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Siempre brilla con luz propia

Doctora Isabel:

Dice mi amiga Margarita que usted una vez dijo por la radio un poema del eclipse de la Luna con el Sol, y ella lo grabó, pero cuando su casa se le quemó, se quemó el CD, y le encantaría poder tener de nuevo el texto, si fuera posible.

Agradeciéndole de antemano, esperamos con ansia su respuesta y que Dios la siga bendiciendo.

Este es el poema:

Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.

Sucede que el mundo aún no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final, el brillo.

Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.

Los invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, la Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose solitaria.

El Sol, a su vez, había ganado un título de nobleza: “Astro rey”, pero eso tampoco lo hizo feliz.

Dios, viendo esto, los llamó y les explicó: “No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis brillo propio”.

Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías.

En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la Tierra durante el día, proporcionarás calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.

La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que él no podía dejarse abatir más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.

Aun así, su preocupación era tan grande que decidió hacer un pedido especial a Dios:

“Señor, ayuda a la Luna, por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad...”

Y Dios... en su inmensa bondad... creó entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.

Luna y Sol siguen su destino. Él, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.

Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol, fue entonces que Él creó el eclipse.

Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se reclina sobre ella y comienzan a amarse. Es, a ese acto de amor, al que se le dio el nombre de eclipse.

Es una leyenda bellísima con un mensaje bien claro. Cada uno viene a este mundo con una misión, con su propia luz.

Algunas veces conocemos a alguien que nos hace distraer de esa misión, e inclusive queremos tener la luz de ellos, sin apreciar la nuestra.

No pierdas quien eres, no olvides tu misión, pues esto ayudará a mantener esa atracción que tienes para el otro. El balance es la clave, y los momentos de eclipse, qué maravilla, ¿verdad?

Dra. Isabel

Doctora Isabel

Dra. Isabel Gómez-Bassols es pedagoga y psicóloga. Escriba sus cartas a su sitio web www.doctoraisabel.net

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de diciembre de 2015, 7:00 p. m. with the headline "Siempre brilla con luz propia."

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