Lorenzo Mendoza: Un compromiso con Venezuela

10/31/2009 7:38 PM

10/31/2009 7:41 PM

El empresario venezolano Lorenzo Mendoza es una figura atlética, de mirada acuciosa y de aspecto más bien reservado, una persona que a primera vista no refleja la envergadura del conglomerado que dirige en Venezuela y en diez países de América Latina, con la segunda mayor fortuna privada del país petrolero.

Ingeniero industrial de 44 años de edad y con seis hijos, Mendoza está al frente del Grupo Polar, la mayor organización de alimentos y bebidas en Venezuela que controla 40 empresas y unos 30,000 empleados, y que nació siete décadas a partir de una pequeña fábrica de jabones que fundó su abuelo Lorenzo Mendoza Fleury, en la década de los 40.

Formado en la Universidad de Fordham, de Nueva York, y en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Boston, Mendoza conoció desde abajo cómo operaba el grupo, pero tuvo que ascender súbitamente la escalera corporativa en 1987, cuando su padre murió repentinamente a los 55 años, y debió asumir mayores responsabilidades en la empresa.

Deportista consumado y lector empedernido de libros de historia latinoamericana, Mendoza preside o patrocina hoy en día varias de las iniciativas privadas más populares del país, en materias de salud, educación y desarrollo comunitario, dedicando millones a apoyar proyectos de impacto social como ningún otro grupo privado en Venezuela.

De hecho, la labor de Mendoza resultó premiada esta semana en Miami, cuando la revista Latin Trade lo seleccionó como el Empresario del Año en Responsabilidad Social Corporativa, un galardón que resalta su contribución al desarrollo de las comunidades donde la empresa se inserta.

"La responsabilidad social de las empresas parece un tema de moda, pero en realidad es algo que tenemos en la familia desde hace 70 años'', afirma Mendoza, en una entrevista exclusiva con El Nuevo Herald.

Famoso por su apego al bajo perfil, Mendoza es el heredero de un imperio que produce una enorme lista de productos alimenticios como pasta, arroz, aceite de maíz, helados, vinos, agua mineral, gaseosas, golosinas, cervezas, y la harina de trigo con la que se fabrica las famosas "arepas'', un elemento esencial en la dieta del venezolano.

Su fortuna es un misterio.

La revista Forbes le atribuyó en 2008 a Mendoza una fortuna de $5,000 millones. Un año después, en la lista marzo de este año, Forbes reportó una dramática reducción de la fortuna a $2,000 millones. El Nuevo Herald no pudo confirmar ninguna de las dos cifras de forma independiente.

En ocasiones el grupo Polar ha sido objeto de críticas y ataques por parte del gobierno del presidente Hugo Chávez, pero aparte de la intervención temporal de dos procesadoras de arroz, los chavistas se han mantenido a raya.

Según analistas, la razón por la cual el gobierno del presidente Chávez se ha abstenido de intervenir las masivas operaciones del conglomerado, se debe a la absoluta popularidad de los productos que fabrica, incluso entre los pobres venezolanos.

Una medición del año pasado realizado por Datanálisis reveló que el 96 por ciento de los consultados piensa que el Grupo Polar "está trabajando para ayudar al país'', mientras que 97 por ciento declaró que les gusta los productos elaborados por Polar.

El liderazgo de Mendoza ha sido reconocido en Venezuela y a nivel internacional.

"Este hombre es una estrella'', dijo Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuando ambos se encontraron en un pasillo del Four Seasons Hotel de Miami el pasado viernes, donde Mendoza recibió el premio de negocios.

En esta entrevista exclusiva con El Nuevo Herald, Lorenzo Mendoza evalúa el impacto de la labor social del grupo Polar en Venezuela, las dificultades de conducir el conglomerado a través de las aguas procelosas de la revolución bolivariana, y habla sobre el futuro.

En la conversación, algunas interrogantes quedaron sin discutir. De entrada, prefiere no responder preguntas relacionadas con la candente situación política en Venezuela.

¿Cuál ha sido la clave del éxito del grupo Polar en el tema de responsabilidad social?

Yo creo que el éxito nuestro se basa en un compromiso de país, de vida. La manera de vivir el país es intensa, no solamente a través de nuestros trabajadores y nuestras empresas, sino con comunidades en las cuales hacemos vida. Y eso crea una relación biunívoca, una relación de dos vías, donde nosotros entendemos las necesidades que tiene la gente en las comunidades donde nosotros operamos, y les devolvemos parte de los beneficios que recibimos a través de nuestra actividad empresarial. Y eso es algo que lo hacemos desde nuestra historia, porque nuestros fundadores tuvieron la visión de poner en nuestros estatutos hace 70 años que debíamos devolverle a las comunidades los beneficios que podíamos recibir. Entonces todo este tema de responsabilidad corporativa empresarial hoy en día, es algo que nosotros lo tenemos desde hace 70 años, y por eso yo siempre distingo en que una cosa es ser responsable -- todos en la vida podemos ser muy responsables y no estar comprometidos con nada -- y otra cosa es estar comprometido. Cuando uno se compromete conoce la diferencia: cuando logra realmente tener a las personas de forma sincera confiando en uno, y uno confiando en ellos.

