EN NUESTRA OPINIÓN: Venezuela infunde temor por medio de la tortura
La represión adquiere formas inusitadas en Venezuela, una nación que vuelve a ser gobernada por el despotismo que definió varias dictaduras antes de instaurarse, en 1958, la era democrática contemporánea tristemente ya hoy extinta.
El uso deliberado de violencia física por un régimen dominado por la sinrazón, se aplica en cámaras de tormento a cientos de prisioneros políticos, apresados sin garantías legales, con miras a exprimir confesiones forzadas. Ese aparato de tortura inquisitorial ha sido denunciado en múltiples informes de organismos de derechos humanos, incluyendo uno develado por Human Rights Watch (HRW) la semana pasada, donde documenta 21 nuevos casos entre mayo y julio de este año.
A José Gregorio Hernández Carrasco, un estudiante de 20 años que se sumó a la manifestación del 18 de mayo, los agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) amaestrados para ejercer el oficio del verdugo, aplicaron descargas eléctricas, cubrieron su cabeza con una bolsa plástica para provocarle asfixia, colocaron un palo en el recto y amenazaron con violarlo sexualmente.
A Luis Antonio Theis Camacho, un artista de 28 años, le propinaron una golpiza en el cuello y la espalda, le dieron puntapiés en los testículos e intentaron asfixiarlo. A otro estudiante de 21 años llamado Christian Agustín Manrique Habanero le rociaron gas pimienta en el rostro, colocaron un arma en la boca y activaron el gatillo, pero no estaba cargada. Matarían a toda su familia y encarcelarían a su novia, le advirtieron.
El director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, declaró al respecto: “El gobierno de Maduro habla sobre diálogo en el exterior, mientras que en su propio país reprime la disidencia política. A menos que se ejerza una enérgica presión regional, el gobierno venezolano seguirá creyendo que puede continuar castigando brutal y autoritariamente la disidencia, sin que haya ningún tipo de consecuencias”.
Los patrones de abuso físico y psicológico descritos coinciden con casos documentados sistemáticamente en los dos últimos años. Días atrás, el Instituto Casla de Praga anunció que presentará ante la Corte Penal Internacional de La Haya un sumario de más de medio centenar de torturas como aquella que sobrellevó Vasco Da Costa, de 55 años, colgado por las muñecas y golpeado con palo con punta de clavo y sacos de arena hasta desfallecer.
Los suyos son testimonios de crueldad que colocan a ese Estado hipertrofiado entre los ignominiosos sistemas que, al torturar, quebrantan a la luz del sol la dignidad humana de sus ciudadanos. La opresiva política totalitaria practicada con impunidad por las fuerzas del régimen de Maduro, sumada a la colosal debacle socioeconómica engendrada por su administración, evidencian que el chavismo marxista fracasó entre los vestigios de un desastroso conflicto.
La sociedad civil venezolana ha sido gravemente impactada por las violaciones de los derechos humanos, de manera directa, a mano de funcionarios patológicos, o a través de los colectivos armados por el chavismo para reprimir a mansalva las masas manifestantes. El pánico y el terror que se infunde es adrede generalizado para paralizar las voluntades de quienes exigen un cambio por vía democrática.
Más allá de los límites de la barbarie, desde el oficialismo se persigue injustamente a líderes opositores mediante el terrorismo judicial o las denuncias infundadas. Se humilla, con el hierro de la censura, a periodistas y defensores de los derechos humanos. Se ahogan las aspiraciones de un pueblo despotizado de arriba abajo.
Tal parece que la dirigencia del país donde tuvo su cuna la democracia hemisférica ha revivido la famosa frase del libertador Simón Bolívar: “Es insoportable el espíritu militar en el mando civil”.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de agosto de 2016, 5:03 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Venezuela infunde temor por medio de la tortura."