EEUU y Cuba acuerdan plan para salvar a los tiburones
En el puerto pesquero de donde salía Ernest Hemingway, el pescador Luis Abad y otros cinco hombres arrastran hasta el muelle un tiburón tigre de 12 pies para que los científicos de la Universidad de La Habana puedan medir y pesar a este depredador nocturno.
Después, le sacaron las aletas, la piel y la carne, hasta que todo lo que quedó bajo el sol del atardecer fue el hígado, que Abad, de 57 años, cortó en cientos de pedazos de una pulgada y un fuerte olor, y los lanzó a un cubo. Entonces dejó que el fuerte sol caribeño derritiera los trozos hasta convertirlos en aceite, que le dio a su tía asmática. Ella había estado presionándolo por más del popular remedio.
“La ayuda a respirar”, dijo Abad mientras levantaba la mirada de su trabajo con el cuchillo. “Yo lo tomo todos los días. Nunca me enfermo”.
En las aguas cubanas habitan casi una quinta parte de las 500 especies de tiburones del mundo. Muchos tiburones y otros peces encontrados frente a las costas de la Florida han viajado al norte desde Cuba siguiendo sus presas.
Cuba —o al menos los pescadores cubanos— se considera una de las grandes amenazas a esas especies, muchas de las cuales están en peligro de extinción debido a la popularidad del animal, como alimento básico y como fuente de remedios populares como el aceite de hígado que Abad prepara.
Eso ha hecho que proteger a los tiburones sea un tema común para Estados Unidos y Cuba en momentos que ambos países se acercan cautelosamente el uno al otro en busca de formas de poner fin a más de medio siglo de enemistad.
´En una relación tortuosa que todavía busca su camino en medio de medidas políticas duras y el estancamiento del crecimiento empresarial, la protección de los tiburones y otras especies marinas es un punto en que ambas partes se han unido. De los ocho acuerdos alcanzados entre Washington y La Habana desde que se reanudaron las relaciones diplomáticas en diciembre del 2014, tres son sobre el ambiente.
“El ambiente ha sido el primer fruto en estas discusiones bilaterales’, dijo Dan Whittle, director del programa sobre Cuba del Fondo de Defensa Ambiental, grupo de Nueva York.
Cuba anunció en octubre un plan de acción desarrollado con la asistencia del Fondo de Defensa Ambiental dirigido a identificar y documentar las poblaciones de tiburones, de las cuales no se tiene mucha información. El plan contempla, a largo plazo, la implementación de restricciones a la pesca para proteger los criaderos de tiburones.
Un mes después de anunciarse el plan de acción Cuba y Estados Unidos firmaron su primer acuerdo, que contempla la protección de especies marinas y arrecifes de coral en los Cayos de la Florida y la reserva marina de Guanahacabibes, donde viven más de 200 especies de peces, 40 de corales y mil especies de moluscos. El segundo acuerdo, firmado una semana después, fue una declaración conjunta sobre cómo los dos países trabajarían juntos para combatir el cambio climático y la protección contra huracanes y derrames de petróleo.
Los tiburones, el mayor depredador en muchas cadenas alimenticias marinas, han sido afectados por el exceso de pesca en todo el mundo. Su número se reduce rápidamente debido a la alta demanda de las aletas. En el Golfo de México, algunas poblaciones de tiburones han bajado en más de 90 por ciento.
Cuba ya ha prohibido pescar tiburones para quitarles las aletas, pero las restricciones contempladas en el nuevo plan de acción, que incluye límites al número de tiburones que se pueden pescar, es probable que afecten a los pescadores de Cojímar como Abad y Geori López Ybarra, para quienes la pesca de tiburones es una forma de vida.
Sus botes salen generalmente del muelle de Cojímar a las 8 de la noche. Pescan en la oscuridad con las carnadas atadas a luces flotantes. Cuando las brillantes luces —por lo general de color azul o blanco para atraer a los tiburones— desparecen en el agua, saben que han capturado algo.
“Es como Las Vegas”, dijo López. “Algunas veces ganas y muchas veces pierdes”.
La ausencia de normas y administración ha hecho que los tiburones queden en peligro. Biólogos cubanos y estadounidenses informan que todos los años se capturan millones de tiburones, y muchos son soltados de nuevo en el mar después que les cortan las aletas, todo sin mantener ningún registro.
Tanto López como Abad se enorgullecen de no desperdiciar casi nada de los tiburones. La carne se vende, fresca o salada, las aletas se exportan a Asia y el hígado se convierte en aceite.
Ellos entienden que es necesario implementar restricciones para proteger a los tiburones y otros peces de los que dependen para vivir, pero también hay un sentido de incertidumbre entre la comunidad pesquera sobre cómo las nuevas restricciones afectarán su sustento.
“Esto es lo que hacemos para vivir”, dijo López. “No es que cortemos la cola y la botemos. Nos comemos los tiburones. Sabemos que debemos protegerlos, pero esto es lo que hacemos para vivir”.
Como los exuberantes manglares e impolutos arrecifes de coral de Cuba, el hábitat de los tiburones se mantiene saludable debido al clima y al poco desarrollo de su costa.
El embargo estadounidenses, al que el gobierno cubano culpa de muchos de sus retos económicos, ha aislado el ecosistema del país del tipo de turismo y desarrollo que ha significado un reto para otros países.
Pero eso no ha evitado que los cubanos pesquen en exceso para complementar su dieta.
Más adelante este mes, Dave Balton, embajador del Departamento de Estado para asuntos de océanos y pesca, debe liderar un grupo de científicos estadounidenses en un viaje a La Habana para reunirse con sus contrapartes cubanos y discutir las mejores formas de implementar esfuerzos para abordar el cambio climático y la protección contra huracanes y derrames petroleros.
Se espera que en julio un grupo de funcionarios y científicos cubanos visite el sur de la Florida para reunirse con científicos de la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA) para estudiar arrecifes coralinos en los Cayos de la Florida y el Santuario Nacional Marino Flower Garden Banks, en el noroeste del Golfo de México.
“Queremos poder abrir más puertas y conocer más sobre nuestros colegas”, dijo Billy Causey, director regional de Santuarios Nacionales Marinos de la NOAA, quien ayudó a negociar el primer acuerdo. “La Habana está 40 millas más cerca de mi oficina que el Aeropuerto Internacional de Miami. Es asombroso que estemos tan cerca y conozcamos tan poco uno del otro”.
Ambientalistas como Whittle están presionando al gobierno para que mantenga el impulso, de manera que cualquier avance se preserve en el nuevo gobierno después de las elecciones de este año.
La demanda de ambas partes es tan alta que Balton dice que parece muy difícil detener el progreso.
“Esto es una de las cosas más fáciles”, dijo Balton. “Si yo tuviera alguna preocupación sobre todo esto es que algunos de los otros temas más complicados, como los derechos humanos y algunos de los asuntos económicos, no se solucionen completamente”.
Pero el papel del ambiente en las nuevas relaciones tampoco está exento de controversia.
Aunque la mayoría de los científicos en ambos países parecen apoyar la mejora de las relaciones con Estados Unidos, algunos también temen el impacto potencial del influjo de turistas estadounidenses a la isla. El gobierno norteamericano acaba de aprobar 155 vuelos semanales a nueve ciudades cubanas, y aunque las leyes todavía no permiten la actividad turística como tal, se espera un aumento significativo en los viajes de estadounidenses a la isla.
“El turismo puede tener un mayor impacto ambiental”, dijo Cary Cruz, directora de Programas de Desarrollo Sustentable de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre en La Habana. “Por esta razón, creemos en la necesidad de turismo responsable, diferente”.
Se espera que los tiburones formen parte de las atracciones para los nuevos visitantes que se esperan en los espectaculares puntos de buceo en la isla.
Los turistas ya llegan en autobuses a Cojímar, donde Ernest Hemingway situó “El viejo y el mar”, la novela corta de 1952 sobre un pescador cubano que captura un pez gigante y tiene que luchar por él con los tiburones.
Para los turistas, los pescadores que salen a diario a pescar tiburones, rayas y otros peces ofrecen otro vistazo de la vida del cubano a diario.
Para López, hay mucho simbolismo. Si no hay tiburones o peces para pescar, no habrá pescadores viejos.
“Es muy importante que los científicos de Estados Unidos y Cuba colaboren porque pescamos en el mismo océano, dijo López. “Si matamos a todos los que podemos matar aquí, no quedará nada”.
Email: fordonez@mcclatchydc.com; Twitter: @francoordonez
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de junio de 2016, 7:52 a. m. with the headline "EEUU y Cuba acuerdan plan para salvar a los tiburones."