente casi como viajar a otro país. Sin embargo, se puede acceder en un vuelo directo de American Airlines (inaugurado el 19 de diciembre) que dura tan solo dos horas.
En un reciente viaje al condado de Walton en la Costa Esmeralda aprendí que además del mar, esta parte de nuestro estado tiene interesantes pueblos históricos, lindos parques estatales y una gastronomía de gran calidad y variedad. Aquí encontré otra cara de la Florida en la cual el lujo consiste en poder saborear los pequeños momentos y en el que las horas pasan lentamente, como si el mismo sol quisiera quedarse más tiempo admirando esta encantadora costa antes de zambullirse en el mar.
Serenidad playera
Varios pueblos y ciudades pequeñas adornan la costa del Panhandle. Nosotros escogimos como campo base a Sandestin, una comunidad cerrada con diferentes hoteles y residencias, restaurantes, y zonas recreativas como campos de golf, marinas y senderos. Al ser huéspedes del lujoso Hotel Effie, teníamos acceso a todo esto y derecho a alquiler de bicicletas y kayaks sin costo adicional. El hotel también tiene un área reservada en la Playa Miramar, conocida por su “arena de azúcar” de suaves cuarzos que permanece siempre fresca al tacto, aun en los días más calurosos.
Desde Sandestin, pudimos fácilmente recorrer la costa, yendo de pueblo en pueblo. Esta parte de la Florida acoge varias comunidades que son el resultado de un movimiento de planeación urbana llamado el Nuevo Urbanismo. El ideal de sus proponentes es la construcción intencional de ciudades caminables (como rebelión contra la obsesión automovilística de Estados Unidos) en las cuales nace orgánicamente un sentimiento de comunidad. Los pueblos de Seaside y Rosemary Beach encarnan estas ideas, atrayendo visitantes con centros atractivos en donde se congregan restaurantes, tiendas y, en ciertos días, mercados agrícolas que ofrecen verduras frescas y productos hechos a mano.
Aunque las playas centrales de las comunidades son privadas y solo abren para residentes o personas que estén alojandose en la zona, también hay bellas playas públicas que no tienen nada que envidiarle a las privadas. Aquellos que quieran una experiencia de lujo pueden pagar entre $600 y $5,000 por el derecho de acceder a la zona residencial y la playa de Alys Beach, la comunidad planeada más exclusiva del condado.
Grayton Beach, por su parte, es un pueblo artístico y relajado que acoge a todo el mundo, desde familias a surfistas o turistas que vienen de paso. Su parque estatal epónimo tiene paddling en lagos de dunas costeras, caminatas por senderos y, por supuesto, playas paradisíacas. El pueblo es igualmente conocido por su Museo Subacuático de Arte que atrae a los entusiastas del buceo y el esnórkel.
Una sorprendente oferta culinaria
Todo buen viaje reta suposiciones que hemos establecido de antemano y que casi siempre son erróneas. La Costa Esmeralda puede no tener ciudades grandes, pero ofrece una variedad impresionante de restaurantes, cafés y bares que sirven ingredientes frescos y platos hechos con evidente cuidado y maestría.
Mis mañanas en este idílico lugar empezaban con un delicioso biscuit sureño en el Hotel Effie, hecho con la receta de la señora Effie, la abuela del dueño del hotel. Aunque normalmente los biscuits no son mi comida favorita, estos eran perfectamente esponjosos y evitaban la textura seca que es común en esta comida típica estadounidense. También es posible disfrutar de desayunos completos en el restaurante del hotel, Ovide. El menú de cenas de este restaurante me pareció creativo y de excelente calidad, con platos como codorniz frito con arroz Carolina gold, pastel de cangrejo al estilo de Maryland y cachete de res con scallops dorados.
Hubo dos restaurantes en el condado de Walton que le recomendaría a cualquier viajero: Iron & Grape y Roux 30A. El primero está ubicado en el diminuto pueblo histórico de Defuniak Springs (cuya biblioteca construida en 1887 es la más vieja de la Florida todavía en función). Comimos pasta fresca hecha a mano, acompañada de otros platos italianos como polpettes y calamares crujientes. El plato más memorable y delicioso fue pizza de canguro con camarones — una experiencia gastronómica que jamás me imaginé tener y que nunca hubiese esperado en un pueblo de tan solo 7,000 habitantes.
Roux 30A, en Santa Rosa Beach, trae al norte del Golfo de México un menú de degustación de seis platos hecho con ingredientes mayoritariamente locales y frescos. Las mesas comunales te obligan a conocer a los otros comensales, lo cual hace que la experiencia sea aún más agradable. Durante nuestra cena, por ejemplo, celebramos con una pareja que acababa de comprometerse. El restaurante sirve cada plato a todos los comensales al mismo tiempo, reforzando la experiencia compartida de su menú gourmet que cambia constantemente para reflejar ingredientes de temporada. Nosotros pudimos deleitarnos con creaciones como pez espada (con camarón rojo condimentado con especias africanas y servido sobre prosciutto y berenjena) y carne Wagyu de Australia (con ajo rostizado, salsa de champiñones y chocolate amargo).
En cuanto a coctelería, me parece imperdible Distillery 98, también en Santa Rosa Beach. Esta destilería invita a conocer un proceso de producción de vodka que requiere filtrar la bebida dieciocho veces con conchas de ostra y fibra de coco. El resultado — un licor fácil de consumir, con mucho sabor y una textura suave que permanece en el paladar por varios segundos — se puede degustar en el pequeño bar dentro de la destilería.
Es cierto que en Miami tenemos buena comida y playas lindas, pero en este viaje aprendí que la magia de la Florida a veces se esconde en los rincones tranquilos donde la arena es más suave y el mar color esmeralda brilla como un tesoro a descubrir.