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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El fin de un drama migratorio

Un agente de inmigración de México ayuda a una cubana a su llegada a Ciudad Hidalgo, en la frontera con Guatemala, el miércoles pasado.
Un agente de inmigración de México ayuda a una cubana a su llegada a Ciudad Hidalgo, en la frontera con Guatemala, el miércoles pasado. AP

Al fin se ha comenzado a solucionar el drama de los cubanos que permanecían varados en Costa Rica, después que el gobierno de Nicaragua decidió cerrar la frontera el 13 de noviembre del año pasado. Los primeros 180 –139 hombres y 41 mujeres– llegaron a la frontera sur de México el miércoles, tras pasar por El Salvador y Guatemala, y de inmediato comenzaron a planear la forma de cruzar el vasto país para llegar a la frontera con Estados Unidos.

Ahí, a orillas del río Grande, los espera la mano generosa de la Ley de Ajuste Cubano, una medida promulgada en 1966 que otorga la residencia permanente a los inmigrantes de la isla al año y un día de haber llegado a suelo norteamericano.

El temor de que Estados Unidos derogue esa ley ha precipitado el éxodo de miles de cubanos, aunque el gobierno norteamericano ha dicho reiteradamente que no tiene planes de modificar esa ley ni la disposición de pies secos/pies mojados, implementada en 1994 por el presidente Bill Clinton. Sin embargo, el cambio de la situación en la isla –a la que muchos cubanos exiliados regresan de visita todos los años– y las nuevas relaciones entre Washington y La Habana hacen pensar que esas medidas de la época de la Guerra Fría no resistirán la prueba del tiempo.

El gobierno de México, de forma excepcional, otorgó a todos los cubanos recién llegados un documento de tránsito por 20 días. Para evitar abusos de funcionarios corruptos y mantener a raya a los traficantes de seres humanos, que siempre están al acecho cuando se produce un fenómeno migratorio como el que ha lanzado a miles de cubanos hacia Estados Unidos en una larga y azarosa odisea, las autoridades mexicanas han enfatizado que el permiso de tránsito es gratuito, que nadie puede detener a los cubanos, a menos que cometan un delito, y que nadie puede pedirles dinero por cruzar México.

Es una medida digna de elogio. Pero mientras se ha llegado a un acuerdo para permitir el paso de los cubanos varados en Costa Rica hasta el río Grande, no se debe olvidar la penosa situación de otros inmigrantes, procedentes de varios países latinoamericanos y del mismo México, que no tienen la misma suerte que los cubanos que ya empiezan a salir de su limbo en Costa Rica. Esos otros inmigrantes no cuentan con una ley beneficiosa como la Ley de Ajuste Cubano, ni las autoridades de los países de tránsito se movilizan para protegerlos en su largo y peligroso camino, e incluso muchas veces los rechazan o los maltratan.

La penuria de los cubanos varados exigía una solución para que no llegara a convertirse en una tragedia humanitaria de mayores proporciones. Pero el drama de los inmigrantes de otras nacionalidades, que huyen de la violencia de las pandillas criminales, de la miseria y del hambre, también requiere una solución rápida y humana que ponga fin a una de las grandes crisis de nuestro tiempo.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de enero de 2016, 1:45 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El fin de un drama migratorio."

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