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‘¿Es justo despreciar por una profesión honesta a quien ha contribuido a solventar las necesidades del hogar?’

Ser payasita es una profesión: es orgullo, es alegría. Y todos te tienen que respetar.
Ser payasita es una profesión: es orgullo, es alegría. Y todos te tienen que respetar. pportal@miamiherald.com

Recibí una carta de una mujer cuyo oficio es ser payasa en fiestas infantiles. Además, ayuda en hospitales de niños enfermos. Como ella es de Dallas y este pasado fin de semana tenía planeado viajar a Dallas para una presentación, decidí que si ella iba, en persona le daría la respuesta.

Su situación relata un problema que sin importar de dónde eres, tiene un importante mensaje.

Al conocerla vi a una mujer atractiva, se notaba muy triste, aunque segura de sí misma. Le pregunté qué le pasaba y me contó detalles. Hace 15 años, se convirtió en una payasa, muy bonita por cierto, pues vi las fotos, una payasa que no se cubre su cara, solo acentúa sus ojos, sus mejillas y se pone una peluca rubia, el conjunto es bonito, no asusta a nadie.

Comenzó a ser contratada para fiestas infantiles, como La Payasita. Tuvo éxito, ayudó a su familia, ya que tenía un esposo y 2 hijas, una mayor de 19 años, y la otra de 10 años. Ella fue sustento para su familia.

Pero sucede que, en su hogar, nadie acepta que ella trabaje como payasa. Su esposo le dice que se busque otro trabajo y se burla de ella. La hija mayor ya la acepta un poco más, pero la de 10 está completamente avergonzada de lo que ella hace.

Al decirme esto, su voz tiembla. Me dice: “Sé quién soy, hasta estudié esta profesión, asistí a talleres y me identifiqué con la parte positiva de mi profesión. Estoy herida, pues mi esposo y mis hijas están avergonzados de mí”. Ella tuvo gran valor y dijo todo esto frente a un auditorio, lleno de mujeres, en el Latino Cultural Center de Dallas, de Texas. Vi en ella el dolor y la frustración: “¿Cómo puedo lograr que entiendan?”

Hasta dejó de ser payasita por más de seis meses para ver si cambiaban de opinión. Por supuesto que pensaron que la habían convencido.

Le dije: “Creo que debes comenzar a hablar con todos. Si quieres, hazlo uno por uno. Tu mensaje va a ser claro. Les dices con fuerza: ‘Esta es mi carrera, esto es lo que me gusta hacer, hago reír a niños y a adultos. No robo, ni infrinjo ninguna ley, por 15 años he ayudado a solventar las necesidades de nuestro hogar. Cada uno de ustedes ha tenido muchos beneficios con lo que hago. Y lo hago con orgullo y con alegría; no tengo que cambiar nada, ustedes son los que me tienen que respetar’”.

También le recomendé que por qué no iniciaba su propio negocio; podría contratar a payasos y otras payasas y comenzar un negocio propio. Le dije: “Es solo una idea, si no, les dices que se acabaron sus quejas. Después, hablas con cada uno de ellos, después de pasado un tiempo. Date a respetar”.

La Dra. Isabel Gómez-Bassols es pedagoga y psicóloga. Su programa se puede escuchar de lunes a viernes, a la 1 p.m., Este, 10 a.m., Pacífico y a las 12 m., Centro, a través del sitio La Red Hispana.org Escriba sus cartas a su sitio web www.doctoraisabel.net

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2016, 10:00 p. m. with the headline "‘¿Es justo despreciar por una profesión honesta a quien ha contribuido a solventar las necesidades del hogar?’."

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