EN NUESTRA OPINIÓN: Hay que hablar sobre las armas ahora
Nos dicen que la semana después del ataque terrorista en Orlando no es el mejor momento para un debate sobre el control de armas.
Ampliar la lista de personas que no pueden legalmente tener armas, o hacer las verificaciones más rigurosas, no habría evitado esta tragedia.
Omar Mateen, un norteamericano inspirado por una combinación de radicalismo, odio y desesperación, mató a 49 personas en un club gay. No estaba en una lista de sospechosos de terrorismo.
Una mejor revisión de antecedentes quizá no lo habría detenido. Marteen no tenía antecedentes penales y no aparecía en ninguna lista de terroristas. Así que compró legalmente un fusil de asalto AR-15 y una pistola Glock en una armería de St. Lucie, las armas que usó en los asesinatos.
Pero si los fusiles de asalto hubieran estado prohibidos, tal vez habría usado otro tipo de armas.
Si el gobierno hubiera impuesto el uso de armas con detección de huellas digitales, las de Mateen le habrían permitido halar el gatillo, porque era el dueño legítimo de las armas que utilizó para cometer la masacre.
La Asociación Nacional del Rifle (NRA) y otros extremistas usan una forma de este jujitsu cada vez que una persona con trastorno mental o con odio usa las armas para cometer crímenes en masa.
Pero en una era de radicalización de lobos solitarios, el momento después de un ataque terrorista en la nación es exactamente el momento para hablar sobre límites razonables a la posesión de armas. Después de la matanza en la escuela Sandy Hook habría sido el momento adecuado.
Y también después de la matanza en Umpqua. Los tiroteos masivos nos recuerdan la mortífera eficacia de las armas.
También nos recuerdan —o deberían recordarnos— que un gobierno racional regularía esos productos peligrosos, del mismo modo que regula automóviles, productos farmacéuticos y otras cosas útiles.
Desde luego, el gobierno no puede legislar para poner fin a la violencia con armas de fuego. Pero puede tomar medidas para reducir la violencia sin infringir derechos constitucionales.
El Congreso está debatiendo formas de prohibir la venta de armas a sospechosos de terrorismo sin infringir los derechos de los inocentes. Esa reforma dificultaría el acceso a las armas a los terroristas.
Otra propuesta negaría armas a personas culpables de delitos de odio.
Pero esas ideas no son las únicas que los legisladores deben considerar.
Los estudios demuestran que la verificación universal de antecedentes reduciría la violencia con armas de fuego. Requerir protecciones como lectores de huellas digitales, evitaría muchos accidentes y suicidios con armas de fuego.
Prohibir los cargadores con gran capacidad por lo menos obligaría a los asesinos a volver a cargar el arma con más frecuencia.
Si el Congreso permitiera a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades estudiar la violencia con armas de fuego, tendría los datos necesarios para saber qué normas funcionarían mejor.
Seguirían ocurriendo tragedias, y la NRA seguiría diciendo que las reglas son inútiles.
Pero menos personas morirían. Y ese es un objetivo legítimo.
Este editorial se publicó originalmente en el Washington Post.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de junio de 2016, 7:05 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Hay que hablar sobre las armas ahora."