Boxeo

No busquen al culpable, Rigondeaux es el único perdedor

PEDRO DIAZ prepara a Guillermo Rigondeaux (izquierda), para iniciar un entrenamiento en el Tropical Park, el viernes, 5 de febrero del 2016.
PEDRO DIAZ prepara a Guillermo Rigondeaux (izquierda), para iniciar un entrenamiento en el Tropical Park, el viernes, 5 de febrero del 2016. rkoltun@elnuevoherald.com

Ya no vale la culpa buscar culpables. Puede ser uno, pueden ser múltiples ahora que el dedo acusador parece ir como una brújula sin norte de un lado a otro, pero el único que sale perdiendo en esta historia es Guillermo Rigondeaux que vuelve a estar en el centro de los comentarios y no por las mejores razones.

Frank Warren, el promotor inglés, dice que hoy mismo el boxeador y su técnico, Pedro Díaz, podrían haber recogido su visa en Moscú, que no se explica como ambos tomaron un avión y volaron a Miami para recalcar que él removió cielo y tierra para tener a Rigondeaux en su cartelera.

Creerle o no tampoco importa ya, ni a quienes afirman que el inglés malgastó el tiempo en trámites burocráticos. Rigondeaux perdió la oportunidad de mostrarse diferente, dominante, como nos asegura y está obligado a hacer para mantener un nivel de relevancia en un deporte donde los ídolos son olvidados a un ritmo trepidante y mortal.

Siempre he sido un defensor a ultranza de Rigondeaux, pero su causa parece desesperada entre quienes vociferan que no gusta ni vende, los hundidos ratings de televisión y la tirantez con promotores y managers en el pasado que lo condenaron a pelear poco, que pueden ser problemas entendibles, ¿pero esto?

Una visa que se demora, un feriado ruso que nadie advirtió, un vuelo a Miami…De acuerdo con medios de prensa, había expectativas por observar a Rigondeaux contra James Dickens, una especie de héroe local en Liverpool, expectativas como las que no existen, hay que decirlo así, en los Estados Unidos y que debieron ser aprovechadas para realzar la figura del cubano.

Un triunfo en el Reino Unido habría levantado la moral de quienes siguen a muerte, contra viento y marea, al doble campeón olímpico, y tal vez hubiera descorrido cerrojos que hoy siguen en silencio. Rigondeaux no puede darse el lujo de perder oportunidades. Su dilema es que carece de una base real de fanáticos, que no cuenta con una nación atrás que le apoye. Es triste, pero cierto.

Rigondeaux, debe entenderlo con urgencia a su edad y en este momento de su carrera, tiene que echar al menos un hueso para alimentar la anémica maquinaria propagandística de sus más ardientes seguidores, desoyendo las estridencias de quienes se han subido al carro de la crítica, que por ahora son más y van ganando. No se puede defender algo con las manos vacías.

¿Qué piensan hacer ahora Roc Nation y Caribe? Malabares con otros promotores y televisoras, recomenzar un camino accidentado desde los tiempos de las bromas pesadas de Bob Arum, pasando por el trago amargo de la época de Gary Hyde y terminando por la visión terrible de su último combate ante Drian Francisco.

Si a Rigondeaux le costaba trabajo encontrar rivales cuando era propietario de dos títulos en las 122 libras, ahora que ni siquiera es reconocido por The Ring Magazine la tarea será cuesta arriba y habría que aplaudir a Dickens por aceptar un reto al que todos le huyen como si fuera un residuo tóxico.

De nada sirve que uno se llene la boca y diga que Rigondeaux es un gran campeón, que merece ser tratado con respeto, porque en materia de boxeo Miami no significa absolutamente nada y no mueve prensas ni noticieros. Lo que cuenta es lo que se ve y escucha. Y Rigondeaux resulta, si acaso, una figura mística, no un recurso vendible. El boxeo lo recordará por siempre, el negocio del boxeo le dará la espalda. Una visa, un feriado, un viaje…la nada.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de marzo de 2016, 6:22 p. m. with the headline "No busquen al culpable, Rigondeaux es el único perdedor."

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