El tema de confianza en América Latina es un tema muy importante, lamentablemente somos desconfiados por naturaleza. Creemos que el empresario viene a hacer el mal, que la comunidad me va a pedir algo a cambio, y creo que nosotros hemos logrado romper esos mitos y paradigmas trabajando de cerca con la gente, y diciendo algo que siempre decimos, que necesitamos licencia para operar. La licencia es que las comunidades nos acepten, nos entiendan, y nosotros los entendamos a ellos y podamos trabajar conjuntamente en las necesidades que tengan.

¿Cuál ha sido la respuesta de la gente y las comunidades a la presencia de ustedes en las zonas donde el grupo Polar trabaja en Venezuela?

Una acogida tremenda. Nosotros estamos en comunidades donde hay grandes vulnerabilidades, donde tenemos a personas con situaciones difíciles económicas, sociales, y esa realidad es la realidad demográfica de nuestro país. Y por consiguiente no somos muy distintos a lo que ocurre en el país. La acogida ha sido de respeto, apoyo, de defensa a la institución, de defensa a los espacios que nosotros tenemos conjuntamente con ellos. Por ejemplo, hay una barriada grande en Venezuela que se llama Antímano, en el medio de Caracas. En esa barriada abrimos un centro de nutrición infantil que es el más grande de América Latina. Y es un centro que nosotros constituimos y lo abrimos, en donde fue creada nuestra primera cervecería del grupo. La idea se ha insertado de una manera muy importante.

¿Cuál es la idea detrás de los proyectos culturales que ha apoyado el grupo Polar en Venezuela?

Los proyectos culturales tienen dos formas. Primero, hay comunidades que no tienen un centro cultural para poder expresar sus distintos intereses culturales. Entonces, por ejemplo, está la comunidad de San Joaquín (en el estado central de Carabobo), donde tenemos un centro de cultura muy importante, donde básicamente el pueblo y la sociedad hacen vida en lo que ellos quieran, a través de las artes en distintas maneras y formas.

El sistema de orquestas infantiles y juveniles, que se conoce como "El Sistema'' y que dirige el maestro José Antonio Abreu, que ha tenido mucho éxito y que ha sido muy renombrado, gracias a Dios, por su impacto, recibió de nosotros su primera donación hace 32 años, cuando era un embrión. Y desde allí nos aliamos y hemos venido creciendo y trabajando conjuntamente. Hoy en día, el movimiento de orquestas sinfónicas en Venezuela tiene apoyos trisectoriales: lo apoya el Estado, lo apoyan organizaciones internacionales como el BID, y lo apoya la empresa privada. Pero comenzó como una ayuda de la empresa privada entendiendo que las artes y la música puede cambiar socialmente a las personas, al excluido, al drogadicto, al que no tiene aspiraciones sociales en la vida, al que se siente desamparado, a madre de familias que no tienen como insertar a su hijo en un proceso escolar. La música ha sido también un proceso que ha permitido que Venezuela tenga hoy en día el sistema más reconocido de inclusión a través de las artes en América Latina y en el mundo. Y nosotros hemos sido parte de este proceso.

¿Cuál es el impacto social del patrocinio deportivo respaldado ampliamente por el grupo Polar en el país?

El deporte para nosotros ha sido una actividad importante en varios sentidos. Por un lado, tenemos la relación comercial, como empresa de consumo masivo. Eso es bueno, porque efectivamente el deporte crece, la nación se beneficia porque en los deportes no hay división de pensamientos políticos ni ideológicos. Todo el mundo se encuentra en el deporte sin mayores problemas. Pero para nosotros el deporte menor, el ayudar a las comunidades a organizarse, es una vía también de inclusión. El deporte puede ser el primer contacto para que un niño entre luego a una escuela, que se sienta que forma parte de un sistema donde hay disciplina, donde hay deberes y hay derechos. Y cuando entiende que estar en un equipo deportivo tiene responsabilidades, probablemente entienda muy pronto que estar en un colegio genera responsabilidades. Y se inserta en la escuela. El deporte para nosotros también es una vía para tratar de acerca a los niños más vulnerable a un procesos de escolarización y formalidad dentro de un sistema.

La fundación Polar ha desarrollando el Diccionario de Historia de Venezuela. ¿Por qué la historia es importante en estos momentos para Venezuela?

Porque si uno no sabe de donde viene no sabe para donde va. Uno no puede estar anclado al pasado. Soy de los que piensa que el futuro dependerá de lo que estamos haciendo hoy aquí, no depende de los éxitos o fracasos del pasado. Pero la historia como referente, como punto cultural para nuestra sociedad y nuestra civilización es muy importante. Y por eso es que somos los únicos en América Latina con un proyecto de esta naturaleza. Se reunieron 300 historiadores, fue un proyecto de 10 años de gran envergadura, y quisimos que se documentara la historia de forma fáctica, sin interpretaciones, por eso es un diccionario de historia, no es un cuento de historia. Quien fue fulano de tal, qué hizo, tal cosa, no hay interpretaciones.

