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Opinión

Perú: Entre menos malo y más peor

El candidato Pedro Pablo Kuczynski saluda a su rival, Keiko Fujimori, el domingo pasado, al inicio del último debate presidencial antes de las elecciones del próximo 5 de junio en Lima.
El candidato Pedro Pablo Kuczynski saluda a su rival, Keiko Fujimori, el domingo pasado, al inicio del último debate presidencial antes de las elecciones del próximo 5 de junio en Lima. EFE

En el Perú, desde que en noviembre del 2015 se convocaron las elecciones generales para el quinquenio 2016-2021, nadie dudaba que habría dos vueltas presidenciales, tal como se ha venido dando en los tres últimos comicios. Y en esta suerte de peleas quinquenales a dos rounds, en el segundo la estrategia es ganar por el principio de ser “el menos malo”.

Así sucedió en el 2001, cuando hubo que optar en segunda vuelta entre la promesa democrática que expresaba Alejandro Toledo –aureolado además por su lucha antifujimorista– y el recuerdo de la hecatombe económica del primer gobierno de Alan García (1985-1990). Del primero no se sabía mucho bueno, pero del segundo se temía todo lo malo, así que se optó por Toledo.

La historia se repitió en la segunda ronda de los comicios del 2006, a la que llegaron el mismo García –previo mea culpa y promesa de un mandato sin exabruptos– y el ex comandante golpista Ollanta Humala, quien enarbolaba “la Gran Transformación” económica y sociopolítica del país con un proyecto nacionalista de izquierda. García tenía muchos anticuerpos, pero Humala rezumaba chavismo en su hora más virulenta, por lo que muchos votaron “con la nariz tapada” y ungieron a García, el menos malo.

Cinco años después, el balotage del 2011 encontró frente a frente a Humala y a Keiko Fujimori en su primer intento por volver al Palacio de Gobierno del que había sido Primera Dama de su padre, ya entonces preso por delitos de corrupción y contra los derechos humanos. Chavismo o fujimorismo era el dilema. O, en palabras de Mario Vargas Llosa, “cáncer o sida”. Pero en el Perú, con la excepción de Macchu Pichu, pocas cosas son para siempre, así que muy pronto Humala renunció a su pretendida “Gran Transformación” chavista y firmó una “hoja de ruta” que lo descafeinaba. Con ella en la mano y el antifujimorismo en las calles dejó de ser el menos malo y obtuvo su quinquenio.

Hay quien creía que si los peruanos eligieron en el 2001 a Toledo por sobre García, a este en vez de a Humala en el 2006 y al propio Humala en lugar de Keiko en el 2011, ahora era el momento de esta, pero la vida no es tan fácil. Además de ser el menos malo, también hay que evitar cometer graves errores, so pena que la vida te zarandee con esos golpes que, a decir de César Vallejo, “son las crepitaciones de un pan que en la puerta del horno se nos quema”.

El domingo, preparando el clásico desayuno electoral para su familia, transmitido a nivel nacional por radio y televisión, a Keiko se le quemaron las tostadas y no faltó quien vio en ello un mal presagio. Pero no había que ser un clarividente para saber que el destino estaba cambiando. Bastaba con tener a la mano las encuestas que se realizan durante la última semana del proceso pero cuya difusión está prohibida por ley. A despecho de los electores, la prensa extranjera y algunos privilegiados sabían desde el jueves que apenas concluido el debate del domingo 29 entre Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, esta había dejado de crecer –cuando había llegado a sacar hasta seis puntos de ventaja– y PPK estaba subiendo. Para el sábado 4, los sondeos finales mostraban al ex ministro de Economía adelante por un punto o poco más.

¿Qué había pasado? Aparentemente, el mal manejo del caso del secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, investigado por lavado de activos y envuelto en una investigación de la DEA, así como en la escandalosa manipulación de un audio por parte de nada menos que el candidato a vicepresidente, José Chlímper –precisamente para intentar “limpiar” a Ramírez–, habían corporizado a los fantasmas de la corrupción y la falta de escrúpulos que penaron durante el gobierno de Alberto Fujimori.

El correlato es simple: el movimiento antifujimorista recibió así un empuje que lo llevó en volandas, a lo que se sumó el apoyo de distintos políticos –básico habría sido el de la ex candidata izquierdista Verónika Mendoza y su electorado del sur del país– y se logró llegar al 50 por ciento de los votos. El escrutinio oficial, que podría demorar tanto como hasta el sábado (sin contar posibles impugnaciones) dirá quién ocupará finalmente el Palacio de Gobierno y qué tan magullado será el panorama político que le espere, que siempre será distinto el uno del otro. Es lo que hay.

Periodista y editor.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de junio de 2016, 6:43 p. m. with the headline "Perú: Entre menos malo y más peor."

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