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Praga en tres barrios: Ciudad Vieja, Malá Strana y Josefov

Detalle de la Plaza de la Ciudad Vieja con el Reloj Astronómico y la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn al fondo.
Detalle de la Plaza de la Ciudad Vieja con el Reloj Astronómico y la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn al fondo. EFE

La capital de la República Checa puede narrarse a través de sus barrios, construidos en distintos tiempos, pero solapados unos con otros. Pasear por ellos es cruzar culturas y naciones a cada paso, es ser testigo de los reinados, las dominaciones, las guerras, los imperios y las revoluciones a las que ha sobrevivido esta ciudad centroeuropea.

Entre arquitectura gótica, recuerdos del gueto judío, tranvías, el Moldava y edificios ‘art decó’, Praga es historia y magia, misticismo y cotidianidad, tradición y modernidad. Es un destino que no deja indiferente.

Vista panorámica de la Plaza de la Ciudad Vieja y la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn.
Vista panorámica de la Plaza de la Ciudad Vieja y la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn. Andrea Insa Marco EFE

Ciudad Vieja o Staré Mesto

Si Praga fuese un cuerpo, la Plaza de la Ciudad Vieja sería su corazón. Un conjunto medieval único de edificios góticos, renacentistas y barrocos que alberga el Ayuntamiento, cuya torre de 70 metros de altura, ofrece una vista panorámica de la ciudad y el Reloj Astronómico, uno de los más antiguos del mundo con 600 años de antigüedad. Su cuadrante astronómico indica las 24 horas del día, representa las posiciones del sol y de la luna en el cielo, además de otros detalles.

Como detalle, cada hora multitudes se agolpan bajo el reloj para observar cómo se ponen en movimiento las cuatro figuras que lo flanquean —alegorías de la vanidad, la avaricia, la muerte y la lujuria— y cómo desfilan figuras animadas que se corresponden a los doce apóstoles.

Dominando la plaza con sus torres góticas asimétricas y medio escondida tras las casas, la Iglesia de Nuestra Señora ante Týn destaca sobre el cielo de Praga. Su interior barroco contrasta con su exterior gótico y, en ella, está enterrado el astrónomo Tycho Brahe. La Casa del Minuto y el Palacio Kinsky son los otros dos monumentos que dan vida a la plaza.

La Biblioteca Barroca, dentro del Clementinum en Praga.
La Biblioteca Barroca, dentro del Clementinum en Praga. Andrea Insa Marco EFE

Callejeando por Staré Mesto, aparece el Clementinum, un enorme complejo arquitectónico de estilo barroco que alberga la Biblioteca Nacional de la República Checa, la Torre Astronómica, la iglesia de San Salvador y la de San Clemente, la sala de los Espejos —donde se puede asistir a conciertos de música clásica— y la Biblioteca Barroca, una impresionante sala repleta de libros y decorada con frescos y globos terráqueos.

En esta zona de la ciudad, también se erigió en 1475 la Torre de la Pólvora. En su momento, formó parte de la muralla de la ciudad —en su mayoría demolida— y actualmente es un reclamo turístico en el que se puede ver Praga desde las alturas.

El Puente de Carlos (Karlův most) es el monumento más icónico de Praga, una estructura gótica del siglo XIV (iniciada en 1357 por Carlos IV) que cruza el río Moldava. Conecta la Ciudad Vieja (Staré Město) con Malá Strana, adornado con 30 estatuas barrocas
El Puente de Carlos (Karlův most) es el monumento más icónico de Praga, una estructura gótica del siglo XIV (iniciada en 1357 por Carlos IV) que cruza el río Moldava. Conecta la Ciudad Vieja (Staré Město) con Malá Strana, adornado con 30 estatuas barrocas MARTIN DIVISEK MARTIN DIVISEK EFE

La Torre del Puente de la Ciudad Vieja se alza en el extremo oriental del puente de Carlos, ofreciendo la estampa más icónica de la ciudad y conectando la Ciudad Vieja con el barrio de Malá Strana. Construido en el siglo XIV, el viaducto está flanqueado por decenas de esculturas barrocas entre las que destaca, en el centro, la de San Juan de Nepomuceno. Con su aire de leyenda y sus panorámicas del Moldava, el monumento acoge durante el día a músicos, vendedores ambulantes y turistas. Y, con el amanecer y el atardecer, su atmósfera se transforma en algo casi místico.

El Castillo de Praga al fondo y en primer plano, el Puente de Carlos.
El Castillo de Praga al fondo y en primer plano, el Puente de Carlos. Andrea Insa Marco EFE

Malá Strana

La poderosa personalidad de Malá Strana, o “barrio pequeño”, con sus calles empedradas, sus fachadas de color pastel y pubs tradicionales, es el inicio del ascenso al Castillo de Praga, enclavado en la colina de Hradčany. En el camino, encontraremos la Iglesia de San Nicolás, una obra maestra del barroco construida entre 1673 y 1752 que destaca por su cúpula de 70 metros, sus frescos y su órgano.

Reinando la ciudad desde lo alto, el Castillo es el mayor complejo monumental de la ciudad y ha sido la residencia de reyes, emperadores y, actualmente, del presidente de la República Checa. Su interior es una lección de historia arquitectónica al reunir estilos que van desde el románico hasta el neogótico y varios edificios. Entre ellos, la Catedral de San Vito, obra maestra del gótico con vidrieras y una torre campanario, el Palacio de Lobkowicz, que alberga las colecciones de arte de la familia que le da nombre, y el callejón del oro, una pequeña calle conocida por sus casitas de colores, su vínculo con leyendas de alquimistas y por la casa número 22, donde vivió el escritor Franz Kafka entre 1916 y 1917.

El Muro de John Lennon, creado como homenaje al músico tras su muerte.
El Muro de John Lennon, creado como homenaje al músico tras su muerte. MARTIN DIVISEK EFE

En Malá Strana, cerca de la isla de Kampa —un refugio urbano a pocos metros del Puente de Carlos— destaca también el Muro de John Lennon, un símbolo de paz y libertad de expresión que surgió el 8 de diciembre de 1980 tras la muerte del músico cuando jóvenes checos lo convirtieron en un memorial, a pesar de que la música occidental estaba prohibida por el gobierno comunista de la época.

Josefov o Barrio Judío

Recorrer Josefov, el antiguo gueto judío de la ciudad, es recordar el pasado sombrío Praga: las lápidas erosionadas y superpuestas del Antiguo Cementerio Judío, algunas de las sinagogas más antiguas de Europa y monumentos conmemorativos del Holocausto.

Datada en la década de 1270, la Sinagoga Vieja-Nueva es la única aún dedicada al culto en este barrio. Exteriormente, es austera con su fachada de ladrillo rojo y su reducida altura, pero en su interior, tras atravesar la antesala, se revela un tímpano decorado con una hoja de vid en bajorrelieve y capiteles decorados con follaje ornamental. Por otro lado, la Sinagoga Española es un ejemplo de arquitectura de inspiración arábigo-andaluza: arabescos dorados, grabados en las puertas, una enorme cúpula dorada o coloridas vidrieras. Construida en 1868, es la más grande de la ciudad y símbolo de la comunidad judía checa emancipada.

Y los muros de la Sinagoga Pinkas, parte del Museo Judío de Praga, están cubiertos con los más de 80,000 nombres de judíos checos que no sobrevivieron a la exterminación nazi durante la II Guerra Mundial.

Oasis urbanos y modernidad

Más allá de lo urbano, Praga también ofrece refugios naturales en los que respirar y parar. Ubicado en lo alto de una colina bañada por el Moldava, el parque Letná es el espacio verde más grande de la urbe con una extensión de 52 hectáreas y un lugar repleto tanto de locales como turistas.

Otro espacio natural relevante, al que se accede andando desde el Monasterio de Strahov o cogiendo el funicular desde Malá Strana, es el Monte Petrin. En su cima se alza la Torre Petrin, inspirada en la parisina Torre Eiffel, que permite contemplar la ciudad. También es posible recorrer los jardines reales o recorrer el laberinto de los espejos.

Praga no es solo historia y arquitectura antiguas, también alberga la Casa Danzante, un icono de la arquitectura contemporánea diseñada por Frank Gehry y Vlado Milunić. Su forma ondulante y de líneas curvas rompe con la armonía clásica del entorno barroco, gótico y ‘art nouveau’ de su alrededor.

Mp
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