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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Un freno al fraude en la ayuda a los cubanos

Un reciente artículo del Sun Sentinel publicado en el Nuevo Herald [ver Asistencia social a refugiados cubanos en EEUU va a parar a Cuba, 9 de octubre] revela un fraude que mueve muchos dólares por el estrecho de la Florida, en dirección al sur.

Cubanos que han llegado a Estados Unidos en los últimos años se inscriben en las agencias del gobierno para recibir la ayuda como refugiados que les otorga la ley, y luego regresan a Cuba para pasar largas temporadas en la isla, disfrutando del dinero que les da el Tío Sam. Otros vuelven definitivamente a Cuba, tras hacer un arreglo con familiares en Norteamérica para que les cobren el cheque de la ayuda y les envíen el dinero.

Según el artículo, el monto de la ayuda que reciben los refugiados cubanos supera los $680 millones al año.

Estos programas de asistencia social se crearon en la época de la Guerra Fría, cuando la tensión entre Cuba y Estados Unidos era muy alta y puso a los dos países al borde del conflicto bélico, y cuando muchos cubanos emigraban huyendo de la persecución política del régimen castrista.

Pero hoy muchos, aunque se acogen al mismo programa de ayuda y a la Ley de Ajuste Cubano –que les otorga la residencia al año de estar en territorio norteamericano–, no son perseguidos políticos. Lo demuestra el hecho de que regresan a Cuba por largos meses o incluso a residir permanentemente, mientras reciben los dólares generosamente otorgados por los contribuyentes estadounidenses.

Eso es una estafa. Ni son refugiados o perseguidos políticos, ni tienen derecho a recibir una ayuda creada para los fugitivos de regímenes opresores.

Estos abusos han creado malestar en comunidades de inmigrantes como la del Sur de la Florida, donde muchos tienen que trabajar muy duro durante muchos años para alcanzar un nivel de vida estable. Han generado disgusto en la propia comunidad cubana, muchos de cuyos integrantes hicieron grandes esfuerzos, en numerosas ocasiones bajo rigurosas condiciones laborales, para labrarse un porvenir, sin pensar en un regreso definitivo a Cuba mientras la dictadura castrista estuviera en el poder.

Pero algunos vienen ahora, reclaman los beneficios que el gobierno federal les otorga porque los considera refugiados, y luego regresan a Cuba y se las arreglan para seguir recibiendo los beneficios de la ayuda norteamericana.

Hay que hacer algo para detener la sangría de dólares de los contribuyentes que subsidian un modo de vida en Cuba, y cuyos beneficiarios no merecen que se les conceda el título de refugiados políticos. No lo son.

Su actitud está generando un extendido rechazo y podría perjudicar a los que realmente merecen que Washington les dé una mano. Puede incluso poner en peligro la Ley de Ajuste Cubano, cuya eliminación ya muchos políticos tienen en la mira.

El fraude con la ayuda debe terminar. El gobierno federal debe examinar este problema con cuidado y tomar medidas rápidamente para seguir ayudando a los que lo necesitan y cortar el flujo de dólares a los que se están aprovechando de la generosidad que los norteamericanos han mostrado, desde hace décadas, hacia los fugitivos del régimen de Castro.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de octubre de 2015, 4:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Un freno al fraude en la ayuda a los cubanos."

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