Militares se quedan con empresas de Oficina del Historiador de La Habana
A comienzos de la década del noventa, en pleno Período Especial y con una capital en ruinas, el gobierno cubano otorgó a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH), dirigida por Eusebio Leal Spengler, prerrogativas especiales para intentar devolver su antiguo esplendor a la histórica metrópoli.
Bajo sus auspicios y fruto de la autoinversión, al menos un tercio de las edificaciones del centro histórico han sido rescatadas. Sin embargo, tal autonomía parece estar llegando a su fin con el traspaso de su conglomerado de compañías a manos del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), una institución con fuertes vínculos con los militares cubanos.
“¿Tú ves ese edificio? Hace diez años era un lugar repleto de aguas pestilentes, ratas y basura. Cuando la gente pasaba por el portal les podía caer un balcón en la cabeza. Hoy son viviendas gracias a la labor de Eusebio”, se emociona una jubilada habanera, Mirna, de 68 años, quien confiesa su preocupación por el futuro de esa institución.
El propio Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, confirmó el traspaso de las empresas que antes administraba su oficina, aunque negó que las mismas hubieran pasado a manos de las fuerzas armandas cubanas, como reportó la prensa independiente sobre el cambio. Ni los medios oficiales cubanos ni el gobierno se han pronunciado al respecto.
“No se ha traspasado a las Fuerzas Armadas, sino al Grupo de Administración Empresarial (GAE), una empresa de desarrollo con capacidad de inversión y prestigio, manteniendo la Oficina del Historiador la potestad de asesorar la conservación de la obra y también los nuevos proyectos”, explicó Leal a través de un correo electrónico.
Según el Historiador, en la institución están tranquilos pues “el trabajo de salvaguarda se extiende hoy hacia las ciudades patrimoniales de Cuba”. Sin embargo, expresó su dolor ante lo que esto representa para sus esfuerzos por proteger el patrimonio nacional.
“Nos duele, eso sí, que en el momento en que quizás se requiere el mayor respeto por circunstancias de vida, aprovechen los mediocres que carecen de obra alguna, y los pobres de espíritu, para herir y dañar a los muchos que han trabajado a lo largo de los años por salvar el patrimonio de una nación, ya sea en Cuba o cualquier latitud de la tierra”, dijo Leal.
La Oficina del Historiador de La Habana surgió en los años 30, en la Cuba republicana. En 1967, y tras la muerte del primer titular, Emilio Roig de Leuchshering, Eusebio Leal quedó al frente de una entidad que poco a poco fue creciendo no solo en tamaño e ingresos, sino también en autonomía.
En los años noventa, la OHCH recibió por decreto ley la libertad de iniciativa económica. El gobierno, en un acto de descentralización nada habitual, encomendó a Leal la elaboración de una estructura empresarial que permitiera la reinversión social y la restauración. La institución, responsable de la conservación y rehabilitación del centro histórico de La Habana, una zona declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, no tendría que responder ante el gobierno provincial, sino que estaría supeditada directamente al Consejo de Estado, tendría un fuero legal especial, personalidad jurídica y permisos para importar y exportar, entre otras prerrogativas.
Además, se le dio a la Oficina la posibilidad de que las entidades no subordinadas a ella y enclavadas en la zona priorizada contribuyeran para la conservación de los edificios con el pago del 1 por ciento de sus ingresos para las que operaban en moneda nacional y el 5 por ciento para las que lo hacían en pesos convertibles (CUC).
En el amplio y complejo tejido empresarial que la OHCH ha hilvanado durante más de dos décadas se encuentran la cadena hotelera Habaguanex; la agencia de viajes San Cristóbal; la revista cultural Opus Habana; la emisora de radio Habana Radio; la editorial Bologna y varios sitios de internet para la comercialización de sus productos. La entidad también controlaba dos agencias inmobiliarias, Aurea y Fénix; más de medio centenar de cafeterías y dos decenas de restaurantes; museos, salas de conciertos y tiendas; una empresa importadora, una escuela taller y tres constructoras (posteriormente fusionadas en una), entre otros activos.
En sus 23 años de labor la Oficina ha creado más de 13,000 puestos de trabajo directos, y otros miles de forma indirecta. De los $500 millones producidos en esa etapa, un 60% ha sido destinado a obras sociales. Además, la entidad ha recibido más de $30 millones de la cooperación internacional.
Alrededor del 55% de los turistas que llegan a Cuba visitan La Habana, y el 90% de ellos recorre el Centro Histórico. Los ingresos turísticos se disparan, por tanto, en esta zona, situándose en 2,185 CUC por residente, mientras que en el resto de la ciudad son de apenas 245 CUC por residente.
“La mejor parte del pastel es La Habana Vieja, eso todos lo saben, por eso le están quitando a Leal todas las empresas”, dijo una trabajadora de un asilo de ancianos financiado por el Historiador.
Leal confirmó que la Oficina del Historiador conservará algunos instrumentos financieros de los que ahora posee, incluyendo un gravamen del 5 por ciento a toda actividad pública o privada en el Centro Histórico y mantendrá las tiendas consideradas patrimoniales, vinculadas al sistema de los museos. Además, otras instituciones del Estado seguirán contribuyendo para el funcionamiento de la entidad.
La Oficina del Historiador fue engordando en la primera década del siglo XXI cuando agregó a su cartera el Malecón Tradicional, en el 2003, y el Barrio Chino, en el 2005. Después vendría el declive. Tras la publicación en la prensa independiente de varios escándalos de corrupción relacionados con algunos de sus administrativos, varias de las empresas de la OHCH pasaron a manos de otras entidades estatales.
“El proceso de desgajamiento ha sido lento. Les han ido quitando una empresa tras otra para salvar a Leal. La contraloría ha encontrado un desfalco muy grande y la única manera de no juzgar al Historiador, que en realidad no tenía que ver con estos robos, es eximiéndolo de la responsabilidad sobre esas empresas”, sostiene un economista cubano que prefiere mantener el anonimato.
Leal niega rotundamente estas acusaciones y explica que “donde quiera que alguien esté dispuesto a vender su alma al diablo existirán escándalos administrativos o de corrupción”. El Historiador dice, además, que “sencillamente se trata de consolidar los esfuerzos por un desarrollo que no podemos encarar con nuestros propios medios”.
Pero existen otras teorías.
Para Eugenio Yanez, académico cubano que pertenece al “think tank” de Cubanálisis, existen varios problemas a los que se ha dado solución con el traspaso. “En primer lugar, Raúl Castro tiene una visión más pragmática, por lo cual posiblemente quiera que sea una empresa especializada en gestión la que se encargue de los negocios en La Habana”, dijo Yanez. El académico también atribuye como motivos para el traspaso el deterioro de la salud de Leal y problemas de corrupción en sus empresas.
“La Contraloría ha descubierto negocios turbios. La solución ha sido el traspaso al Ejército, que es de confianza de Castro”, explicó.
Los cuentapropistas de La Habana Vieja dicen sentirse protegidos por la OHCH. Algunos de ellos expresaron su recelo ante el traspaso de las empresas del Historiador al GAE. “El Estado siempre promueve sus restaurantes, hoteles, y negocios antes que los privados, no sabemos qué pasará ahora”, explicó Reinaldo, que se dedica al negocio de la moda.
Camilo Condis, quien trabaja con Gilberto Valladares (Papito), el peluquero que conversó con el presidente Barack Obama en su visita a Cuba, sostiene, por su experiencia, que las pequeñas y medianas empresas han funcionado en La Habana como gestores del desarrollo local. “Sin la Oficina del Historiador no hubiera sido posible el trabajo que realizamos”, aseguró en una reunión de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE).
Desde el 1 de agosto, la institución que ha salvado por lo menos un tercio del centro histórico de La Habana ha visto sus actividades reducidas “a la gestión de los museos, la promoción de las actividades culturales y el cuidado del patrimonio”, asegura una fuente del centro cultural Vitrina de Valonia.
Nadie sabe cómo se harán a partir de ahora los procesos de restauración en la capital, pero muchos temen que los militares no sabrán gestionar el legado del Historiador y buscarán una rentabilidad más inmediata, sin tomar en cuenta a los residentes de La Habana.
LA PERIODISTA DE EL NUEVO HERALD, SARAH MORENO CONTRIBUYÓ A ESTE REPORTAJE.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de agosto de 2016, 8:59 a. m. with the headline "Militares se quedan con empresas de Oficina del Historiador de La Habana ."