Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Un cambio radical en Guatemala


El presidente de Guatemala Otto Pérez Molina (c) ofrece declaraciones a su llegada a un juzgado, en Ciudad de Guatemala (Guatemala). Otto Pérez Molina, quien presentó su renuncia al cargo, llegó a los tribunales para someterse a la Justicia por las denuncias de corrupción en su contra.
El presidente de Guatemala Otto Pérez Molina (c) ofrece declaraciones a su llegada a un juzgado, en Ciudad de Guatemala (Guatemala). Otto Pérez Molina, quien presentó su renuncia al cargo, llegó a los tribunales para someterse a la Justicia por las denuncias de corrupción en su contra. EFE

Guatemala, un país de belleza excepcional con una vieja tradición de impunidad y corrupción, necesitaba un cambio de rumbo. En su larga historia de desgobierno crónico y represión violenta, los movimientos reformistas han sido aplastados por la violencia estatal, la intervención militar o la politiquería.

Por consiguiente, es sorprendente ver que un movimiento popular espontáneo contra la corrupción llevó a la renuncia del presidente Otto Pérez Molina.

Los críticos del general retirado lo acusan de ser el principal beneficiario de un enorme fraude de impuestos y sobornos, relacionado con aranceles, que enfureció al pueblo y condujo a una renuncia a medianoche.

Horas más tarde, la mañana del jueves, Pérez Molina compareció ante un juez para ser instruido de cargos.

Su renuncia estuvo precedida en las últimas semanas por los de más de una docena de ministros que se vieron manchados por el escándalo o que ya no podían apoyar al presidente.

El mes pasado, las autoridades arrestaron a su ex vicepresidenta, Roxana Baldetti, una figura clave en el escándalo que está encarcelada en espera de juicio. El presidente ha negado su complicidad.

A los observadores de América Latina el suceso les puede parecer un poco irreal, teniendo en cuenta que en Guatemala se han rechazado las protestas populares desde 1954, cuando la CIA orquestó un golpe militar contra un popular gobierno de izquierda que alteró el crecimiento social y político del país por décadas. Muchos disidentes fueron víctimas de asesinatos políticos o simplemente “desaparecieron”.

Una guerra civil que duró varias décadas costó la vida a unos 200,000 civiles y produjo pruebas creíbles de genocidio contra comunidades indígenas. En 1996 se firmó un acuerdo de paz, pero el avance democrático ha encontrado numerosos obstáculos. Las débiles instituciones judiciales y el apoyo de las fuerzas armadas a gobiernos corruptos han retrasado el progreso del país.

En 2006, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, respaldada por la ONU, apuntó al crimen organizado, que había penetrado al gobierno. Las redes criminales fueron derrotadas y la comisión se enfocó en la impunidad y la corrupción, lo cual llevó a la catarata de revelaciones que ha enturbiado al gobierno.

Es demasiado pronto para saber si estos sucesos marcarán un cambio radical en la política de Guatemala. Las elecciones parlamentarias del domingo pueden dar una pista.

Pero el surgimiento de tribunales con jueces independientes y el papel de la sociedad civil en los acontecimientos que llevaron a la renuncia del presidente dan lugar a la esperanza.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2015, 2:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Un cambio radical en Guatemala."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA