Columnistas & Blogs

Cuando Inmigración se merece un homenaje

‘¿Negocio y residencia sin permiso?”, preguntó el oficial del ICE. El resultado fue que le prohibieron la entrada y que no puede volver a Estados Unidos.
‘¿Negocio y residencia sin permiso?”, preguntó el oficial del ICE. El resultado fue que le prohibieron la entrada y que no puede volver a Estados Unidos. AP

Esta es otra historia de esas que me pasan a mí, y que cuando se las cuento, muchos creen que es algo inventado.

No se trata de ser “guataca” como los cubanos llaman a quien alaba innecesariamente algo, y mucho menos que Ileana mi amiga cubana lo sea, o que su patriotismo excesivo le motive el deseo de hacer un enorme acto de homenaje al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (U.S. Immigration and Customs Enforcement, Ice por sus siglas en inglés). Ahora les cuento de qué se trata para que se rían.

Resulta que Ileana es una criatura que no está contaminada. Todo en la vida le parece bueno, bonito. No importa lo feo o lo mal que se vea algo, ella siempre busca el lado positivo de las cosas y entre “esas” se encontraba Luis, su pareja, un español de “malas pulgas” que era abusador en contra de la excelente persona que es Ileana.

Ella, maestra de profesión, trabajaba de sol a sol en varias escuelas para completar el presupuesto que no cubría el flojo de Luis. Tomaba autobuses para andar por todo Miami y, al final del día, mientras Luis –que se movía en su auto–, sin llevarla a ella, la esperaba descansando.

Ileana llegaba a su casa, a prepararle comida al “descansado” Luis “porque él no quería” comer nada que la desfalleciente Ileana no preparara, sin importar la hora en que llegara a casa, así fueran las 10 de la noche. Era una moderna y sumisa esclava, que limpiaba y fregaba pisos de un horrible “efficiency” donde la vivían. “Eso lo hacía para que yo me hartara de Miami y le pidiera irnos para España”. Además le soportaba celos, groserías en contra de ella y del círculo de amistades que los rodeaban, y no podía salir a ninguna parte sin él –quien decía odiar la calle. El día que a ella le tocó ir a hacer sus papeles de residencia como cubana, el pérfido Luis hizo todo para que ella perdiera ese beneficio, buscándole pleitos y negándole el dinero para hacer el trámite, dinero que ella tuvo que conseguir. Pero no hay mal que dure cien años.

Un día, ella me contó que Luis, como ciudadano español, entraba y salía del país con una visa que renovaba cada tres meses yendo a España y regresando. Consulté con un experto que me dijo que eso era ilegal y que algún día le podrían impedir la entrada. Ella se lo dijo a Luis quien le respondió: “Quien te dijo eso está loco. Yo entro y salgo de aquí cuando quiera y como quiera”. Mi respuesta para ella fue profética: “Ya verás, Ileana, que quien va a ser tu liberador y salvador del infierno que vives con Luis, el que te hará el favor será Inmigración, el ICE.

Le tocó al terco marido el turno de renovar la visa y, siguiendo el consejo de alguien, decidió no ir a España sino ir a una isla del Caribe: “Es más cerca –le dijo– y regreso más rápido”. No volvió.

Resulta que, al pasar Inmigración, el oficial se dio cuenta de que en realidad el español residía en Estados Unidos sin visa y, al entrevistarlo, con la insolencia que lo caracterizaba, este dijo que tenía un negocio. “¿Negocio y residencia sin permiso?”, le preguntó. Y no pudo negar que era así. El resultado fue que le prohibieron la entrada y que no puede volver a Estados Unidos.

Ileana, harta de los abusos por primera vez, en vez de sentir dolor y salir corriendo tras su pareja, por el contrario, se sintió liberada del abusador, que lo había sido en verdad.

¿Cómo vive ella ahora? En paz, feliz. Atiende a su hijo de un matrimonio anterior, trabaja, mientras el abusivo Luis, luego de un tiempo de amenazarla telefónicamente urgiéndola a que se fuera a España con él, finalmente se dio cuenta de que la había perdido y desapareció.

“Soy muy feliz con mi hijo y mi trabajo, y ahora veo aquel mundo en el que Luis me tenía sometida y creo que me falta hacer algo… Ir al edificio del ICE… a rendirles tremendo homenaje porque, al final, ¡fueron ellos los que me liberaron! Mientras antes sufría, Ileana hoy se alegra de su liberación. Por eso habla de un homenaje al ICE. ¿Qué les parece?• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios