Migrantes cubanos: tras el rastro del dinero
La crisis migratoria de cubanos en Centroamérica cerrará un ciclo el próximo día 20 de mayo con la decisión del gobierno panameño de cerrar fronteras a los migrantes indocumentados y terminar los vuelos hacia México.
Más de 3,800 ciudadanos de la isla son la punta del iceberg de un proceso migratorio en el que se benefician desde autoridades hasta redes de tráfico humano en América Latina.
El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Servicio Nacional de Migración en Panamá han confirmado que se carece de un estudio cuantitativo sobre los gastos que su gobierno realizó con los migrantes cubanos en esta segunda oleada. Fuentes periodísitcas afirman que en los primeros cuatro meses del año, sólo de los fondos discrecionales de la presidencia de Panamá salió una partida de $19,000 para apoyar a los migrantes.
Los costos de alimentación, alojamiento, los sueldos de los funcionarios implicados en el cuidado de los cubanos así como los costos en infraestructura tampoco se han dado a conocer. Un funcionario bajo condición de anonimato dijo a este diario que el propósito de tal medida es “evitar que los panameños protesten por los gastos que se realizan con los cubanos, y que no se destina para atender las necesidades de nuestras comunidades.”
Hace menos de seis meses Costa Rica tuvo que destinar de su presupuesto cerca de $3 millones, a lo que se une un millón aportado por Estados Unidos a través de la Organización Internacional de las Migraciones para atender a más de 8,000 migrantes que quedaron varados en su territorio. Aún quedan por contabilizar los gastos de organizaciones internacionales como la Cruz Roja o Cáritas.
La llegada de cubanos a Panamá ha crecido exponencialmente este año. De 2012 a marzo del 2016 el número de los que han pasado por Panamá se contabiliza en 35,905. La mayoría de ellos llegan al país desde la vecina Colombia, de manos de redes de tráfico humano que cobran entre 1,000 y 2,500 dólares para sacarlos de Ecuador y Guyana, países a los que llegan desde la Isla. Ante esta situación el gobierno panameño ha cerrado su frontera occidental.
El impacto de esta medida aún está por conocerse. Hasta el momento muchos de los habitantes de los pueblos fronterizos como La Miel y Obaldía lucraban con el tránsito de migrantes, que terminó convirtiéndose en una de las actividades económicas fundamentales.
En Obaldía, un pueblo de unos 600 habitantes florecieron hospederías, mercados y comedores que suministraban avituallamiento a los migrantes, tanto cubano como extracontinentales, pero esta situación parece estar cambiando con el cierre de fronteras.
“Dormíamos en un cuarto por cinco dólares la noche, eso era un sueldo para los dueños de la hospedería. Habían cubanos que no podían pagar eso, por lo que les alquilaban portales o simplemente espacios en los patios de las casas”, dijo Roberto Fernández, uno de los migrantes que ya está en territorio estadounidense. “Lo triste es que a los cubanos les cobraban el doble o el triple por los mismos productos que vendían a los nacionales”, agregó.
Luis Ernesto, dueño de una hospedería en México cree que el flujo de migrantes ha estimulado los negocios locales en toda la región. “En tapachula a diario recibimos grupos de al menos 20 cubanos, gracias a ellos mantenemos nuestros negocios”, afirma.
El contribuyente norteamericano es el que paga los platos rotos
En los primeros tres meses de este año más de 27,500 cubanos han ingresado a territorio estadounidense por puertos, aereopuertos y fronteras, según las estadísticas ofrecidas por las agencias estadounidenses.
Por virtud de la política de “pies secos/pies mojados” son acogidos automáticamente bajo parole y candidatos a la Green Card o Tarjeta Verde al cumplir un año y un día en el país, pero también reciben una serie de importantes beneficios a través del Departamento de Niños y Familia.
La política de beneficios para refugiados cubanos parte de una categoría especial como “cuban entrants” en la Ley de Asistencia Educativa a los Refugiados de 1980 y los servicios que les provee el Programa Estadounidense para el Reasentamiento de Refugiados y en particular del “Cuban Haitian Entrant Program”. Dichos programas buscan asegurar la recepción inicial, los cuidados y el reasentamiento de los cubanos que llegan procedentes de la Isla.
La mayoría de estas ayudas tienen un carácter federal, y son administradas a través del Consejo Mundial de Iglesias, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos y el Departamento de Niños y Familia. A nivel nacional, solo el Consejo Mundial de Iglesias destina 45 millones de dólares a los refugiados cubanos y haitianos.
En el estado de Florida, la mayoría de los cubanos que llegan son beneficiados con $180 en efectivo, más $180 en bonos de comida y $25 mensuales para medicamentos, según datos de este departamento. Los niños clasifican automáticamente para obtener beneficios del Medicaid y los mayores de 65 años pueden también obtener más de $750 como ayuda suplementaria.
Según estos datos el recibimiento de los 3,800 varados en Panamá implica el desenvolso de $9,348,000 , pero según un artículo publicado por el sevicio en español de BBC, al incluir el seguro médico, la asistencia a los cubanos rondaría los 34 millones de dólares.
Durante el pasado año fiscal que concluyó en octubre, 43,159 cubanos arribaron por puntos fronterizos terrestres a Estados Unidos, unos 30,990 por México, según cifras compiladas por la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras. Este año se estima que sean alrededor de 60,000 los que se acojan a estos beneficios pagados con el dinero de los contribuyentes norteamericanos.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2016, 9:25 a. m. with the headline "Migrantes cubanos: tras el rastro del dinero."