Viajes

36 horas en Casablanca, Marruecos

Rick's Café en Casablanca, Marruecos.
Rick's Café en Casablanca, Marruecos. BLOOMBERG NEWS

Marrakech y Fez hechizan a los turistas con sus costumbres antiguas, y Tánger y Esauira con su contracultura exótica, pero Casablanca, la ciudad más grande de Marruecos, es un puerto cosmopolita del Atlántico, una seductora mezcla de tradición y progresismo. Con raíces romanas, planeación de capital francesa y un nombre portugués (posteriormente cambiado al castellano) que data del siglo XVI, la ciudad conserva una elegancia de mitad de siglo con toques modernos, incluyendo un elegante sistema de tranvía en su centro. En la parte más antigua de la ciudad, los viajeros pueden comprar fresas y huevos en carritos con ruedas, comer emparedados fritos al momento justo afuera de la mezquita e involucrarse con los locales, quienes siempre parecen estar dispuestos a compartir sus caminos por la historia y geografía de la ciudad. Luego de un breve viaje en taxi, los visitantes pueden consentirse con una juerga de compras de lujo en Galeries Lafayette, ver una película en 3-D o echar un ojo a un acuario de tres pisos. Esto va por ti, muñeca.

Viernes

Mediodía

Al mercado

Al contrario de los desbordados laberintos de Fez y otras ciudades marroquíes, el mercado central de Casablanca es pequeño y manejable. Estantes de paredes blancas con techos de tejas verdes de arcilla salpicados con follaje hacen de todos los fondos “Instagramables” que necesitará. Los comerciantes venden productos, nueces y dátiles y, en un estante, aceite de argán, el elixir tradicional marroquí para casi todo. Quédese lo suficiente y eventualmente verá alinearse a los vendedores para el llamado a la oración, y después únaseles en un rápido almuerzo de tajín, servido en mesas al aire libre.

Jugo rápido

Las cafeterías son tradicionalmente refugio de los hombres marroquíes, quienes se entretienen tomando té de menta y café fuerte. Visite El Frutero, una barra de jugos de colores brillantes situada cerca del mercado, es punto de reunión de primera para bandadas de mujeres jóvenes, amigos y estudiantes. Frutas y nueces cuelgan del techo en bolsas, y puede ordenar un cóctel de fruta combinada aproximadamente 20 dírhams, alrededor de 2.35 dólares a un tipo de cambio de 8.55 dírhams por dólar.

5 p.m.

Visite una mezquita

Completada en 1993 luego de muchos años de construcción, la mezquita Hassan II es de las más grandes de Africa, y por añadidura tiene uno de los minaretes más altos del mundo. Gracias a su ubicación costera, y al láser en la cima del minarete que apunta hacia la Meca, es una de las construcciones más impactantes de Marruecos. También, es de las únicas mezquitas que permiten la entrada a sus salas de gente no musulmana. Tome un taxi al ocaso para ver parejas locales paseando sobre la costa, comiendo garbanzos rociados con sal o papitas fritas frescas vendidas en carretillas dentro de conos de papel (12 dírhams) en medio de la bruma. La aireada plaza frente a la mezquita estará salpicada de familias; los niños la tratarán como patio de juego, halando de arriba abajo sus patines del diablo. La mezquita es una vista imponente, pero también es una vista agradable; todos los días se ofrecen boletos para recorridos, en varios idiomas, en la entrada.

9 p.m.

De todos los bares

Cierto, Rick’s Cafe es un destino turístico, un pastiche que no tiene nada que ver con el clásico cinemático de 1942, que fue filmado en un escenario de California. Pero es un pastiche encantador inaugurado por un ex diplomático estadounidense, con prístina arquitectura tradicional (vanos arqueados y pisos de mosaico) y un pianista marroquí (Issam Chabaa) que tintinea popurrís de los famosos As Time Goes By y My Way, de Sinatra (la película también se reproduce constantemente en el lugar). Que los meseros lleven gorros fez quizás sea un poco exagerado, pero la iluminación es sensual y cualquier cursilería es fácilmente perdonable cuando se pone cómodo en el bar para disfrutar de un Negroni bien preparado (aproximadamente 115 dírhams).

Sábado

11 a.m.

Oasis verde

El Parc de La Ligue Arabe, el espacio verde más grande de la ciudad, se sitúa detrás de un amplio boulevard alineado por árboles y lleno de cafeterías. Su explanada central, abastecida con palmeras y arbustos florecientes, ofrece un respiro para el tráfico y la arena urbana. En una punta hay niños vestidos con jerséis de colores practicando fútbol; en la otra, abuelos jugando petanca animadamente. El único ruido son las aves que gorjean y el golpe de las pelotas. Adiós a la descompensación horaria.

Mediodía

Descanso de arte

A una breve caminata desde el parque se encuentra la Villa des Arts, situada en un edificio Art Deco de 1934; un edificio blanco, por supuesto. Escaleras de mármol blanco y negro y decoración de hierro forjado ponen de relieve exhibiciones de pinturas contemporáneas y esculturas de Marruecos y del exterior, en salas ventiladas. La admisión es gratuita, y el museo también alberga conciertos y lecturas regulares. Para un ambiente menos institucional, también hay un paisaje de arte de vanguardia, con exhibiciones ocasionales, en un viejo matadero localizado en una parte de la ciudad en estado de abandono; el Bushwick of Casablanca, con obras igualmente aventureras.

