Suspensión de 30 juegos para Chapman sienta un precedente de fuerza en Grandes Ligas
Aroldis Chapman posiblemente no sepa quién es Roger Godell, pero el duro castigo de suspenderlo 30 juegos de la próxima temporada por un caso de violencia doméstica se relaciona con la brutal golpiza mediática que recibió el Comisionado de la NFL por no actuar con rapidez y claridad en temas similares sucedidos en su liga.
El hombre que rige los destinos del béisbol, Rob Manfred, decidió que si iba a errar, lo haría por exceso y se sacó estos 30 partidos que deben haber caído como un cubo de agua fría dentro de los Yankees, conscientes de cuanto aumentan estos problemas delante de la prensa de Nueva York.
Si la primavera pasada el tema era el regreso de Alex Rodríguez luego de una temporada completa sin acción, este spring training en Tampa ha estado dominado por el destino de Chapman, el hombre de la bola más rápida, el cerrador más temido y más enigmático de los últimos tiempos.
Aunque los detalles de su caso son confusos, porque se habló de tiros, de una persona afectada que finalmente no presentó cargos, pero la nueva legislación dota al Comisionado de un arma poderosa: la de dispensar justicia a discreción, más allá de juzgados y criterios.
Y Chapman debe estar convencido de que algo no estuvo bien, porque de otro modo jamás hubiera aceptado este mazazo -comenzará a cumplir el Día Inaugural de la temporada- que no solo le priva de ingresos financieros, sino que le da una dentellada a su reputación.
"Hoy he aceptado una suspensión de 30 juegos de las Grandes Ligas, como resultado de mis acciones del 30 de octubre del 2015'', indicó el taponero en una declaración cuidadosamente redactada. "Quiero ser claro, en ninguna forma yo agredí a mi novia esa noche. Sin embargo, debí utilizar un mejor juicio con respecto a ciertas acciones y por eso estoy arrepentido''.
Menos mal que alguien le aconsejó no apelar a Chapman, pues de lo contrario se habría atraído la ira de Manfred, quien hizo hincapié en el punto del arma de fuego y en el malestar -se rumora que la agarró por el cuello- que provocó el incidente en la pareja del lanzador.
Chapman, a no dudarlo, se equivocó, se propasó, perdió el norte en los confines de su residencia en Davie, pero no merecía una suspensión tan tremenda, hasta cierto punto similar a la de aquellos que violan el protocolo de sustancias prohibidas.
¿Por qué Manfred descargó su puño burocrático con tanta fuerza? Porque quiso fijar un precedente, enviando un mensaje claro y alto a los otros centenares de jugadores de las Mayores y porque no desea que su liga viva el escarnio público sufrido por la NFL. Los peloteros están advertidos y ni el poderoso sindicato los podrá proteger.
Ah, y me olvidaba, ¿qué pasará con José Reyes y Yasiel Puig, otros bajo la lupa del Comisionado por el mismo tema? A juzgar por el caso de Chapman, las noticias no parecen buenas.
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Esta historia fue publicada originalmente el 1 de marzo de 2016, 4:43 p. m. with the headline "Suspensión de 30 juegos para Chapman sienta un precedente de fuerza en Grandes Ligas."