¿Cree que el modelo de ayuda social que ustedes promueven puede replicarse en otros países?

Creo que sí, creo que nuestro modelo se puede replicar y que se basa en dos cosas: en la convicción y el compromiso.

Usted ha defendido la idea de que la empresa privada debe trabajar muy de cerca con los gobiernos. ¿Cómo lo ha hecho usted en Venezuela?

Nosotros trabajamos con gobiernos locales, y algunos gobiernos municipales. Y lo hemos hecho llevando soluciones, haciendo planteamientos donde efectivamente se vea la solución que se está planteando, y que va a tener un impacto positivo que la va a capitalizar al gobernante. Nosotros no somos políticos ni nos interesa la política, ni queremos capitalizar nada en materia política. Todo lo contrario. Pero si el gobernante de turno puede capitalizar una ayuda, un sistema, un proceso bien intencionado de una empresa, debe asumirlo de alguna forma. Porque en América Latina, y en el tema de las vulnerabilidades de los problemas que tenemos, no sólo son recursos económicos los que hacen falta. Hacen falta procesos, sistema, administración, transparencia, capacidad de entender lo que las comunidades quieren, y allí nosotros tenemos la capacidad de contribuir de manera significativa. Hemos trabajado y hemos logrado en muchos casos tener acuerdos que han sido exitosos, de larga data y que han tenido un gran impacto en nuestras comunidades.

¿Cómo ha logrado el grupo Polar sortear la difícil situación por la que atraviesa Venezuela?

Todo el mundo en general está en una situación muy difícil, y siento que en general hay una confusión sobre los roles que debe jugar cada quien. Soy de los que pienso que de alguna manera, más que nunca, independientemente de las dificultades, uno debe ver las oportunidades. Y así es como he visto el proceso en Venezuela. He visto que hemos estado allí por más de 70 años, con compromiso, con reinversión de largo plazo, reinversión continua, políticas asociadas a siempre fortalecer las comunidades en las cuales hacemos vida. Y por ende, todo ese círculo virtuoso se convierte en algo en donde uno lidia con los problemas y las adversidades que se presentan. Pero a mi me gusta hablar más de oportunidades que de problemas. Es mi personalidad, mi forma de ser, es lo que me inculcaron, y es lo que voy a seguir haciendo. Creo que siempre que trabajemos con la verdad, se pueden hacer las cosas.

¿Es una prioridad para el grupo Polar una expansión hacia América Latina?

Nosotros tenemos un proceso de exportación muy agresivo hacia América Latina, operamos también en Colombia, donde tenemos más de 15 años trabajando. Tenemos inversiones en otros países de América Latina. hemos tenido facilidades de producción en 10 países latinoamericanos en el negocio de alimentos con un negocio que tuvimos con Frito Lay. Así que conocemos bien la región, hemos operado en varios países, y nuestro interés es seguir profundizando. Somos una compañía profundamente venezolana. Principalmente venezolana.

¿Qué es específicamente ‘lo venezolano' dentro de la compañía?

Lo venezolano es su gente, sus raíces, sus tradiciones y sus productos. Nuestras marcas son venezolanas y compiten contra las mejores del mundo, de tú a tú, de igualdad a igualdad, y logramos ser líderes. Entonces, eso habla mucho de la capacidad que tenemos por ese compromiso y esa relación que tenemos emocional y de calidad con nuestros consumidores y nuestros clientes. Y creo que de alguna manera eso ha hecho que la gente se sienta muy orgullosa de tener un grupo empresarial que lo representa, y representa al venezolano en todas sus dimensiones. Y el compromiso que tenemos nosotros es que somos parte de un país. Nosotros no somos de ninguna manera una isla dentro de un país. Somos parte de un país con sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sus retos y oportunidades, y eso es la manera como nosotros vemos las cosas.

¿Usted seguirá en el país pase lo que pase?

Yo seguiré en el país, porque ese es mi único país. Ese es el país que yo quiero y adoro. Ahí están mis muertos. Ahí está mi papá, está mi hermana. Mis antepasados. Ahí me voy a morir yo, y espero que mis retos, cuando toque, se queden. No tengo ningún interés ni ninguna intención de vivir en otro país que no sea Venezuela, que es un maravilloso país.

¿Se siente optimista con respecto al futuro de Venezuela?

Muy optimista siempre, por naturaleza.

¿Cuál es su mayor reto en el futuro cercano?

Mi mayor reto es hacer que mis trabajadores y empresas y las comunidades con las cuales nosotros operamos tengan una convivencia que permitan crear cosas buenas y bienestar para muchos. A mi siempre me ha motivado el ser humano, eso es lo que finalmente me motiva. Y mis mayores inquietudes incluyen a mi familia --tengo seis hijos, soy padre de familia y a uno siempre le preocupan los hijos--, y ver que el país pueda prosperar por la via de que todos podamos trabajar juntos, que cada quien aporte sus fortalezas y no sus debilidades. Y que de alguna forma construyamos confianza.

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