Boxeo

Lara rescata la imagen del boxeo cubano con su triunfo en Hialeah

ERISLANDY LARA (izq) conecta una izquierda a Jan Zaveck en el tercer asalto durante la cartelera de peleas de boxeo en Hialeah Park,  el 25 de noviembre del 2015.
ERISLANDY LARA (izq) conecta una izquierda a Jan Zaveck en el tercer asalto durante la cartelera de peleas de boxeo en Hialeah Park, el 25 de noviembre del 2015. hgabino@elnuevoherald.com

Durante todas sus entrevistas previas a su pelea contra Jan Zaveck, Erislandy Lara intentó minimizar el impacto de una presión para ganar de manera contundente delante de su público de Miami y en televisión nacional.

Pero una vez que bajó el miércoles del cuadrilátero del Hialeah Park y con un triunfo por nocaut técnico en el tercer asalto, el campeón cubano de las 154 libras dejó entrever que no podía inclinarse solamente en el virtuosismo de su boxeo, sino que estaba obligado a matar o morir.

"Quería ser agresivo, llevar la iniciativa y regalarles un gran espectáculo a los aficionados'', expresó Lara. "Cuando me dijeron que el local estaba totalmente vendido, sentí una gran alegría, porque rompe en parte la mentira de que los boxeadores cubanos no vendemos boletos, de que el público cubano es apático. Ya que la noche no quiso ayudar, tenía que hacer mi parte''.

La noche, sin duda, no ayudó con sus aguaceros intermitentes y tampoco estaban dispuestos a colaborar algunos personajes que esperaban, de manera solapada, una actuación insípida y desprovista de acción para lanzarse a la crítica y los lugares comunes del púgil cubano que corre y se esconde.

Más allá del triunfo, lo importante es que Lara detuvo ese tsunami de comentarios que, avalados en la última faena de Guillermo Rigondeaux en Las Vegas, insisten en echar en un mismo saco al total de los guerreros cubanos, como si fueran un desecho que debe ser excluido del panorama boxístico.

Este Lara de Hialeah fue el mismo que enfrentó a Paul Williams, similar al que destrozó al Perro Angulo, y desde el primer asalto tiró los mejores golpes ante un rival que ya vio pasar sus mejores días, aunque vino en busca de una sorpresa.

Sin duda, el rival esloveno no era el más apropiado, pero Lara hizo lo que se supone debe hacer un grande en todo momento: despacharlo, destrozarlo y mostrar esa superioridad manifiesta que erradica rumores y contiene a las jaurías.

"Quiero limpiar las 154 libras y si no me dejan, pues entonces subiré a las 160 para lanzarle un reto al que sea'', agregó Lara. "He estudiado a Gennady Golovkin, he descubierto sus errores que no son pocos ni chicos. Yo lo puedo exponer''.

Con todo el debate que el tema aún genera, Lara ya expuso a Saúl "Canelo'' Alvarez -la pelea finalizó a favor del mexicano en decisión dividida- y podría hacerlo con el Triple GGG, pero eso sería tema para otra nota.

Lo que debe permanecer en la historia de esta velada tiene que ver con un hombre que ganó más para el resto de sus compatriotas que para él mismo, con un hombre que hasta la noche respetó entre aguacero y aguacero.

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Esta historia fue publicada originalmente el 25 de noviembre de 2015, 10:39 p. m. with the headline "Lara rescata la imagen del boxeo cubano con su triunfo en Hialeah."

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