1:30 p.m.

Almuerzo (¿o brunch?)

Con su elegante apariencia (bancas plateadas, iluminación colgante), el Mood Café, localizado en el Barrio Gauthier, una zona que está de moda, fácilmente podría estar en Miami o Los Angeles. Residentes de Casablanca con onda moderna se congregan con computadoras portátiles en las mesas blancas y sillas brillantes, aprovechándose del Wi-Fi gratuito y de la comida ligera del menú (emparedados y jugos frescos). La ensalada de la casa es una interpretación marroquí de la ensalada del chef, con jamón, queso Brie, maíz, aceitunas y nueces con un cremoso aderezo; de alguna forma, sabe bien. El restaurante también tiene un popular especial de brunch con menú de batidos, en vez de la mimosa estadounidense. Espere gastar aproximadamente 200 dírhams por el almuerzo o el brunch, por dos personas.

4 p.m.

Comprando y bebiendo

El Barrio Gauthier es una zona de compras de alta gama, con tiendas de muebles de diseñador, galerías, salones y boutiques internacionales como Hugo Boss agrupadas sobre la calle Rue Jean Jaurès. Empañe aparadores o gaste algunos dírhams con los adinerados; eche un ojo a los descuentos en líneas modernas de ropa de mezclilla manufacturadas en Casablanca. Después, pavonee sus galas en Le Chester’s, un nuevo lugar para ver y ser visto entre los locales y expatriados franceses. Es popular para el happy hour o para salidas más tardías o más de salón. Bajo paredes iluminadas en verde neón decoradas con imágenes de Mick Jagger y Stevie Wonder, y con los Jackson 5 y Amy Winehouse en la pista sonora, la clientela fuma y coquetea mientras come hamburguesas con queso. Los restaurantes donde no se permite fumar son una rareza aquí; las mesas están llenas de mujeres emperifolladas al estilo Sex and the City.

8 p.m.

Cena y espectáculo (gratuito)

“Es vino sin alcohol”, dijo el mesero mientras me servía una copa. “En Marruecos, el alcohol es solo para los hombres, no para las mujeres”, explicó. Un segundo. “¡Es broma!”, exclamó alegremente. Inaugurado en 1958, dijo el mesero, el restaurante familiar Al-Mounia es una institución de Casablanca; Jimmy Carter comió aquí. El veterano personal parece gozar de diversiones clásicas en cada oportunidad; “¡Turista!”, dijo el mesero a mi acompañante de cena, pretendiendo que había cometido un error para la cena. Afortunadamente, el menú tradicional es animado y aderezado con estilo: la sopa harira vino con un grueso triángulo de limón y un plato de higos; la pastilla, con un espolvoreo de canela y azúcar; cuscús efervescentemente mullido con zanahorias y calabaza y una olla de fragante caldo. Disfrútelo bajo el pimentero del patio mientras los meseros lo entretienen. Espere pagar aproximadamente 400 dírhams por la cena para dos personas.

10:30 p.m.

Bailando y escuchando música improvisada

La franja de clubes y salones sobre el boulevard costero de La Corniche se inclina al salto de bar en bar (especialmente porque de hecho sirven alcohol). Empiece en el sencillo y nada pretencioso La Calèche, un bar de sótano oculto en una calle secundaria cercana al Hotel Azur. Del techo cuelgan pósteres de Bob Marley y guitarras, y Albert Cohen, su sociable dueño, se une a las sesiones de música improvisada para una audiencia de locales multinacionales; músicos en gira a menudo acuden al lugar, tocando rock y funk estadounidense, junto con música de Oriente Medio, conformando un ambiente tranquilo como de nivel universitario. Para una noche más reluciente, vaya a Le Cabestan, que podría ser un restaurante en la Riviera Francesa, y a Rose Bar, su vecino del piso de abajo lleno de flores y con vistas al océano. En un salón trasero con bancas de terciopelo rojo podrá encontrar un gentío bailando mientras un DJ toca un remix de Lykke Li y un popurrí de Let’s Dance, de David Bowie, junto con I Wanna Dance with Somebody, de Whitney Houston. Las botellas se enfrían en cubetas de hielo y el código de vestimenta permite (o fomenta) echar un ojo a la piel.

Domingo

10:30 a.m.

La cosa dulce

En el frondoso vecindario del Barrio Habous, cerca del palacio del rey, se encuentra la Patisserie Bennis Habous, una tradición familiar de Casablanca desde 1938. Su pequeño espacio de venta al público está en un angosto hueco de escalera, con paredes con azulejos azules y amarillos y trabajadores vestidos de blanco que transportan bandejas de hojaldres de almendra desde los hornos del otro lado de la calle. Escoja entre cornes de gazelles, doigts aux sesame, macarrones y más (entre 50 y 130 dírhams por kilo).

12:30 p.m.

Recuerdos y té

Bocadillos en mano, puede recorrer las calles y plaza cercana, donde hay un pequeño mercado de cerámicas, babuchas y alfombras. Las artesanías no son tan impresionantes como las de otras partes de Marruecos, pero el ambiente menos frenético da tiempo para regatear y conservar; que no lo sorprenda si el tendero le invita una taza de té de menta. Y ni siquiera se le ocurra rechazarlo.

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