Curazao, para celebrar la llegada del verano
Sí, está llegando el verano. Y es hora de celebrar. Pero, ¿cómo hacerlo? En realidad, hay muchas maneras. Una de las mejores es, por ejemplo, zarpar en uno de esos cruceros que navegan por el Caribe. Hoy día existen tantas opciones en cuanto a precios, duración y destinos, que no hay excusas para no embarcarse en uno de ellos. La mayoría de las líneas de cruceros, tanto los que zarpan del Puerto de Miami como los que lo hacen desde el de Everglades, ofrecen una amplia selección de itinerarios. Hay varias rutas caribeñas: las del oeste visitan los puertos de Cozumel, Gran Caimán, Montego Bay, Ocho Ríos y Nassau, por sólo citar unos pocos; las del este hacen paradas en La Romana, St. Lucia, St. Maarten, San Juan, St. Thomas y St. Kitts. Otras rutas se dirigen hacia las Islas de Sotavento y realizan paradas en algunas de ellas, como la de Curazao, situada a menos de 50 millas de la costa noroeste de Venezuela.
Uno de los principales atractivos de Curazao son sus playas, algunas muy buenas, como las de Blauwbai, una de las más grandes; Daaibooibaai, pública y muy tranquila; y Grote Knip, enclavada en una bahía de media luna. Las tres, sin embargo, están un poco alejadas de Willemstad, la capital de la isla, que es precisamente donde atracan los cruceros. Y es desde esta histórica ciudad, famosa por su arquitectura colonial neerlandesa, desde donde parten las excursiones que los cruceros ofrecen a los pasajeros. Algunas de ellas combinan un recorrido por los lugares de interés de la isla con una parada en la playa, que puede ser en la llamada Mambo Beach o en la de Kontiki. Otras incluyen visitas al Acuario, donde se puede interactuar con los delfines; al Museo de Curazao, donde pueden verse obras de arte contemporáneo así como el primer avión que cruzó el océano desde Europa; a la llamada Mansión de Chobolobo, donde se encuentra instalada la refinería que fabrica el famoso licor Azul de Curazao y a la que se llega a través del Puente de la Reina Juliana, el más alto del Caribe. Otras excursiones visitan el Parque Nacional de Boka Tabla y la Granja de Avestruces de Curazao, una de las pocas que existen fuera de África. En fin, son muchas; y varían dependiendo de la línea de cruceros que sea.
Pero quienes prefieren moverse por su cuenta, pueden caminar hasta el centro de la ciudad, que se compone de los barrios de Punda y Otrabanda. Punda, fundado en 1634 (cuando España perdió la isla a manos de los neerlandeses), es el más antiguo de los dos y también el más turístico, pues sus pintorescas fachadas (pintadas de azul, amarillo y rosado) y los numerosos restaurantes y bares que se alinean frente a ellas en uno de los espigones de la bahía de Santa Ana, son los que más atraen a los visitantes. A lo largo de ese mismo espigón también puede verse el llamado Mercado Flotante, un poco al estilo del de Bangkok, donde se venden frutas y verduras traídas desde Venezuela. Para llegar a Punda hay que cruzar el puente de la Reina Emma, el único puente flotante de madera del mundo, construido en 1888.
Otrabanda, por su parte, fue fundada en 1707 y es considerada como el centro cultural de Willemstad. Su nombre significa “la otra orilla” en papiamento, lengua criolla cuyo léxico proviene, principalmente, del español y el portugués, mezclado además con palabras de origen neerlandés, inglés, francés y varias lenguas africanas. Otrabanda era un barrio de callejuelas laberínticas donde vivía la clase obrera y la población de color libre de los siglos XVIII y XIX, en la época en que el Fuerte Rif, una de las ocho fortalezas de Curazao, fue construido para proteger la entrada de la bahía y la misma ciudad. Pero todo eso cambió desde que en 1998 el empresario holandés Jacob Gelt Dekker compró 100 casas coloniales y las convirtió en un próspero complejo hotelero donde también hay tiendas, restaurantes y bares. En esa misma área, Dekker también construyó el Museo Kura Hulanda, dedicado a la esclavitud. A pocos cuadras de allí, frente al Puente de la Reina Emma, se encuentra la Plaza Brión, el mejor lugar para fotografiar las coloridas casas de Punda.
De regreso al barco, en el mismo muelle, se pueden hacer algunas compras de última hora pues muchos comerciantes de Curazao venden sus productos en pequeñas y coloridas tiendas que se alinean a lo largo de una calle que corre junto a las aguas de la bahía. Curazao es solo una de las varias paradas del crucero. Esperando por usted pueden estar Aruba, Caicos & Turk, St. Thomas y St. Kitts. Y muchas islas más.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2016, 3:29 p. m. with the headline "Curazao, para celebrar la llegada del verano."