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Opinión

Adiós, Marco; hello, Hillary!

La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton habla con sus partidarios en West Palm Beach, después de ganar las primarias de la Florida en la contienda con el senador Bernie Sanders.
La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton habla con sus partidarios en West Palm Beach, después de ganar las primarias de la Florida en la contienda con el senador Bernie Sanders. Getty Images

Las elecciones USA-2016 empiezan a parecerse bastante a las de 2002 en Francia. En aquéllas, Jacques Chirac se enfrentó a un neofascista que había sorprendido a todos por su meteórico ascenso, Jean Marie Le Pen. El temor a que éste último ganara unió en su contra a fuerzas políticas de izquierda y derecha por el bien del país, y así surgió el lema “Votez escroc, pas facho” (“Voten por el farsante, no por el fascista”). Chirac, el “farsante” del establishment, resultó elegido presidente por una aplastante mayoría del 82%.

A la luz de los resultados del martes, todo indica que en noviembre habrá que elegir entre Hillary Clinton y Donald Trump. Salvando distancias y matices socio-políticos con Francia, es previsible que Hillary también arrase con Trump. Y aunque las predicciones en política son un negocio arriesgado, me atrevo a hacerlas en base a numerosas entrevistas y declaraciones –en su mayoría “confesiones”– de republicanos horrorizados por el fenómeno Trump. Unos recitan el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”; otros dicen “no confío mucho en ella pero al menos está muy preparada y no va a destruir este país”; y los que han sufrido una dictadura aseguran que “jamás” votarán por un demagogo autócrata.

Si a los “Hillary Republicans” se añaden los independientes repugnados por el discurso vulgar, vacío y violento del millonario showman, la candidata demócrata tendría que cometer un enorme traspiés (o recibir una visita del FBI) para no salir victoriosa. Ya en todas las encuestas de intención de voto sobrepasa a Trump por 8% a 13%. Y aunque él justifica la delantera alardeando de que “todavía no ha empezado a atacarla”, lo contrario es también cierto, ella todavía no le ha disparado el primer misil. Pero el arsenal existe. Sólo que Clinton dice reservárselo para las generales; y los candidatos republicanos aparentemente no se han atrevido a usarlo, para no significarse aún más en una elección tornada en demolition derby del Grand Old Party.

Los deals de Trump nunca han tenido que someterse a escrutinio público porque hasta ahora era un businessman propietario de empresas privadas, controladas sólo por él y sus hijos. Eso cambiará drásticamente si llega a ser nominado a la presidencia. Tendrá que revelar sus impuestos, los datos de sus bancarrotas, de sus fallidas empresas, entre ellas una aerolínea y un equipo de football; o la razón por la que su nombre aparece en 169 demandas federales. Sí, 169, según The Washington Post. Ya algunos esqueletos en su clóset empiezan a asomar la cabeza, por ejemplo el caso entablado contra él por el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, acusándolo de “defraudar a más de 5,000 personas” en la clausurada Trump University.

De Hillary nos queda por conocer si tiene esqueletos entre los miles de emails enviados desde su servidor privado cuando era secretaria de Estado, que ahora investiga el FBI. El resto de su vida pública –y también de la privada– se ha aireado por años. Sus detractores la acusan de ser farsante e incluso mendaz. Quizá en parte sea verdad, pero comparada con el despótico Trump, rey del infundio y el insulto, puede que acabe canonizada en los altares de la política.

Y en el panteón de los difuntos yace desde los idus de marzo (día 15) la candidatura de Marco Rubio. Feneció a causa de la impaciencia y ambición desmedidas. Y del mito que en torno suyo fabricó un partido en crisis de identidad, motivada por el ethos saturnal que la impulsa a devorar sus mejores ideales y –con frecuencia– a sus mejores hijos (como el dios de la mitología griega). Marco es inteligente, telegénico, gran orador pero ni da la talla presidencial, ni ha hecho una buena campaña que compensara su falta de una base natural de votantes como la tiene Trump con sus iracundos o Cruz con sus evangélicos. Marco quiso ser todo para todos. Mala apuesta.

Horas antes del martes titánico, Marco sentenció: “No vamos a permitir que el Partido Republicano caiga en las manos de alguien que va a ser aplastado en noviembre”. Palabras premonitorias.

Periodista y analista internacional.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de marzo de 2016, 11:45 a. m. with the headline "Adiós, Marco; hello, Hillary!."

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