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Jerusalén: el júbilo es la mejor venganza en la ciudad de oro y luz


Una turista frente a el Muro de los Lamentos en Jerusalén, Israel.
Una turista frente a el Muro de los Lamentos en Jerusalén, Israel. Getty Images/iStockphoto

Para alguien que no es religioso, quizás Israel no sea de gran interés. Confieso que me interesaba ese país más por su historia milenaria que por tener una experiencia espiritual. Después de llegar a Tel Aviv y quedarme en elHotel Ritz Carlton (Herzliya) frente a la playa, viajé a Jerusalén con un divertido grupo, invitados por Americas Voices for Israel, organización que educa al público sobre Israel. En la próxima semana comprobaría por qué para Israel, parafraseando a Noel Coward, el júbilo es la mejor venganza.

Después de visitar Nazaret, Capernaum y el río Jordán –en el que cientos de personas se bautizaban– llegamos a la legendaria capital de Israel, Jerusalén, sagrada para tres religiones: la judía, la cristiana y la musulmana. Con sus estrechas calles empedradas, antiguas casas construidas con la piedra de Jerusalén y destinos religiosos tales como el Muro Occidental o de los Lamentos, el Santo Sepulcro, el Monte Carmelo y el Monte de los Olivos, Jerusalén resulta un incomparable destino turístico y religioso.

Se cuenta del Monte Carmelo, que el Rey Salomón, hijo del Rey David, compró una roca para hacer un templo, donde colocó el Arca de la Alianza que Yahvé le dio a Moisés. El Segundo Templo lo construyó Herodes y lo destruyeron los romanos en el 70 A.D. (Anno Domini o Nuestra Era.) Actualmente se ubican allí el Domo de la Roca, venerado por los musulmanes porque alberga la Roca Fundacional donde Abraham iba a sacrificar a su hijo, y la Mezquita de Al-Aqsa (710 A.D.), el tercer lugar más importante del Islam, desde el cual subió al cielo Mahoma. Parte del muro exterior que rodea la mezquita es el Muro de los Lamentos (resto de la muralla exterior al Templo de Salomón).

La Ciudad Vieja tiene ocho puertas en sus murallas del s. XVI. Comenzamos el paseo por la Puerta de Jaffa, antigua entrada de la fortificación, usada por los peregrinos cristianos y judíos. La Puerta de las Basuras es el nombre de la que lleva al Muro Occidental, ya que en tiempos antiguos llevaban allí los residuos. La más impresionante es la Puerta de Damasco, con mercados en el interior.

Hay cuatro barrios en la Ciudad Antigua: el judío, el cristiano, el árabe y el armenio. En el Barrio Judío, del s. VIII a. C., hay numerosas sinagogas, museos y casas. Antes de visitar el muro nos habló el rabino que está a cargo del mismo. Nos contó que el Rey Salomón habló con Dios y pidió que cualquier persona que viniera al muro pudiera recibir respuesta generosa a sus plegarias sin importar su religión. Añadió que “los judíos no tienen monopolio sobre Dios y el que lo crea no tiene Dios”.

Los cristianos dominaron Jerusalén entre el 313-636, bajo el imperio Bizantino y les prohibieron a los judíos la entrada a la ciudad, salvo un día al año para lamentarse de la destrucción del Templo de Salomón, reconstruido por el Rey Herodes. Como cientos de creyentes y turistas coloqué un papelito diminuto entre las grietas del muro, expresando mis deseos de paz para Israel y el mundo, y libertad para Cuba, inspirada por el salmo del Rey David: Desead la paz a Jerusalén:/ ‘Vivan seguros los que la aman,/ haya paz dentro de tus muros,/ seguridad en tus palacios’.

La celebración del Chabad fue inolvidable, gracias a dos norteamericanos que dieron la bienvenida a 29 diversas personas a su bella casa en la Ciudad Vieja. Desde las terrazas, disfrutamos de la vista de la mezquita bajo la cual está el templo. Luego de orar nos sirvieron la cena y un pan de challah. Las mujeres encendimos docenas de velas en antiguos candelabros de plata. Después todos fuimos al muro, donde cientos de jóvenes saltaban de alegría. Volvimos a la casa emocionados y cada invitado contó algo de su historia. Esa noche percibí un gran sentido de comunidad, de parentesco humano, y de celebración del momento presente. Conocí a jóvenes, hombres y mujeres, que sirven en el ejército y que modestamente hablaron de sus peligrosas experiencias. Sentí la energía que emana de la intensa espiritualidad y regocijo que sienten los judíos israelíes. Como dijo el guía, los judíos valoran la vida y la paz mientras que otros sueñan con matar y sufrir martirio para lograr la vida eterna.

