Yunier Dorticós, un misterio que necesita convertirse en realidad
Sin hacer mucho ruido, el nombre de Yunier Dorticós apareció entre los que subirán al cuadrilátero de una velada que tendrá lugar este sábado 12 de diciembre en Carolina del Norte y que no parece tener mucha trascendencia, al menos en términos de televisión o prominencia, aunque al menos rompe un impasse que amenazaba con devorar su carrera.
El cubano (19-0, 18 KO) se medirá al colombiano Fulgencio Zúñiga (27-11-1, 24 KO) por un título de esos que suena de manera estruendosa al oído, pero que no significa mucho, salvo que sea utilizado como herramienta promocional para avanzar la carrera de uno de los púgiles más talentosos y menos conocidos.
Dorticós, habría que decirlo, no debería estar peleando en este tipo de veladas, al menos no después de casi seis años de estar en trajines profesionales. Sus puños derribaron rivales como si fueran árboles secos y llegaron a eslabonar una cadena de 17 nocauts que prometía un futuro que todavía hoy no se muy claro.
Sin duda, era para que ya se le viera en HBO, SHOWTIME o alguna otra cadena importante, y su nombre estuviera mencionado por los principales comentaristas, como preámbulo de un conocimiento superior de parte del gran público del boxeo, pero Dorticós no acaba de rebasar ese límite entre el proyecto y la realidad.
La carrera de Dorticós ha estado marcada por momentos de aspiración al igual que esos mismos golpes de poder, y otros de actos de ilusionismo, como haber peleado solo dos veces en estos últimos dos años. Todos quieren verlo más en el ring y su presencia es casi un misterio. Recuerdo a un conocido periodista especializado en boxeo que recientemente me preguntó en la velada del Hialeah Park: "¿Y qué fue de aquel cubano parecido a Joe Louis? ¿Aquel que pegaba tan duro?''.
¿Qué fue? Así, en pasado, cayó la pregunta del reportero estadounidense que tiene mucha razón en el parecido físico -sobre todo el rostro- entre ambos guerreros. La respuesta habría que buscarla entre problemas de todo tipo propiciados por el mismo Dorticós y una estrategia poco agresiva de su compañía promotora Caribe Promotions, tan consumida en salir del atolladero en que se encontraba su otra gran figura: Guillermo Rigondeaux.
Dorticós ha sido el primero en reconocer sus dificultades con la ley en otros tiempos, con el entrenamiento, con la motivación, con Caribe, aunque ahora parece haber encontrado un equilibrio con una nueva pareja, su segunda hija y un entrenador en el cual confía como Erik "El Tigre'' Castaños.
Caribe, que realmente siempre se preocupó por la manutención de Dorticós, ha encontrado una luz al final del túnel en el tema Rigondaux -por el momento, eso parece o se nos hace creer- con ese contrato a partes iguales con Roc Nation, después de terminado el horrible matrimonio con Gary Hyde y dejado atrás el horrible capítulo de los títulos retirados al ex campeón de las 122 libras.
Ha llegado, entonces, el momento en que boxeador y empresa miren hacia delante y salven lo que puedan de un potencial naufragio. Dorticós llega a este combate frente al peligroso colombiano con una edad perfecta para un crucero, 29 años, y bien puede ser la tabla de salvación de Caribe, cuando Rigondeaux inicie la inevitable curva del declive.
Para Dorticós, el futuro no puede demorar mucho más.
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Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2015, 3:01 p. m. with the headline "Yunier Dorticós, un misterio que necesita convertirse en realidad."