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Fabiola Santiago

No se alegren del golpe a los cubanos. No ayuda a la causa de otros inmigrantes

Foto de archivo. Un grupo de inmigrantes cubanos en su viaje hacia Estados Unidos en un refugio en Ciudad de Panamá.
Foto de archivo. Un grupo de inmigrantes cubanos en su viaje hacia Estados Unidos en un refugio en Ciudad de Panamá. AP

Los cubanos que han quedado varados y sufriendo a mitad de camino a Estados Unidos luego de que el presidente Barack Obama terminó abruptamente con la política de pies secos, pies mojados creada hace 21 años merecen un poco de empatía. Es un asunto de decencia humana elemental.

Pero lo que veo, escucho y leo es una actitud de “cuánto me alegro”, y, sí, hasta un júbilo extremo en la reacción tanto de otros inmigrantes como de liberales estadounidenses que supuestamente tienen posiciones proinmigrante. El tono de la discordia ha sido feo y divisivo.

Aunque ya se disculpó, yo no entiendo como la activista de inmigración Marleine Bastien, fundadora de Mujeres Haitianas de Miami (Haitian Women of Miami) dice que esta medida antimigratoria es “un gran día para nosotros”. Yo pensaba que ser tratados como los cubanos era el estándar al que todos aspiraban y por el que todos luchaban en décadas de manifestaciones, batallas judiciales y lucha cívica.

El golpe asestado a otro grupo no mejorará las condiciones para los demás. Sólo empeorará las cosas.

“Los estándares han bajado para todos”, me dijo una abogada de inmigración de Miami.

La política de pies secos, pies mojados, adoptada por la administración Clinton en 1995 para devolver a los cubanos interceptados en alta mar, sólo permitía entrada automática sin revisión de su historial en Cuba a aquellos que llegaban a suelo estadounidense. Por supuesto que eso contrastaba con la manera en que se trataba a los haitianos y los demás latinoamericanos, pero esos grupos también se beneficiaban de la comparación cuando presentaban sus casos de petición de ayuda humanitaria. Ciertamente, los abogados de inmigración usaban el estándar cubano para conseguir ayuda para sus clientes haitianos y centroamericanos, quienes en medio de guerras y desastres han recibido un estatus de protección temporal que en muchos casos condujo a la residencia permanente. Yo he usado este estatus especial en mis columnas para despertar la conciencia de los cubanoamericanos a la necesidad de apoyar a los niños inmigrantes y a sus padres.

Pero ¿qué es lo más probable que recibirán ahora los haitianos y otros inmigrantes que no tenían antes? ¿Es mejor recibir un tratamiento igualmente malo, pero igualitario?

Aun si se cree que era necesario eliminar la política de pies secos, pies mojados, eso no debería impedir a nadie compadecerse de la situación de las familias recién divididas, o del sufrimiento de los recién varados.

Por ejemplo, está el caso de Elaine Miranda, de 21 años, quien salió de Cuba a las ocho semanas de embarazo en un vuelo a Trinidad y Tobago, sin darse cuenta de que la larga y traicionera travesía a través de la Amazonia y de Guyana la obligaría a parir a su hija mientras cruzaba las selvas de Panamá. Ocho hombres acarrearon a Miranda durante dos días de dolorosas contracciones, hasta que fue llevada por helicóptero a un hospital de la capital.

"Saqué fuerzas de donde pude con la esperanza de llegar a Estados Unidos", dijo Miranda a un periodista del periódico español El País. Ella está en el pueblo de Tapachula, en Chiapas, México, donde ella y su esposo Marcos Delgado, de 25 años, y el bebé de ambos están alojados temporalmente en un hotel destartalado con alrededor de 50 cubanos varados.

El momento que escogio Obama para tomar la medida no pudo haber sido peor.

Luego de haber ignorado el éxodo por tierra y mar de Cuba durante los últimos dos años mientras hacía su prioridad la normalización de relaciones con Cuba, su decisión de último momento ha creado una crisis humanitaria en lugares a lo largo de toda América Latina, en la frontera de Estados Unidos y en Miami. ¿Cómo es que un matrimonio de 67 y 64 años, respectivamente, que viene a visitar a su hija en Miami y llega al aeropuerto con visas de turista de cinco años acaban detenidos? ¿No les concedió la embajada de Estados Unidos en La Habana esa visa tan difícil de obtener? ¿No habían ya establecido ellos un historial de visitas y de regresos a su país de origen? Ahora ellos son tratados como culpables hasta que puedan demostrar su inocencia. Este es sólo el comienzo de la nueva política, y ya estamos en plena temporada de caza de cubanos sospechosos por parte de agentes de inmigración demasiado entusiastas?

Yo puedo entender el argumento de la gente que se alegra de la mala fortuna de los cubanos de que los cubanoamericanos no han hecho lo suficiente para mostrar empatía por otras comunidades. Pero esa es una generalización y un problema de percepción que se basa en gran medida en el abandono de la reforma de inmigración por parte de políticos como el senador de Miami Marco Rubio. Pero él no es nosotros.

El presidente Obama, a quien se llamó "deportante en jefe" por haber roto el récord de deportaciones durante su presidencia, abandonó a los cubanos a quienes él se propuso a ayudar con su política "amistosa" hacia Cuba a pocos días de la investidura de un presidente electo que ganó las elecciones con una plataforma antiinmigrante.

Otros inmigrantes están saludando la medida tomada en contra de los cubanos, pero esto es también una mala noticia para ellos.

Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de enero de 2017 a las 3:22 p. m. con el titular "No se alegren del golpe a los cubanos. No ayuda a la causa de otros inmigrantes."

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