El barrio cristiano se extiende desde la Puerta Nueva hasta la Puerta de Jaffa. Por la Vía Dolorosa o Estaciones de la Cruz (Viacrucis) seguimos los pasos de Jesucristo, desde que lo arrestaron hasta su crucifixión y sepultura. Cargó la cruz desde el Puerto de San Esteban hasta la parte occidental de Jerusalén, terminando en la iglesia del Santo Sepulcro y el Sepulcro del Salvador. Las últimas cinco estaciones están en esta iglesia: el Calvario donde Jesús fue crucificado, y el lugar donde fue sepultado y resucitado. Recomiendo visitar esta iglesia muy temprano o muy tarde, pues las colas para entrar en el Sepulcro son muy largas. En este barrio también hay tiendas con exóticos productos, restaurantes y hoteles.

El museo Yad Vashem muestra el horro del holocausto y atesora el nombre y la memoria de cuatro millones de sus víctimas con documentos, fotos, películas y afiches. La joven guía española judía nos impresionó al decir: “Que yo esté aquí es una victoria”. Al final el museo se abre hacia un hermoso paisaje de Jerusalén. A pesar de la increíble crueldad de los nazis, que les quitó la vida a seis millones de judíos, millones han sobrevivido, tienen su propio país y construyen el futuro con esperanza y entusiasmo.

En Jerusalén no solo pude comprar sedas y caftanes en las tiendas de la Ciudad Vieja. También hay sofisticadas tiendas y restaurantes en la Avenida Mamilla, al lado del moderno Hotel David Citadel. Hay que ver la extraordinaria colección de arte, desde lo antiguo hasta lo moderno, en el Museo de Israel. Sus exposiciones arqueológicas incluyen el Santuario del Libro, que alberga los Rollos del Mar Muerto, los más antiguos manuscritos bíblicos del mundo. Sus obras de arte surrealista de artistas como Magritte y Miró son extraordinarias y son magníficos los retratos de Golda Meir, Ben Gurion y otras personalidades históricas de Israel, hechos por Andy Warhol.

En la noche primaveral corre la brisa por las sinuosas calles de Jerusalén. Admiramos los antiguos edificios iluminados y nos sentimos hechizados y felices contemplando su belleza milenaria que nos recuerda al salmo del Rey David:

5:12 Así se alegrarán los que en ti se refugian/ y siempre cantarán jubilosos;/ tú proteges a los que aman tu Nombre, / y ellos se llenarán de gozo.

En camino a Tel Aviv visitamos Masada, fortaleza y palacio construidos por el Rey Herodes al estilo romano, para proteger a su familia durante la invasión de Judea en 40 a. C. Es legendaria por el asedio a refugiados judíos de Jerusalén por parte de 9.000 romanos. Los romanos los derrotaron (73 A.D.), pero casi 1,000 judíos apertrechados en la gran fortaleza se suicidaron antes que convertirse en esclavos. Masada es símbolo de la resistencia judía ante los que los amenazaban. Allí comprendimos mejor la interminable batalla que han librado los judíos a través de los siglos para tener una nación libre y su capacidad de resistencia.

Nos bañamos más tarde en el Mar Muerto, el lugar más bajo del mundo, 400 metros bajo el nivel del mar. Por su elevada salinidad no permite vida alguna y por eso se flota sin esfuerzo en este fabuloso lago terapéutico. Con las rodillas colocadas en el fango lleno de minerales del fondo del “mar”, comprobé que me aliviaba de todo dolor.

Israel es un país que demuestra lo que se logra cuando un pueblo trabajador, inteligente y enérgico lucha sin tregua para realizar su visión en una sociedad democrática. Inspira por la tenacidad, ingenio y dedicación de su gente y, especialmente, por su fruición por la vida. Trabajan, oran, celebran, bailan, cantan, luchan y confrontan los retos internos y externos con valentía. Al fin tienen un país; al fin recuperaron Jerusalén; al fin celebran su fe abiertamente. Lo que dice el Salmo 137:5 puede también aplicarse a Israel: Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza./ Mi lengua se pegue a mi paladar si de ti no me acordare;/ Si no enalteciere a Jerusalén/ Como preferente asunto de mi alegría.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de septiembre de 2015, 1:11 p. m. with the headline "Jerusalén: el júbilo es la mejor venganza en la ciudad de oro y luz."

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