Latinoamérica y Lava Jato
La situación política en Brasil parece cada día más complicada, después de que con los destapes de la operación Lava Jato, llevada a cabo por el juez Sérgio Moro, llegara la inclusión del ex presidente Lula da Silva a las investigaciones; en su caso por lavado de dinero. No es seguro si fue esto, o la imperiosa necesidad de que alguien la ayude con el Congreso, o ambas, lo que llevó a la presidenta Dilma Rouseff a nombrar como súper ministro (algo así como un Primer Ministro) al ex presidente, que, en su condición de miembro del gobierno, eludiría a la justicia.
Sin embargo, el nombramiento ha sido anulado por el juez Itagiba Catta Preta Neto, que pidió invalidarlo cautelarmente, aduciendo que la presidenta ha podido incurrir en un delito. Para muchos, la cuenta regresiva de la destitución de la presidenta ha iniciado, y no hay nadie capaz de detenerla. Mientras tanto, el pueblo brasilero sale furioso a las calles. En un abrir y cerrar de ojos, la prosperidad, que logró la designación de un Mundial de Fútbol y los primeros Juegos Olímpicos a celebrarse en Suramérica, ha metamorfoseado, y el desempleo y la inflación ahorcan a las familias de las clases baja y media.
Pero quizá a toda Latinoamérica le vendría bien un juez Moro. Alguien que destape la peor plaga que se ha engendrado en esas tierras, me atrevo a decir que peor incluso que el narcotráfico: la corrupción. Si algo se ha comprobado en estos últimos años, es que del auge del precio de las materias primas y los hidrocarburos, aunque de alguna forma sirvió para aliviar las necesidades del pueblo, una gran tajada fue utilizada para el enriquecimiento ilícito del puñado de inescrupulosos de siempre, que otra vez demuestran su desinterés por el hambre y la miseria.
En Latinoamérica hay narcotraficantes, narcoterroristas, bandas de atracadores, contrabandistas, asesinos a sueldo y todo tipo de criminales que en su mayoría provienen de los estratos más bajos. Y hay los que en mi concepto son los peores de todos los hampones. Esos que, habiendo tenido todas las oportunidades, lo mejor de la academia en todos los niveles, nutrición, conexiones, techo, transporte, actividades extracurriculares, viajes por el mundo y demás, optaron por enriquecerse a costa de sus patrias. De esa clase son, sea cual sea la ideología, un gran porcentaje de los políticos y contratistas del estado. La corrupción está tan arraigada, que ya es cultural. En las sociedades son aceptados, sin censura; muy de vez en cuando alguno cae en desgracia, pero el alzheimer es colectivo después de unos meses.
En el caso de Brasil, el expresidente Lula y la presidenta dicen ser perseguidos por el otro bando político, y puede ser que tal vez no lo digan porque no sean culpables, sino porque los otros también han actuado de la misma forma y hoy no tienen jueces respirándoles en la nuca. Eso es lo más doloroso. En esta piñata, son muy pocos los que se salvan.
Está claro que en varios países de Latinoamérica, la izquierda, con sus ideas populistas, tuvo entre manos una de las mayores bonanzas de la historia moderna, con los precios de las materias primas y los combustibles fósiles por los cielos, y con un dólar muy debilitado, y lo que concibieron fue un derroche que sumió a sus países en crisis que los tienen mucho peor que cuando empezaron.
Pero no hay peor desastre para la región, que la ideología de la corrupción y su aceptación entre la clase dirigente como un mal ineluctable.
Debe de ser ese el verdadero dolor del Libertador Simón Bolívar.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2016, 2:14 a. m. with the headline "Latinoamérica y Lava Jato."