Viajes

Curiosas tradiciones navideñas europeas

Una mesa con platos típicos navideños de Bulgaria.
Una mesa con platos típicos navideños de Bulgaria.

En una región más pequeña que Chile o Venezuela, desde la República Checa a Bulgaria y desde Rumanía a Croacia, la tradiciones varían enormemente, con elementos paganos, del cristianismo ortodoxo, el catolicismo e, incluso, de las dictaduras comunistas que intentaron silenciar el carácter religioso de las fiestas.

SILLA PARA VER LAS BRUJAS

Una de las tradiciones más originales de las semanas del Adviento es la preparación en Hungría de la llamada silla de Luca, que se inicia el 13 de diciembre y debe estar terminada para el 24.

Su factura es sencilla, apenas un tablón y cuatro patas, pero su importancia era grande en el pasado, en esos últimos días del año, cuando las noches son más largas y la gente temía a los seres que poblaban la oscuridad.

Según la tradición, si uno se lleva la silla a la misa del Gallo en la medianoche del 24 de diciembre, y se sube a ella, puede reconocer a las brujas escondidas entre los vecinos.

Hoy ya se practica menos, pero en Hungría aún persiste el llamado desfile de Belén, cuando los niños y niñas representan en las calles el nacimiento de Jesús.

Aquí, los personajes bíblicos se mezclan con otros personajes vestidos con máscaras y que van haciendo ruido para espantar a los fantasmas.

DANZAS DE OSOS Y CABRAS

También en la vecina Rumanía, más al sureste de Europa, es costumbre que los niños vayan en procesiones el día 24, anunciando de puerta en puerta la buena nueva del nacimiento del Niño Jesús.

Los pequeños llevan una estrella de madera cubierta con papel brillante y decorada con campanas y cintas de colores y cambian el mensaje de la llegada del Mesías por dinero o dulces, como el “cozonac”, un pan relleno de crema y nueces.

Una de las tradiciones más peculiares es la llamada ‘danza de los osos’. Aunque originaria de la región nororiental de Moldavia, hoy día se puede ver también en otras zonas de Rumanía.

Acompañadas de su domador, un grupo de personas disfrazadas de osos desfilan por las calles y bailan con un ritmo frenético hasta que fingen caer muertos en el suelo.

Tras desfallecer, el domador simula arrancarles el corazón y los animales “resucitan” ya más calmados y dóciles, en una ceremonia que simboliza el sometimiento de la naturaleza, la purificación de la tierra para que sea fértil y la expulsión de los malos espíritus.

Otra danza pintoresca rumana típica de las navidades es la de la cabra, en la que se recrea a este animal con un armazón articulado, hecho de madera y cubierto con una manta adornada con lazos multicolores, borlas y trozos de espejos y que simboliza la muerte del año que se acaba.

GASTRONOMÍA VARIADA

En lo gastronómico, las tradiciones en esta zona de Europa van, desde el casi inevitable pescado en Nochebuena en las mesas húngaras, checas o croatas, a la frugalidad de los platos en Bulgaria o al cerdo que se come en Rumanía.

En la República Checa, la cena de Nochebuena es tradicionalmente sobria, con la carpa rebozada como plato principal, que suele estar precedido por una sopa también de carpa. Las escamas del pez se ponen debajo del plato o se guardan en monederos, como deseo de buena suerte y prosperidad.

Las patas de la mesas son, a veces, atadas entre ellas con cordeles, que simbolizan la unidad de la familia, y es tradición también dejar una silla vacía, en recuerdo de alguien querido que no pudo asistir.

También en Bulgaria la cena es austera y sin carne, ya que esa noche se acaba la Cuaresma de Navidad. En las mesas búlgaras se sirve trigo hervido, frijoles, frutas y pan. La creencia es que es la mesa debe haber una muestra de todos los ingredientes típicos de la región correspondiente y antes de comer se bendice la mesa con incienso, un rito pagano para ahuyentar a las fuerzas del mal, pero que se ha cristianizado y hoy se realiza con una oración rezada por el más anciano de la familia.

Alrededor del pan se desarrolla una de las tradiciones más típicas de la Navidad búlgara. Para cocinarlo, debe usarse un agua “mágica”, traída de una fuente por una mujer soltera que debe amasar la harina.

En la masa de esconde una moneda y ramas de cornejo, un arbusto de la familia de las cornáceas, que simbolizan buenos deseos como salud, riqueza, una nueva casa o matrimonio para el siguiente año. A medianoche, se reparte el pan y cada miembro de la familia recibe un buen augurio diferente.

EN CROACIA, PESCADO

También en la república ex yugoslava de Croacia, uno de los países más católicos de la región, se come pescado en Nochebuena, sobre todo bacalao, mientras que el día de Navidad se prepara un almuerzo de gala en el que ya se incluye la carne, generalmente pavo o cerdo, y pasteles y delicias preparadas en días anteriores.

Al día siguiente a la comida navideña, en Bulgaria, es una tradición mantenida en las zonas rurales sacrificar a un cerdo que se ha estado criando todo el año.

Lo mismo ocurre en Rumanía, aunque aquí la matanza tiene lugar sobre el día 23 de diciembre. Es un ritual antiguo para preparar diversos tipos de fiambres y embutidos que ayuden a soportar las bajas temperaturas del duro invierno que queda por delante.

En muchos países del centro y este de Europea son típicos los mercadillos de Navidad, en los que se ofrecen productos típicos navideños, tanto gastronómicos como de decoración, y en los que la gente se para a tomar un vino caliente o algún tentempié, pese a las bajas temperaturas.

Los de Praga y Budapest, por ejemplo, se han convertido en auténticas atracciones turísticas, siguiendo el ejemplo de Viena, donde desde hace siglos ya se vive esta tradición. Pero más allá de las celebraciones y la comida, las Navidades están marcadas, sobre todo para los más pequeños, por los regalos.

EL NIÑO JESÚS PUDO CON EL ABUELO INVIERNO RUSO

En la República Checa, la tradición del ‘Jezisek’ o Niño Jesús, no sólo resistió a los intentos de las autoridades comunistas de implantar el Ded Moroz ruso (Abuelo Frío), un personaje más neutral y libre de connotaciones cristianas, sino que sigue resistiéndose a desaparecer en uno de los países con mayor proporción de ateos.

Pese a la persecución religiosa durante la dictadura (1948-1989) y el ateísmo actual, el ‘Jezisek’ sigue trayendo los regalos a los niños en la noche del 24 de diciembre.

Este personaje está ligado a los grandes regalos, que llegan en la vigilia del día de Navidad, mientras que los pequeños presentes, como mandarinas, figuras de chocolate y otras golosinas, llegan con ‘svaty Mikulas’ (San Nicolás) en la noche del 5 al 6 de diciembre.

También en Hungría, los niños abren, en la noche del 24, los regalos que deja el ‘Jézuska’, la versión del ‘Jezisek’ checo, debajo del árbol de Navidad.

Durante la era comunista el régimen impuso la figura del Télapó, el Abuelo Invierno ruso, una figura que también en la Hungría democrática no puede competir en popularidad con la tradición cristiana.

En Croacia, la dictadura socialista en Yugoslavia impuso desde el ateísmo, la celebración del Año Nuevo en lugar de la Navidad y la sustitución de San Nicolás y del Niño Jesús por el Djed Mraz (Abuelo Invierno).

Con la caída del comunismo y la violenta desintegración de la Federación yugoslava, la población retornó masivamente a las tradiciones católicas.

Pero a consecuencia de las variadas influencias existe una confusión, a veces cómica, entre cuatro personajes que traen ahora los regalos en este país: el Niño Jesús, el Abuelo Navideño, Papá Noel y San Nicolás.

En Rumanía también es San Nicolás, el día 6 de diciembre, el que tiene la exclusiva de repartir alegría entre los más pequeños, aunque en los últimos años el Papá Noel anglosajón ha ido introduciéndose en el calendario de muchas familias.

  Comentarios