EN NUESTRA OPINIÓN: Colombia: el tiempo de la paz
El largo conflicto de Colombia podría estar llegando a su fin. El pasado miércoles, el presidente del país sudamericano, Juan Manuel Santos, anunció en La Habana que él y el comandante de mayor rango de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Timoleón Jiménez, conocido como Timochenko, habían acordado alcanzar la paz en un plazo de seis meses.
El apretón de manos entre el presidente y el jefe guerrillero –bajo la mirada del gobernante cubano Raúl Castro– podría marcar el final del conflicto civil más largo en la historia de América. Entre paréntesis, el hecho de que Cuba sea mediadora en las negociaciones no carece de ironía: en el pasado, La Habana apoyó decididamente insurrecciones guerrilleras en el continente. Los tiempos han cambiado.
El tema de la justicia que se impartirá a los que han cometido crímenes durante el conflicto colombiano –un asunto considerado fundamental para lograr una paz permanente– se definió de la siguiente forma: los acusados de crímenes graves (de ambas partes del conflicto) recibirían una condena de cinco a ocho años de prisión si cooperan con los tribunales (aún no se ha especificado qué tipo de prisión). Los que no cooperen podrían ir a la cárcel hasta por 20 años.
A pesar de que este tema esencial de la justicia de transición quedó acordado el miércoles, no perdió su carácter polémico, porque muchos colombianos piensan que en un elevado número de crímenes y atropellos de los derechos humanos las sentencias podrían ser excesivamente benévolas.
Otro tema espinoso es el del desarme de las FARC. La guerrilla ha reiterado que no le entregará las armas al gobierno. Pero el grupo rebelde las entregaría, como dijo el Alto Comisionado para la Paz colombiano Sergio Jaramillo, “a alguien que tiene que demostrar de manera verificable que esas armas fueron destruidas o que no están ya en poder de las FARC”.
El jefe de los negociadores del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, restó importancia a ese problema al afirmar que al término del proceso “no habrá armas en poder de las FARC”. Ese desarme es indispensable para la paz en un país que sufre una sangría atroz desde hace medio siglo.
El conflicto civil en Colombia ha dejado más de 220,000 muertos, aproximadamente 25,000 desaparecidos y unos seis millones de desplazados. A pesar de las diferencias de opinión, en lo que todos concuerdan es en que la paz es impostergable: el conflicto ha durado demasiado tiempo y la nación no puede seguir soportando el saldo terrible del enfrentamiento.
Aparte del acuerdo alcanzado el miércoles en La Habana, hay otras señales alentadoras. Por ejemplo, según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos de Colombia, en las últimas semanas la violencia ha disminuido a su nivel más bajo en 40 años.
En los próximos seis meses, el gobierno colombiano y la guerrilla más antigua de América deben afinar los detalles y resolver las diferencias para poner fin a una larga tragedia nacional. Colombia merece la calma social y ciudadana. Las palabras del presidente Santos en Cuba deben cumplirse: “No fallaremos: ha llegado el tiempo de la paz”.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2015, 2:54 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Colombia: el tiempo de la paz."